NARRA LUCILLE DUGRAY VDA. DE SPENCER Corto un trozo de mi filete de ternera, con una parsimonia que, tal acto, parece algo demasiado ceremonioso. Llevo el tenedor hasta mi boca e introduzco el pedazo de carne en ella. Mastico con suma lentitud, degustando su contextura tierna y jugosa, su sabor a lima, mantequilla y especies. Las cenas en casa ya no son lo de antes, cuando Cameron vivía. Ahora predomina un silencio sepulcral en la mesa. Apenas y se saludan unos con otros. El único sonido que se escucha alrededor, es el del cuchillo cortando la carne o las copas chocando contra la superficie de la mesa, al ser devueltas a esta. De vez en cuando, lanzan algunas miradas en mi dirección; miradas recelosas, expectantes y hasta llenas de reproche. ¿Por qué razón? No tengo idea, porque se su

