Se miraron el uno al otro como si sus vidas dependieran de ello. El calor que emanaba de sus cuerpos hacía que la habitación se calentara más y más. — Realmente quiero besarte. — dice Bryan, su voz ronca. — Entonces me besa. — dice Petra jadeando. Bryan llevó su mano a la parte posterior de su cuello y la atrajo hacia sí, sus narices se tocaron mientras su aliento golpeaba la cara del otro. Petra lo deseaba, y Bryan la deseaba tanto como a ella. Sus miradas se encontraron y, sin necesidad de palabras, la intimidad ya se había establecido. Sus bocas se unieron lentamente, las manos temblando con anticipación. Cuando sus labios se tocaron, hubo una corriente eléctrica que recorrió sus cuerpos. Se apartaron y Bryan acarició suavemente las mejillas de Petra, cada movimiento calculado par

