—¡Huy! —se limpió la oreja con su dedo— ¿dije que lo iba a ayudar? ¡Huy! Se va a enojar mucho... —sonrío y más al ver el rostro rojo del dios— Si, ya se enojó. La verdad no tengo la más mínima y remota idea —levantó los hombros. —¡Irresponsable! Es tu sacratus —apretó los dientes e hizo sonar varios relámpagos a su alrededor— ¡Ya no importa! —vociferó— ¡Me da igual de que sea diosa! —tomó la fruta y se la puso en las manos. —Señor... —miro la fruta la diosa y se devolvió— ¿cómo me convertiré en diosa si no sé cuál es mi poder? —Te lo ganaste, salvaste el Olimpo —se la regreso. —Pero... —le entregó la fruta y voló atrás de Dorian donde se ocultó antes de asomarse y morder su pulgar— Un dios debe de saber usar sus poderes, yo los ayudé, pero no supe cómo. —Psss —le llamó la atención su

