***Liam*** Llevé a Camila a mi habitación en silencio, con una mano en su espalda, guiándola con suavidad. No dije nada al principio. No quería presionarla. Solo quería estar ahí, ser el refugio que, quizás, no había tenido en mucho tiempo. Se sentó en el borde de la cama, con la mirada perdida y los labios apretados. —¿Quieres hablar de eso? —pregunté en voz baja, arrodillándome frente a ella. Camila tardó en responder, pero cuando lo hizo, fue como si algo dentro de ella se rompiera. Me habló de su padre, de cómo murió cuando ella tenía apenas diez años. De cómo su madre, en lugar de aferrarse a sus hijas, se dejó arrastrar por el alcohol, luego por cosas peores. De cómo la violencia se convirtió en su día a día y de cómo, con cada golpe, con cada insulto, aprendió que no podía esper

