El chirrido de los neumáticos de "La Bestia" contra el suelo del búnker anunció el desastre. La puerta se abrió y las chicas bajaron cubiertas de pólvora y sangre.
—¡Cuidado, Norma! —gritó Karla, con la voz rota por la adrenalina.
Una bala había rozado la mano de Norma durante la huida y la herida sangraba profusamente—. ¡Sol, trae el botiquín ahora!
Michelle no se detuvo a mirar las heridas. Sus ojos eran brasas
ardientes. Entró en la sala principal como un huracán justo cuando Teylor
bajaba las escaleras con una expresión de fingida preocupación.
—¡Michelle! ¡Dios mío, qué pasó! ¿Están bien...?
Antes de que terminara la frase, Michelle lo tenía acorralado contra la pared, agarrándolo con fuerza del cuello. Su antebrazo presionaba la garganta de Teylor con una fuerza letal.
—¡DIME QUÉ LES DIJISTE! —rugió Michelle—. ¡Nos estaban esperando! ¡Tus
jefes, tu firma, tus "clientes"! ¡Suéltalo ahora o te juro que no sales de este búnker!
Sol, Janet y Karla (que sostenía a Norma) se quedaron congeladas por el
horror. Mía empezó a llorar en la habitación de al lado.
—¡Michelle, suéltalo! ¡Es mi esposo! —gritó Sol, corriendo hacia ellos.
Teylor, a pesar de estar casi sin aire, forzó una sonrisa cínica. Sus ojos
no mostraban miedo, sino un desprecio profundo.
—Estás... loca, Morgado —logró decir, fingiendo estar ofendido—. Yo amo a mi
esposa e hija... esto es solo tu amargura. Estás celosa porque yo tengo una familia real y tú estás sola. Deja tu amargura y vuelve con Karla de una vez, a ver si así dejas de ver fantasmas donde no los hay.
Michelle apretó más el puño, sus nudillos blancos.
—¡No te atrevas a usar su nombre para esconder tu traición!
—¡BASTA! —gritó Karla, corriendo hacia Michelle junto con Janet. Entre las
dos lograron separarla de Teylor antes de que Michelle le diera el golpe de
gracia.
Se encerraron en la oficina del sótano, dejando a Teylor en la planta alta
bajo la vigilancia (aún dudosa) de Sol. El ambiente estaba cargado de veneno.
—¡Sol, abre los ojos! —exclamó Michelle, golpeando la mesa de metal—. ¡Las
fotos del cumpleaños salieron de su oficina! ¡Jáuregui sabía dónde estábamos hoy porque él tiene el rastreador del coche de Teylor!
—¡Es su trabajo, Michelle! ¡Él es abogado! —defendió Sol, aunque sus manos
temblaban mientras revisaba los logs del sistema—. Él no sabía que sus clientes
eran la mafia... ¡No puede ser él!
Janet intervino mientras le vendaba la mano a Norma.
—Sol, nena... Teylor tiene razón en algo: Michelle y Karla necesitan
terapia. Pero en lo demás, huele a rata. El tipo ni siquiera se asustó cuando
Michelle lo agarró. Un inocente se mea encima; él nos atacó donde más nos
duele.
Karla miró a Michelle, que caminaba de un lado a otro como un animal
enjaulado.
—Mich, cálmate. Si lo matas ahora, nunca sabremos para quién más trabaja.
Pero tiene razón en que el infiltrado sabe cómo dividirnos. Mira cómo nos
estamos gritando.
—¡Me importa un carajo lo que ese tipo piense de mi vida personal! —gritó
Michelle, señalando hacia arriba—. Ese hombre es un peligro para tu hija, Sol.
Y si no me dejas interrogarlo a mi manera, lo haré a espaldas de la DEA.
En ese momento, el monitor de Sol pitó. Esteban estaba llamando a la
línea segura de "La Fortaleza".
La mirada de Michelle era puro hielo mientras señalaba hacia la planta alta,
donde Teylor fingía consolar a la pequeña Mía.
—Es tu decisión, Sol —sentenció Michelle con una voz que no admitía réplicas—. Pero ten esto claro: si mis sospechas se confirman y tu esposo es el que nos está vendiendo, yo misma lo mataré con mis propias manos. No habrá juicio, no habrá DEA. Solo justicia
Sin esperar respuesta, Michelle dio media vuelta y salió de la oficina del
sótano. Karla, viendo el dolor en los ojos de Sol y la furia destructiva de su
capitana, decidió seguirla.
Karla encontró a Michelle en el pasillo oscuro que llevaba a las habitaciones. La capitana estaba apoyada contra la pared, con los ojos cerrados y la respiración agitada.
—Michelle... —susurró Karla, acercándose con cautela—. No dejes que Teylor se meta en tu cabeza. Él solo busca dividirnos para que bajemos la guardia.
Michelle abrió los ojos y, por un segundo, la frialdad desapareció. Tomó a
Karla por los hombros, con una mezcla de desesperación y necesidad.
—Me vuelve loca que use lo nuestro para invalidarme, Karla. Y me vuelve loca
que tú casi mueras cada vez que yo cometo un error de juicio.
Estaban a escasos centímetros. El calor entre ambas era evidente, y Karla
levantó su mano sana para acariciar la mejilla de Michelle. Sin embargo, antes
de que sus labios se tocaran, el timbre de seguridad de la puerta principal
resonó en todo el búnker.
Esteban estaba afuera, sosteniendo una carpeta digital.
Lo dejaron pasar solo por la insistencia de Sol, que buscaba cualquier
distracción de su drama familiar. Esteban entró con aire de héroe.
—Sé que están tensas, pero he conseguido información vital —dijo Esteban, abriendo la carpeta—. Jáuregui planea mover un cargamento químico por los Cayos mañana. Es la oportunidad perfecta para...
—Escúchame bien, Esteban —lo interrumpió Michelle, sin siquiera mirar los documentos—. No queremos que sigas metiendo tus narices donde no te llaman. No pedimos tu ayuda y no necesitamos tus "datos".
—Solo intento proteger al equipo —respondió Esteban, tratando de sonar
herido.
—El equipo se protege solo —añadió Karla, poniéndose al lado de Michelle—.
Mañana revisaremos esto con nuestros propios canales. Ahora, retírate. Es tarde
y tenemos que descansar.
Esteban se fue con una sonrisa amarga, dándose cuenta de que el muro
alrededor de las chicas se estaba cerrando.
Cuando todos se retiraron a sus habitaciones, Janet se escabulló al
cuarto de Karla. La encontró sentada en la cama, mirando su brazo vendado.
—Oye, "Halconcito" —dijo Janet, sentándose a su lado con una
seriedad inusual—. Vi cómo salieron tú y la jefa del pasillo antes de que
llegara el pesado de Esteban. Dime la verdad... ¿Qué pasó ahí atrás? ¿Se
mataron a besos o solo se mataron con la mirada?
Karla soltó un suspiro largo.
—Casi, Janet. Casi pasa. Pero el miedo de Michelle es más fuerte que sus
ganas. Ella cree que si me deja acercarse, voy a volver a huir... o peor, que ella va a dejar de ser la líder perfecta para convertirse en alguien
vulnerable.
Janet le puso una mano en el hombro.
—Dale tiempo. Pero no demasiado. Porque con un traidor en casa y Jáuregui
afuera, el "mañana" no está garantizado para ninguna de nosotras.
La reunión con Esteban fue breve, pero dejó un rastro de veneno en el aire.
.....
En un café apartado, él le entregó la carpeta a Michelle con una mirada de
fingida preocupación.
—Solo ten cuidado, Michelle —le dijo Esteban, bajando la voz—. Es muy raro
que Karla volviera justo cuando Jáuregui empezó a ser más agresivo. Cuando me
llamó para que la ayudara a entrar de nuevo en el equipo, me sorprendió su
insistencia. Parece que tenía mucha prisa por estar cerca de la información.
Michelle no dijo una palabra. Tomó la carpeta con fuerza, le lanzó una
mirada que lo hizo callar y salió de allí.
Al llegar a la Fortaleza, Michelle fue directa al centro de mando. Le
arrojó la carpeta a Sol.
—Revisa esto. Esteban dice que es la ruta de los químicos de Jáuregui, pero
también dice que Karla lo llamó para forzar su regreso al equipo.
Sol, que tenía los ojos rojos de no dormir y la tensión con Teylor a flor de piel, empezó a escanear los documentos. La atmósfera entre las dos era densa; Sol sentía que Michelle no confiaba en su juicio por culpa de Teylor, y Michelle sentía que el equipo se le escapaba de las manos.
—Estoy en ello, Mich... pero los metadatos de estos archivos parecen
manipulados —murmuró Sol distraída.
De repente, la puerta de la oficina se abrió de golpe. Janet entró con unas gafas de sol puestas, una toalla al hombro y dos cócteles frutales en
la mano.
—¡Ya basta de caras largas y códigos binarios! —exclamó Janet con su estilo
vibrante—. Si seguimos así, Jáuregui no tendrá que matarnos, nos va a dar un
derrame cerebral a todas. El sol de Miami está perfecto y la piscina de la
Fortaleza nos está llamando.
Janet se acercó a Sol y le quitó los auriculares.
—Escúchenme bien: Karla y la "negra" (Norma) ya encendieron la
parrilla. La pequeña Mía está chapoteando como un patito y Teylor... bueno,Teylor está ahí haciendo de "padre del año" en el agua. Sol, faltas
tú. Michelle, tú también. Es una orden de tu sargento favorita.
Michelle suspiró, frotándose las sienes. Sabía que Janet tenía razón;
necesitaban parecer un grupo unido, aunque por dentro todo se estuviera
rompiendo.
Minutos después, el grupo estaba reunido alrededor del agua. Norma
volteaba la carne con una precisión militar mientras Karla, con un
bikini que dejaba ver la venda de su brazo, intentaba jugar con Mía desde la
orilla.
Michelle llegó y se sentó en una tumbona, observando a Karla. Las palabras
de Esteban resonaban en su cabeza: "Ella me llamó para volver".
¿Sería verdad? ¿Karla le había ocultado eso?
Teylor salió de la piscina, sacudiéndose el agua y caminando hacia
Sol con una sonrisa triunfal.
—¿Ves, amor? Esto es lo que necesitábamos. Familia y amigos. Nada de
sospechas locas.
Karla notó la mirada fija de Michelle y se acercó a ella, goteando agua y
con una sonrisa tímida.
—¿Estás bien, Mich? Pareces estar a mil kilómetros de aquí.
Michelle la miró de arriba abajo, sintiendo una mezcla de deseo y
desconfianza que la estaba matando por dentro.
—Estoy aquí, Karla. Solo... pensando en quiénes son realmente mis amigos.