Capitulo 6: El día para embarazarse

1422 Palabras
Capitulo 6: El día para embarazarse Era hora de empezar esto. Pero no fue tan rápido en realidad, o no como pensé, porque debían preparar mi “zona” y luego preparar la muestra de semen que Nicolas había dado para esto, fueron muchas horas y creo que el proceso estaba agilizado porque Nicolas ya habia preparado todo y pagó aun más. Luego de todo eso, fui con el doctor a la otra sala, Nicolas se quedó en la sala de espera mientras tanto, yo sentía mi respiración acelerada. —Acuéstate en la camilla —me dijo el doctor colocandose los guantes, la enfermera lo estaba ayudando—. Esto sera rápido tranquila. Tuve que aguantar la respiración y apretar los labios durante el proceso, solo esperaba que pasara rápido porque realmente “estar tranquila” era lo menos que podía estar en este momento donde estaba abierta de piernas con una bata, mis manos y pies frios escuchando algunas gotas chocar contra la ventana del consultorio porque había comenzado a llover. Creo que así recordaría ese día siempre, mucho frio; demasiado helado, ganas de correr y luego la certeza de que cuando esto terminara comenzaría mi nueva vida, bueno, ya había comenzado cuando me hicieron los examenes, pero ahora viviría en la casa de Nicolas mientras él cuidaba de mí estos meses. —Listo —dijo el doctor levantandose. Listo. Las palabras que me hicieron la persona mas feliz del mundo. Me advirtió que debía guardar reposo, al menos los primeros días y en 14 o 15 días tendría que hacerme una prueba de sangre para saber si estaba embarazada y si había funcionado todo esto. Me emocionaba y a la vez me daba taquicardía esta espera y procedimientos. Ya estaba el acto no s****l que me dejó embarazada. Salí de ahí encontrándome con Nicolas, apenas me vio me abrazó me sentí fundir en ese abrazo calmando mi ansiedad ante todo lo que estaba ocurriendo, luego me miró algo nervioso. —¿Qué pasó? ¿Cómo te sientes? —preguntó. Me sentía muy extraña realmente, aun sentía mis manos y pies frios del nerviosismo. —Debo estar de reposo —dije— no puedo tener impresiones fuertes, en 14 o 15 días me harán la prueba. Nicolas ya parecía saberlo pero solo afirmó con la cabeza. —Vale —dijo—, yo me cargo, conmigo vas a estar a salvo. Escucharlo decir eso realmente me tranquilizó mucho, porque sabía que sí lo haría, fue lo que prometió además era algo que él quería y sabía que me iba a cuidar mucho. Fuimos al auto, Nicolas tenía un paraguas y me escoltó para subirme y luego se subió él. —Ponte el cinturón —advirtió. Eso hice, me lo coloqué. Fuimos bajo la música que sonaba calmando un poco mi ansiedad, cuando llegamos a su casa la lluvia paró pero aun el tiempo seguía gris, noté que había un chico podando el césped de enfrente de la casa de sus padres, andaba sin camisa mostrando un torso bronceado, su cabello rubio y mejillas sonrojadas... Uhm, se veía bastante interesante. —Se te van a salir los ojos —dijo Nicolas. Sentí mi rostro sonrojarse y lo miré. —Uhm, solo creí que lo conocía. —mentí, obviamente no podia decirle que me pareció guapo. —¿Lo haces? —preguntó. —No, creo que no —dije. —Es el empleado, corta el césped de mis padres y el mio. —¿Por qué decidiste vivir cerca de tus padres? —pregunté, quedaban demasiado cerca. —En realidad, ellos se mudaron después que yo —dijo—, les encantó la idea de estar cerca de mí. —Oh —me limité a decir. Nicolas estacionó el auto enfrente de su casa, él me tomó la mano advirtiéndome que él me iba a abrir la puerta así que me quedé tranquila, pero cuando me abrió la puerta en vez de ayudarme a bajar, lo que hizo fue cargarme. —¿Que haces? —pregunté con un hilo de voz completamente entre asombrando y asustado de que me estuviera cargando como una bebé. —Para que no camines se te puede salir el bebé. —dijo cerrando la puerta de una patada. —No creo que funcione así. —dije riendome un poco. —Es mejor no arriesgarnos. —dijo. Sonreí y dejé que me consintiera, realmente me sorprendía que fuera fuerte y que me cargara como peso pluma, lo miré, desde este angulo se veía jodidamente atractivo pero es que... Nicolas era muy atractivo siempre. De repente escuché un ladrido, y salio un perro de la nada queriendo morderme los pies. —Toto cálmate —le gritó Nicolas. Toto siguió queriendo morderme el zapato y me aferré a Nicolas gritando. De repente en el intento de Nicolas entre caminar conmigo y alejar el perro perdió el equilibrio y me tiró a la grama de su frente, caí de espaldas. Auh. Nicolas se quitó el zapato y alejó al perro amenazandolo con pegarle, cosa que evidentemente no hizo, solo lo asustó. —¿Estas bien? —preguntó Nicolas. —Me tiraste al piso —dije aun acostada alzando ambas cejas incrédula. —Ven —dijo ayudándome a levantarme— pero ¿te duele algo? —Creo que me di con una piedra en la espalda. —admití tocándome la espalda con algo de dolor. —Perdón. —dijo Nicolas pareciendo realmente apenado. —Tranquilo. Me ayudó a levantarme. —Creo que puedo caminar —dije. —¿Segura? —dijo Nicolas, su rostro enrojeciendo con algo de verguenza. —Si. —dije. Entramos a la casa, joder yo que tenía que guardar reposo y este me lanzó al piso. —Oye —dije— ¿por qué le dijiste a tus padres que estamos comprometidos y no casados? Se suponía que ese era el trato, de ese modo no habría preguntas. —Fueron los nervios —admitió Nicolas—, cuando los vuelva a ver les diré que en realidad nos casamos. —Uhm. —dije. —¿Que? —preguntó Nicolas al ver que me había quedado seria de repente. —No puedo creer que alguien como tú le de nervios algo. —admití, es decir era un empresario adinerado, cuando lo conocí me dio miedo, pero ahora veía otro lado de él, uno más... humano y sensible. —No soy de hielo soy humano. —explicó pareciendo eco de mis pensamientos. —Yo tenia un estereotipo en mi cabeza de que todos los empresarios son de hielo. —admití. —Sí me estreso mucho —admitió— y a veces se me van los tornillos cuando estoy bajo presión, pero la mayoría del tiempo soy una buena persona. Bueno saberlo. —Ya lo noté. —dije, podía ver que sí tenia buenos sentimientos. Iba a subir las escaleras a mi habitación cuando de repente me cargó nuevamente en sus brazos. —¿Que haces? no otra vez —me quejé. —No hay perros aquí —dijo— y no quiero que subas todas estas escaleras. Con tal que no me dejara caer, entonces estaba bien para mí. Me subió en brazos y abrió la puerta de la habitación donde me iba a quedar. Me acostó en la cama acomodándome las almohadas, yo solo lo miraba, lucía temeroso y a la vez nervioso. Era... muy tierno. —¿Como te sientes? —preguntó fijando sus ojos marrones en los mios— ¿Quieres agua o comida? —Tengo hambre —admití, ya era casi de noche y realmente mi estomago gruñó. —Vale prepararé algo ¿bien? —dijo— Espérame aquí. Se iba a ir, pero lo agarré de la muñeca, él me miró. —Gracias —dije, realmente nadie nunca estuvo tan pendiente de mí como lo estaba él, así fuera por interés. Él inclinó la cabeza a un lado como si no me comprendiera. —¿Por que? —preguntó. —Por aparecer en mi vida. —admití. Noté como sus mejillas enrojecieron ante mi elogio y entonces sonrió un poco. —Vale —dijo, lo solté y se fue de la habitación. Me quedé mirando el camino por donde se fue, ahora que lo pensaba, no quería que solo fueran 9 meses disfrutando esto, por primera vez pensé en algo más... si Nicolas King se enamoraba de mí, de seguro todo sería perfecto, solo que él no parecía estar interesado a menos... que comenzara a seducirlo.
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