Al día siguiente, desperté gracias a que sentí los rayos del sol golpear contra mi cara.
Abrí los ojos lentamente, y veo enfrente de mí, las gruesas cortinas de la habitación de Johan. Miro a mi alrededor: los muebles elegantes, el aroma a madera recién lustrada, las sábanas suaves… y entonces, recordé todo.
Anoche se volvió para mí como un torbellino de emociones, alcohol, y sexo desenfrenado con un desconocido después de haber descubierto al único hombre de mi vida, serme infiel con mi propia hermana… Sentí una pequeña sensación de culpa y satisfacción adueñarse de mi pecho. Johan había sido más que un escape emocional; fue la distracción perfecta que yo necesitaba para desaparecer mi dolor, pero ahora, viviendo la sobriedad de la mañana, no podía ignorar que le había hecho complicada aún más mi vida.
James y mi hermana, todavía se encontraban en mi vida, como un par de insectos que se aferran a ti y de los que no puedes simplemente matarlos para deshacerlos de tu mundo. Además, yo me había permitido cometer un acto impulsivo que podría empeorar mi situación. Sin embargo, ¿acaso no merecía disfrutar de lo que me ofrecía la vida después de todo lo que me hicieron sufrir?
Antes de que pudiera seguir sumergida en mis pensamientos, un suave golpe en la puerta me devolvió al presente que vivía. Johan entró con una bandeja cargada en sus manos. El aroma de chocolate caliente recién hecho y croissants llenó la habitación, y de pronto, una sonrisa cálida se dibujó en su rostro.
Debo admitir que aquel detalle me hizo feliz, puesto que desde hace mucho tiempo que James había perdido la delicadeza de ser así de detallista conmigo luego de nuestro primer año de matrimonio.
— Buenos días, dormilona — dijo él con su tono amable y cariñoso mientras se acercaba a la cama —. Pensé que te gustaría algo para desayunar, aunque ya sea muy tarde para hacerlo.
Asentí, no quise preguntar qué hora del día eran, porque con los rayos del sol era más que evidente.
— Gracias — respondí con una sonrisa tímida y nerviosa, recordando que aún estaba desnuda bajo las sábanas. Me senté en la cama mientras ajustaba las sábanas a mi cuerpo para cubrirme, aunque no fuera necesario hacerlo, y él se sentó junto a mí, colocando la bandeja del desayuno encima de la cama.
— ¿Estás bien? — él preguntó. Quiso disimularlo, pero noté cómo se preocupó por mi reacción.
— Sí, solamente… estoy procesando todo. Anoche fue… Diferente a lo que yo alguna vez había vivido.
— Bueno, ya sabes lo que dicen, lo diferente puede ser bueno, Audrey — él comentó, y con delicadeza, tomó mi mano —. A veces, es necesario dejarse llevar por la situación para encontrar la claridad sobre nuestros problemas.
Su tacto cálido sobre mi mano y escucharlo decir aquellas palabras tan sinceras me hicieron sentirme muy cómoda como para saber qué había hecho lo correcto después de todo y no sentirme todavía más culpable por lo que sucedió anteriormente. Johan parecía perfecto, demasiado perfecto para ser real, y eso me aterraba. ¿Qué escondía detrás de su encanto impecable y su vida lujosa para aceptar a cualquier mujer entrar en su vida de esta manera?
¿Realmente podría estar cien por ciento segura de querer confiar en otro hombre?
Tomé un sorbo de chocolate, que por fortuna, seguía caliente y no se había enfriado en el camino, y estaba delicioso. Aunque todavía intentaba apartar las dudas de mi cabeza que no dejaban hacer mis cosas con seguridad.
— Sé que esto puede parecer muy pronto, pero no tienes por qué tomar decisiones ahora, ni sentirte presionada por nada — dijo él con suavidad —. Estoy aquí, y si me lo permites, quiero ayudarte. Pero es tu vida, es tu ritmo, y no quiero terminar siendo un obstáculo para que seas feliz. ¿Estás de acuerdo?
Su honestidad me desarmó. Asentí, sintiéndome muy agradecida por la calma que ofrecía, aunque en el fondo, yo sabía que mi vida ahora está sumergida en un mar de caos que probablemente terminaría salpicándolo a él. Sin embargo, así como James estuvo listo para iniciar una nueva vida al lado de otra mujer, yo también podría estarlo al lado de otro hombre, sin que me importara la manera en como lo conocí.
De pronto, mi celular vibró estando en la mesita de noche a mi lado. Lo tomé con recelo y pereza de querer saber algo del exterior. Al revisar, vi que era un mensaje de James, hice una mueca de desaprobación cuando lo leí: “Audrey, por favor, regresa. Esto no puede terminar así. Hablemos”
Mi mano temblaba mientras agarraba el celular, y Johan me miraba, él notó lo que yo sentía en ese instante, más no dijo nada, pues me dio la impresión de que no quería meterse en mis problemas.
No era el momento de responder, y creo que hasta no ser pertinente, hasta que no llegue el día de firmar el divorcio, yo no quería hablar con James, no quería saber nada de él, y por supuesto, no dejaría que James se quedará a endulzarme el oído si pretendíamos que cada quien siguiera su camino.
En ese instante, me prometí a mí misma que no dejaría que James controlara mis decisiones.
— Gracias por haberme traído el desayuno, Johan. Eres demasiado bueno para mí — dije finalmente, soltando el celular de nuevo en la mesita de noche, y agarré uno de los croissantes que estaban servidos en la bandeja, que no eran simples croissantes, eran sándwiches de croissants, venían con queso mozzarella derretido y salami, y estaban todavía tibios y tostados.
Probé un bocado del sándwich, y Johan me acompañó a desayunar, cuando terminé, él me dijo que iba a ir a hacer una visita a un socio de su empresa con el que tenía que arreglar unos asuntos pendientes, y me pidió que me arreglara, que íbamos a ir de compras, o algún otro lugar donde yo quisiera ir, luego iríamos a almorzar y regresaríamos a casa para recibir a un par de invitados que tendría por esa noche.
Aunque era domingo, su trabajo parecía no querer descansar, y él tampoco después de una pesada y divertida noche de sábado como la que tuvimos recientemente. Acepté salir con él, pero él me pidió que lo dejara resolver sus asuntos de negocios a solas, que mientras tanto, yo podría quedarme aquí, en su casa, y dar un paseo alrededor para conocerla a su vez que llegaba el momento para irnos.
Él se marchó, yo fui a darme un baño, mientras me duchaba, no dejaba de pensar en el mensaje de James, quise agarrar de nuevo mi celular y responderle, pero me resistí, tenía que ser valiente, y demostrarle a mi esposo que ya no lo necesitaría a mi lado nunca más.
Termino de darme un baño relajante con agua fría para relajar mi cuerpo, y al salir, vuelvo a ponerme la misma ropa que llevaba puesta ayer porque, es obvio que no tenía nada que usar en casa de Johan. Así que, mientras me arreglaba, le llamé a mi mejor amiga, Kate, para que fuera a mi casa a empacar un poco de ropa para traérmela hasta aquí, y de paso, desahogarme con alguien de confianza a quien yo pueda contarle lo que me pasó.
— ¡Kate! Hola, oye, ¿estás ocupada? ¿No tienes ninguna cita con alguno de tus chicos para hoy? — dije en cuanto ella contestó mi llamada.
Kate era una mujer un poco especial, en su trabajo, ella era dueña de su propia agencia de publicidad, y aunque fuera una gran empresaria, una mujer con carácter fuerte y de negociante en su profesión, al mismo tiempo, cuando estaba fuera del trabajo, ella era extraordinariamente loca, aún seguía creyendo que era una adolescente que podía hacer de su vida lo que quisieran, porque además de haberse divorciado 2 veces, y no haber podido quedar embarazada jamás de nadie, ella decidió disfrutar su vida al mismo, y hacer las cosas que amaba sin que nadie estuviera diciéndole que hacer y que no.
Cuando ella y James se conocieron mientras que nosotros éramos novios, ambos chocaron de inmediato, pues eran de personalidades muy distintas, y en cuanto él y yo nos casamos, ambos tuvieron que aprender a convivir si querían seguir estando presentes en los momentos más importantes de mi vida.
Lo hicieron, pero estoy segura de que ahora, la noticia de mi divorcio, le hará muy feliz, y más al enterarse de que acabo de conocer a alguien nuevo en medio de todo este sufrimiento.