Michelle recuperó su máscara de hierro al instante.
—Teylor, lleva a los niños adentro. Sol, rastrea el origen de esta entrega.
Janet, Norma, aseguren el perímetro. Nadie entra ni sale de esta calle sin que
yo lo autorice.
Karla se puso al lado de Michelle, ignorando el dolor de su brazo. La
suavidad del jardín había muerto.
—Él estuvo aquí, Mich. Estuvo aquí mismo.
Michelle la miró, esta vez directamente a los ojos, con una mezcla de furia
y protección.
—Esto se acaba ahora, Karla. No vamos a esperar a que ataque. Vamos a ir por
él con todo lo que tenemos.
Bajo la lluvia de Miami, las luces azules de los vehículos del equipo
especial de la DEA iluminaban la calle de Sol. Michelle no estaba para juegos;
su voz cortaba como el cristal.
—¡Muevan a los civiles! ¡Ahora! —ordenó Michelle, mientras supervisaba el
traslado de los padres de las chicas y otros familiares a una ubicación
protegida.
Se acercó a Sol, que sostenía a la pequeña Mía en brazos.
—Sol, toma lo esencial. Ropa para Mía, para ti y para Teylor. Nadie vuelve a
esta casa hasta que Jáuregui esté bajo tierra. Nos mudamos a "La
Fortaleza", la nueva casa de seguridad. Montaremos la oficina allí mismo.
No confío en nadie fuera de nosotros cinco.
Teylor, que estaba cargando unas maletas, sonrió de una manera que a
cualquiera le parecería encantadora, pero que ocultaba una intención oscura.
—Es una gran idea, Michelle. Estaremos más seguros todos juntos. —Teylor
pensaba para sí mismo: "Perfecto. Ahora tendré acceso directo a sus
movimientos las 24 horas para informar a mis clientes".
Mientras cargaban el equipo táctico en "La Bestia", Karla se acercó a Janet, que estaba tratando de disimular su nerviosismo
revisando el inventario de granadas de humo. Karla se inclinó y le susurró al
oído con una sonrisa pícara:
—Bueno, Jan... mira el lado bueno. En la nueva casa de seguridad vamos a
estar todos apretados. Vas a tener a tu "negra" (Norma) más cerca que
nunca. Ya no tendrás que esconderte tanto en los baños, ¿o sí?
Janet saltó como si le hubieran dado una descarga eléctrica. Sus mejillas
se pusieron rojas y soltó una risa nerviosa.
—¡Tú estás loca, García! —Janet le dio una nalgada rápida a su amiga y salió
corriendo hacia el camión mientras se reía—. ¡Enfócate mejor en recuperar a tu
capitana, que te mira como si fueras un fantasma!
Karla se quedó ahí, con una mueca de dolor pero riendo por lo bajo, hasta
que sintió la mirada gélida de Michelle desde el otro lado del coche. La
capitana le lanzó una "cara de muerte" que le borró la sonrisa al
instante.
La Fortaleza
Al llegar a la nueva ubicación —un búnker de lujo oculto bajo una villa en
los Cayos—, el grupo empezó a desempacar.
Sol se instaló en el centro de mando, pero algo la inquietaba.
Mientras Teylor ayudaba a acostar a Mía, Sol abrió una terminal privada.
—Chicas, vengan un momento —dijo Sol en voz baja, asegurándose de que Teylor
no escuchara—. He rastreado el código del álbum de fotos que nos enviaron. El
servidor que procesó la impresión de las fotos está vinculado a una cuenta de
gastos de... la firma de abogados de Teylor.
El silencio cayó sobre Michelle, Karla, Janet y Norma como una losa de
cemento.
Mientras Teylor se instalaba en la planta alta de "LabFortaleza", Michelle tomó una decisión arriesgada. Habían rastreado al mensajero que entregó la caja de Jáuregui hasta un club náutico abandonado.
—Janet, Norma, vayan por él. Traigan a ese tipo vivo. Necesito nombres—ordenó Michelle—. Karla y yo estaremos en "La Bestia" a dos calles por si necesitan cobertura. Sol, danos ojos desde arriba.
...
Janet y Norma se movieron como sombras entre los contenedores oxidados del muelle.
—Todo está demasiado tranquilo, Norma —susurró Janet, con la mano en su Glock—. Ni siquiera los grillos cantan.
—No bajes la guardia, Jan —respondió Norma, moviéndose con esa flexibilidad
felina que la caracterizaba.
Llegaron al punto de encuentro, pero en lugar de un mensajero, encontraron un altavoz en el suelo. Una risa grabada empezó a sonar y, de repente, cuatro focos gigantes las cegaron.
—¡Es una emboscada! —gritó Norma, empujando a Janet tras un bloque de
cemento justo cuando una lluvia de balas de AK-47 empezó a destrozar el metal a su alrededor.
—¡SOL, AHORA! —rugió Michelle por la radio.
"La Bestia" rugió y apareció en escena derrapando, con Michelle al volante y Karla asomada por la ventana trasera. Karla, a pesar del dolor de su brazo quemado, apoyó su rifle en el marco de la puerta.
Pum.Pum.
Dos tiradores en las azoteas cayeron antes de que supieran qué los holpeó.
—¡SUBAN, SUBAN! —gritó Michelle, frenando en medio del tiroteo mientras las balas rebotaban contra el blindaje de la SUV.
Janet y Norma corrieron bajo fuego cubierto. Janet tropezó, pero Norma la
agarró del chaleco y la lanzó dentro de la camioneta antes de saltar ella. Pero no estaban a salvo: tres camionetas negras de Jáuregui les cerraron el paso.
Una de las camionetas embistió a "La Bestia", obligándolas a detenerse. Varios hombres armados bajaron y rompieron el cristal de la puerta del conductor. Michelle, con una furia ciega, salió del vehículo y recibió al primero con un rodillazo en el pecho y un golpe de codo que le rompió la
mandíbula.
Karla saltó del otro lado para cubrirle la espalda. Se vio envuelta en una pelea contra dos tipos enormes. Usó su técnica de Muay Thai, conectando una patada giratoria en el cuello de uno, pero el segundo la agarró por el brazo herido. Karla soltó un grito de agonía, pero antes de que el hombre pudiera rematarla, Michelle apareció por detrás, le aplicó una llave de cuello y lo estrelló contra el pavimento con una fuerza brutal.
—¡Nadie toca a mi gente! —rugió Michelle, cruzando una mirada intensa con Karla por un segundo antes de seguir peleando.
Desde la base, Sol veía todo a través de sus drones. Sus manos temblaban sobre los controles mientras lanzaba pequeñas cargas explosivas desde los drones para dispersar a los enemigos.
—¡Chicas, salgan de ahí! ¡Vienen más refuerzos por el norte! —gritaba Sol—.
¡Tengo que saber quién les avisó! ¡Esteban no está en su oficina y los registros de la empresa de Teylor se están borrando en este preciso momento!
¡Me están bloqueando!
Sol estaba al borde del colapso, viendo a sus mejores amigas luchar por sus
vidas mientras sentía que el enemigo dormía en su propia casa.
Finalmente, Janet logró tomar el volante de una de las camionetas de los enemigos para abrir camino, y Michelle y Karla volvieron a "La Bestia" bajo una lluvia de plomo. Salieron de allí a toda velocidad,
dejando atrás un rastro de destrucción