Me despertó la sensación de que un insecto caminaba por mi pierna. Era apenas una cosquilla muy leve, sacudí la pierna y seguí durmiendo. Entonces la sensación subió por mi muslo. No podía ser que en un hotel tan fino hubiese hormigas, pensé entre la nebulosa que era mi cabeza en ese momento. “Listo, no es una hormiga” me dije cuando sentí que algo se introducía en mi sexo. - Arriba, dormilona - Oí su voz y era como si estuviera muy lejos. - Cinco minutos más - dije como cuando peleaba con mi madre porque se me hacía tarde para ir a la escuela. - Está bien - respondió con tono ligero. La presión desapareció y creí que realmente me dejaría dormir, hasta que apartó mis muslos con un toque suave. Tenía una lucha entre mi somnolencia y mi cuerpo que empezaba a reaccionar ante su

