Narra Duncan. Cuarenta años atrás… —¿Estás bien? ¿Aún duelen tus deditos? —pregunta mi madre quitando los zapatos que me quedan bastante ajustados. —No, ya no me duelen —respondo al ver como sus ojos se llenan de lágrimas por el rojo que rodea a mis pies. —Prometo comprarte zapatos nuevos el otro mes cariño, estoy ahorrando demasiado, te prometo que tendrás unos nuevos pronto. Por ahora tendrás estos, pero no por mucho. Mi madre trabajaba en una casa donde cuidaba a un niño más pequeño que yo, las cosas que ese niño ya no usaba se las regalan a ella, pero por más que sea las tallas no eran las mismas; lamentaba tanto tener que verla trabajar tan duro por darme lo mejor, ella sola se había hecho cargo a mí porque mi padre la abandonó cuando nací. Tuve momentos difíciles, pero nunca me

