Deseo insano

1827 Palabras

Miranda ni siquiera recordó cómo fue que acomodó el vestido en su lugar tras el encuentro en el pasillo, pero tenía su mano aferrada al bastón que le regaló Nyx y la respiración aún agitada cuando escuchó la puerta del auto cerrarse. Levka se acomodó a su lado con una suficiencia que le revolvía el estómago. Sus mejillas se tiñeron de rojo al pensar en Denis, que al igual que los escoltas de Levka, iba en el auto de atrás siguiéndolos a una distancia prudente; no era tonta, sabía que todos sospechaban lo que había ocurrido en la oscuridad de la mansión, pues Levka no siquiera se dignó a abrochar los botones que ella había desacomodado y su corbata, que antes Lucia impecable, ahora caía a cada lado de su pecho. Mordió el interior de su labio inferior antes de dirigir su mirada a la del ruso

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