NARRA KAI SPENCER —¿Qué sucede? ¿Nadie quiere seguir? —cuestiono, al ver que reculan atemorizados, tratando de que no los saque de esta jaula—. ¿Ya no son tan valientes, como cuando querían sacar a mi hijo del vientre de mi esposa? —Perdóname, Kai. Perdóname, por favor —suplica Deborah Fisher—. Ten presente la amistad que siempre he tenido con tu madre —¡Calla! —le rujo, porque me enfurece más el oir que la mencione. —Yo no quería hacerlo —se excusa—. Pero Devon me obligó. Iba a ir por Devon padre, pero termino agarrándola a ella, porque sus excusas me parecen de lo peor y no quiero seguir escuchándola. La tomo del brazo y la arrastro afuera de la jaula. Continúa suplicando en voz alta; clamando clemencia y tratando de justificarse con la excusa de que la obligaron, cuando yo, cla

