***Camila*** Luciana y yo estamos sentadas en la cocina, frente a frente. La tensión es palpable, como si el aire se hubiera vuelto más denso entre nosotras. Ella cruza los brazos, la mandíbula tensa, y me mira con esos ojos que, aunque más oscuros que los míos, reflejan la misma rabia contenida. —Nunca me cuentas nada —espeta, su voz cargada de reproche—. Pero esperas que yo te entienda, que haga lo que tú dices sin cuestionarlo. ¿Por qué no me contaste todo esto antes, Camila? ¿Por qué nunca me hablaste de lo que mamá te hizo? Me remuevo en la silla, sintiendo el peso de sus palabras. Me duele escucharla así, porque sé que tiene razón. —No quería que cargaras con eso —respondo en voz baja—. Eres mi hermana menor, Luci. Yo solo quería protegerte… —¡¿Protegerme?! —me interrumpe con un

