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Nuestro Pacto

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Descripción

¿Qué estarías dispuesta a hacer en nombre de una amistad?

Amelia Cepeda es una joven sencilla y solitaria cuyas obligaciones familiares le han llevado a poner en pausa sus sueños.

Pero conocer a Milena Loría – una mujer que lo tiene todo - cambiará su vida. En ella encontrará más que una amiga, una hermana.

Cuando a Milena se le niega su anhelado deseo de ser madre, Amelia no dudará en hacer un pacto de por vida para conseguir que su amiga cumpla su sueño.

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1. Una vida común
Hay personas que nacen con estrella. Ya sea porque crecen en una buena familia que les brinda las condiciones para desarrollarse - y no me refiero únicamente al tema económico - o que, por su propio esfuerzo, se abren paso en la vida y alcanzan todo lo que desean. Y hay quienes, a pesar de todos sus esfuerzos, no lo logran. Milena Loría pertenecía al primer grupo. Había nacido en una familia de clase media, con un padre profesional que con el paso de los años, logró escalar puestos en una empresa exportadora y una madre ama de casa. No eran millonarios, pero sus condiciones fueron mejorando con el tiempo y lograron brindar a su hija una esmerada educación en colegios privados y todos los privilegios que, como su única hija, consideraban que merecía. Era una joven inteligente, amigable, muy dulce, que caía bien de primera entrada. Las cosas se le daban sin esfuerzo y se graduó como contadora con honores en una reconocida universidad y no le fue en lo absoluto difícil colocarse en una importante empresa. Ahí nos conocimos. Yo era la secretaria en uno de los departamentos. Por alguna razón, le simpaticé y pronto nos hicimos amigas. No sé qué vio en mí. ¡Éramos tan diferentes! Supongo que mi familia también podía considerarse de clase media, aunque no estoy muy segura porque siempre pasábamos apuros económicos. Estudié en un colegio público y en cuanto me gradué, apliqué a todas las becas disponibles para ingresar a la carrera de Derecho. Apenas pude llevar el primer año. La beca que me otorgaron no cubría todos mis gastos y me vi en la necesidad de trabajar, no para seguir estudiando, sino para sostener a mi familia cuyas deudas solo iban incrementándose. Papá era un hombre muy trabajador, se levantaba a primera hora en la mañana y volvía al anochecer, pero a pesar de sus esfuerzos, nunca parecía suficiente: una avería en la tubería, una enfermedad, aumentaron la renta, la escuela de mis hermanos… Logré ubicarme en esa empresa gracias a la recomendación de un vecino y a que había llevado un curso de secretariado en el colegio. Milena fue la primera persona que se tomó la molestia de hacerme conversación y relacionarse conmigo. Aunque yo tenía tres meses de trabajar ahí cuando ella llegó, la verdad no me había preocupado por hacer amistad con mis compañeros. No me era fácil hacer amigos. No era agradable de primera entrada. Solía ser callada y retraída con los desconocidos. Era como una barrera que interponía y la gente me percibía como demasiado seria y antipática. Ni siquiera era bonita, como para llamar la atención por mi apariencia. Solo era una chica normal, siempre vestida de ropa oscura y demasiado holgada. Lo cierto es que en ese momento de mi vida, agobiada por las preocupaciones financieras, viendo como la promesa de una carrera profesional se me escapaba de las manos, viviendo todos los días la misma rutina, no estaba del mejor humor. Eso no le importó a Milena. Cruzamos algunas palabras cuando llegó a presentarse con mi jefe. Lucía radiante. Era alta, de piel morena, cabello largo y n***o que siempre llevaba arreglado con suaves hondas. Vestía con sencillez, pero todo en ella se veía caro y elegante. Un par de días después de nuestro primer encuentro me llamó. Quería que almorzáramos juntas. No pude ocultar mi sorpresa y ella debió adivinarlo, porque rápidamente se explicó: - No conozco a nadie aquí y odio almorzar sola. Este par de días apenas he tenido tiempo de comer un emparedado y un refresco. Necesito un almuerzo decente - La comprendí y accedí. Cerca había un restaurante de precios accesibles en el que solía comer cuando estaba demasiado cansada para cocinar. A pesar de lo diferente que podíamos ser, pronto descubrimos que también teníamos muchas cosas en común y rápidamente nos volvimos amigas. Milena traía luz y alegría a mi vida y a través de su felicidad y entusiasmo yo recobraba la energía. Iba a cumplir un año de trabajar en la empresa cuando mis padres decidieron mudarse de ciudad. Papá había recibido una oferta para hacerse cargo de una finca. Le ofrecían una casa, un pequeño terreno propio en el que podría cultivar o tener animales, alimentación y un salario adicional. Obviamente, no tardó en aceptar y mis hermanos - mucho menores que yo - estaban entusiasmados de lo que para ellos era el inicio de una gran aventura. - No esperamos que vengas con nosotros - dijo mi madre - Tienes tu trabajo y ahora que dejemos de ser una carga, tendrás la solvencia para volver a estudiar - - No hables así, mamá. Mi familia jamás será una carga - - Yo sé que te hemos ofrecido muy poco y pedimos mucho… Siento que te arrebatamos la juventud - - ¡Ay, mamá! ¡Qué solemne te pones! - dije tratando de bromear, pero en el fondo me sentí algo culpable de que sí, alguna vez sentí que mi familia me pesaba mucho. Pero yo los amaba y comprendía que las circunstancias nos habían llevado por ese camino. Tenía que confesar que me entristecía pensar que estarían lejos y me daba algo de miedo imaginarme sola en la ciudad. Esa noche, no podía dejar de pensar en todo lo que debía hacer: conseguir un lugar donde vivir, ajustar mi presupuesto para cubrir mi alimentación, servicios públicos y todos los gastos que implican tener tu propio hogar... aunque fuera el más pequeño y económico apartamento que pudiera encontrar. Era ya tarde y no podía dormir. A pesar de la hora, decidí enviarle un mensaje a Milena. Solo con ella podría hablar. “Linda, no estoy en casa” contestó “¿Hablamos mañana?” “Sí, por supuesto. No es importante.” respondí y dejé el teléfono a un lado. Me preguntaba si realmente podría volver a la universidad. No estaba segura de que mi salario fuera suficiente para cubrir todos los gastos. Había pasado tanto tiempo preocupada por mi familia y finalmente tendría que empezar a hacerme cargo de mí misma. Eso no parecía ser más sencillo.

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