NARRA KAI SPENCER Apostados, en uno de los patios interiores de la comisaría, se encuentra un pequeño pelotón de unos 20 soldados, formados en dos filas de 10 soldados, haciendo un pasillo para que, Noah y yo, pasemos por en medio. Mientras avanzamos, cada soldado que pasamos nos hace el debido saludo protocolario, como si nosotros fuéramos unas eminencias o qué sé yo. —Capitán —me saluda el Brigadier, cuando llegamos hasta el frente. Me pongo firme y luego coloco mi mano sobre mi frente, para saludarlo. —Brigadier —devuelvo el saludo, dirigiéndome a él con respeto, por ser mi superior. —Capitana —se dirige a Noah y le estrecha la mano, en un saludo bastante ceremonial. —Brigadier —lo saluda Noah y frunce el ceño, confundida porque la ha llamado capitana. —Es un honor conocer

