CAPÍTULO V. CONOCE AL ERMITAÑO-2

1955 Palabras

Al día siguiente, siguió su camino, no sin haberse despedido de ellos con mucho calor, y así le preguntó a la madre, ―¿Puedo, por favor, cogeros la mano? Y eso no era corriente que los hombres tocasen las manos de las mujeres casadas, y ésta sin extrañarse se la tendió y cuando José la tuvo entre las suyas, sintió el mismo calor que sintiera en las dos ocasiones anteriores, y éste llenó todo su ser, y miró a los ojos de la mujer, y les vio del mismo color que los viera en aquella niña y en aquella vieja, y pensó “tiene que ser así, pues es la madre de la que será mi mujer”, y sin poderse contener besó la mano que tenía entre las suyas, y la mujer le dejó, y suavemente retiró la mano y mirándole a los ojos le dijo, ―¡Ese beso no es para mí, y lo sé! José continuó el viaje, y llegó a don

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