Caliente desayuno

1508 Palabras

La mesa está servida. El ambiente es perfecto. El vino, apenas tocado. El coctel, frío. Pero mi cuerpo… mi cuerpo arde. Él sigue con su mano debajo del mantel, su palma caliente pegada a mi piel desnuda. A veces dudo si está más nervioso él o yo, pero esa mezcla de lo prohibido y el peligro me empuja a seguir, a desafiarlo, a provocarlo. —No deberíamos estar haciendo esto —dice él, sin mirarme, con la voz contenida, como si estuviera luchando consigo mismo. Yo sonrío, esa sonrisa que aparece cuando sé que estoy ganando. —Shh… no hablemos de lo que deberíamos. Solo… siente. Y él siente. Oh, vaya que siente. Sus dedos comienzan a moverse con más precisión, como si ya no le importara nada. No las miradas. No el restaurante. No el peligro de ser descubiertos. Solo yo. Solo esto. Su mano

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