¿El final de un mal matrimonio?

1238 Palabras
— Gracias — le respondí al mesero con una sonrisa amable, tomé mi cóctel, y con delicadeza, me acerqué hasta el lugar donde estaba aquel misterioso hombre que captó rápidamente mi atención. El hombre misterioso no me quitó la mirada de encima hasta que, finalmente, le pedí permiso de sentarme a su lado, él accedió a que lo hiciera, y luego, comenzamos a hablar. Comenzamos por conocernos, preguntándonos nuestros nombres, en dónde vivíamos, era una conversación normal de dos personas desconocidas. En un principio, no supe por qué, pero me sentí muy cómoda con él, era como si una especie de conexión invisible nos hubiera atrapado a ambos. La noche fue pasando, y cada risa, cada palabra que cruzábamos entre nosotros, estaba provocando que mis sentimientos se vieran envueltos en una sábana de inesperadas decisiones. Haber hablado con Johan fue como esa especie de terapia que yo realmente necesitaba para ser feliz, por al menos un rato. Cuando miré el reloj de mi celular, vi que ya eran más de la media noche, pero el ambiente en el bar estaba tan divertido que no me daban ganas de irme de una vez. Ignoré todas las llamadas y los mensajes que recibí de parte de James y de mi supuesta hermana, y la verdad es que si me ha parecido un completo descaro de parte de ambos que se hubieran puesto a buscarme con desesperación después de lo que ocurrió. Más ahora no me importaba nada y solamente quería seguir viviendo un gran momento con el hombre que me estaba acompañando, aunque este siguiera siendo un desconocido. — Audrey… Veo que ya estás muy borracha. Parece que te has pasado de copas, ¿no prefieres que te lleve a tu casa y te acompañe hasta que me asegure que estarás bien? — se ofreció Johan con amabilidad, agarrándome de la mano con delicadeza, fue un acto tan noble de su parte que quise decir que sí, pero en lugar de eso… — No, lo siento. Pero es que mi esposo de seguro está en casa, y no quiero más problemas de los que ya tengo con él en este momento — contesté. En medio de mi borrachera no sabía las cosas que decía, en un principio le dije a Johan que estaba divorciada porque mi esposo me había sido infiel con mi propia hermana, pero luego, mencioné la palabra esposo con naturalidad, como si nada de lo que estaba viviendo ahora hubiera pasado en realidad. Pude ver en los ojos de Johan una mirada de confusión, solo espero que él haya entendido que yo decía las cosas no por ser una mentirosa, simplemente, estaba pasada de copas y el alcohol había provocado que ya perdiera la razón de las cosas. — ¿Tu esposo? ¿No se supone que ya estabas divorciada? — él cuestionó. — Lo siento, es que te mentí, no estoy divorciada aún. Estoy en proceso de divorcio, apenas hoy me enteré de que mi esposo me era infiel con mi hermana. Hoy los descubrí, por eso es que vine aquí. Me sentí tan devastada que no quería regresar a mi casa y necesitaba un lugar diferente en dónde despejar la mente… Y dicho lo anterior, Johan hizo una propuesta que no dudé en rechazarla. No me importaba no conocerlo muy bien como para haberla aceptado, lo que me interesaba ahora era vivir una aventura inolvidable. — ¿Quieres venir a mi casa? Allá podremos seguir la fiesta sin inconvenientes — dijo él. — De acuerdo, vamos. Pero mi auto está guardado en el estacionamiento del bar — dije. — No te preocupes, yo me encargaré de eso — dijo él. Sacó su celular, mandó un mensaje, y luego, pagó la cuenta, pagó todo lo que consumismos esa noche fueron más de mil dólares. Johan me ha dejado impresionada, no es como que yo sea interesada en el dinero, sin embargo, Johan me daba la leve impresión de que era un hombre que estaba bañado en miles de millones de dólares y que no le dolían para nada gastarlos porque en un día los recuperaría. Salimos del bar, una camioneta negra con vidrios polarizados se apareció rápidamente, y al estacionarse, de ella salió un hombre vestido de smoking quien rodeó el auto y después abrió la puerta de la parte trasera para dejarnos subir a Johan y a mí. Una vez estuvimos dentro del auto, el chofer puso en marcha el vehículo, vi como este comenzó a irse por la autopista, pero terminó desviándose y salió de la ciudad para ir a buscar camino a la zona rural más cercana de Los Ángeles. Yo me preguntaba a dónde demonios era que quería Johan llevarme, en dónde quedaba ubicada su casa, y lo primordial; quería saber por qué vivía tan lejos de la ciudad, de la sociedad. ¿Acaso, se esconderá de alguien? Pero no, la respuesta llegó rápido, él vivía en una finca, una mansión ubicada a las afueras de la ciudad, en una zona donde el silencio era su mejor amigo, y donde el clima era perfecto de noche para una cena romántica. Su casa era preciosa, de estilo colonial, combinado con ciertos toques de modernidad. El patio tenía una vista fenomenal, y en la parte de atrás, me comentó Johan, que incluía una piscina y un jacuzzi, además de una cancha de tenis y de voleibol. Quedé totalmente enamorada de la casa de Johan, estando allí se sentía como si viviera en el paraíso. Me había olvidado de la borrachera para el momento adecuado en el que Johan me invitó a pasar a conocer su habitación, que por cierto era maravillosa, muy amplia y traía el mismo estilo de decoración que el resto de la casa. Mientras que yo miraba con asombro su casa, sentí como Johan se acercó a mí, me abrazó por la cintura, sus manos rodearon mi cintura con mucha delicadeza, y luego, sentí como sus labios comenzaron a recorrer cada extremo de mi cuello, provocándome cosquillas en el estómago y en la piel. Cierro mis ojos, me dejo llevar por el momento, pues yo sabía muy bien cuáles eran sus intenciones y yo no pensaba en oponerme, al contrario, él estaba excitándome de tal manera que jamás me imaginé que un hombre pudiera hacer. Tuve mi primera vez con James, y desde ahí, solo viví momentos de placer, fue con él, con nadie más. En este momento, estaba experimentando nuevas sensaciones que ni una sola gota de alcohol interna iban a poder evitar que sintiera. Johan me dio la vuelta, nos miramos a los ojos, sus ojos estaban ardientes de deseo, así como los míos, y entonces, sin pensarlo, me apresuré a besarlo apasionadamente. Johan correspondió mi beso, y lentamente nos acercamos a la cama, conmigo cayendo encima de ella, y con él cayendo sobre mi cuerpo con delicadeza. Mis piernas se abrieron instantáneamente para dejarlo que se acomodara mejor y yo pudiera sentir su entrepierna, acariciarse con la mía sin importar que todavía estuviéramos vestidos. Después de los besos, vinieron las caricias, sus manos comenzaron a recorrer cada parte de mi cuerpo, sus dedos jugaban con mi piel, pero cuando subieron hasta donde se encontraban mis pezones y al momento de darles un pequeño apretón, definitivamente, sentí que me llevó al paraíso. Me juré a mí misma que esa noche me dejaría llevar por la pasión del buen sexo.
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