—¿Y Furia sabe que estoy aquí? —suspiró Dorian— no hay nada peor que un súcubo enojado contigo —levanta los hombros— peores cosas me han pasado, si la vez dile que fue un accidente que no quería arruinarle nada, o sabes que... Mejor se lo digo yo. —¡Espera a que te alcance! —volvió a correr y el dios hizo lo mismo. —¿Y cómo lucía Alida? ¿Dijo que le haría algo a ella? No le perdonaría nada a esa arpía malvada. —No te diré nada de ella, no dejaré que sigas ayudando a esa... Tipa o lo que sea que es. —Súcubo —sonríe— es el termino para esa mujer, es ese o... Zorra, pero de las caras. —¡Conoces a Furia, descompusiste los relojes, te robaste tu stigmi, escribiste una estúpida profecía en el techo de un templo, los mandaste a un laberinto, los enviaste a viajar en el tiempo! —Mira pequeño

