—He oído que tu compromiso fue bien. Se ha estado comentando en todas partes —soltó Mikhail, observando el líquido traslúcido en su vaso. —Así fue —respondió Levka, seco, sin intención de entrar en detalles sobre lo sucedido en Moscú o esos términos que él ya conocía. Mikhail bebió un largo trago y dejó que el alcohol le calentara la garganta antes de continuar. La luz del fuego bailaba en sus ojos ámbar, dándoles un aspecto peligroso. Su padre no le había dado demasiada información sobre la boda; apenas le habló de aquella imposición, o mejor dicho, del chantaje que Aleksei utilizó para amarrar a Levka a Miranda Antonova. Admitió que se desconcertó cuando recibió la noticia, porque una boda entre el Pakhan y una ilegítima no era algo que pensara aplaudir ni celebrar. No quería entrar

