Revelaciones

2861 Palabras
Nico —¿qué era eso tan urgente que querías hablar conmigo? Los ojos de Lia están llenos de curiosidad, aunque supongo que ya sabe por dónde va la cosa. Después de todo, es de lo único que hablo últimamente, lo único que me importa. —tuve una revelación— comento. Mi prima levanta una ceja con expectativa. La invitó a sentarse indicando que esto llevará algo de tiempo. —hoy tuve la visita inesperada de Emma— ahora sí, tuve su atención al cien por ciento. Frotó sus manos y cruzó sus piernas en el asiento frente a mí. —le pregunté acerca de su relación con mi padre. —¡No, Nico!— se queja. Sus hombros bajan con cansancio y sus ojos recorren la oficina en busca de algo con qué golpearme. —Espera, primero escucha— la tranquilizo. Me regaña con la mirada, pero me da espacio para poder hablarle. —dijo qué... Los hombres mayores tienen experiencia. ¿Crees que Juli buscaba eso? Se levanta enfadada. Sus brazos flacos en forma de jarra me advierte que está a punto de golpearme. Por inercia me cubro la cabeza. No golpea, no dice nada. Salgo de mi escondite para encontrarme con su mejor cara de póker. Ahora no sé si está enojada o cansada y eso es demasiado decir. —ayúdame— suplico. Lia resopla en berrinche —necesito descubrir si eso es verdad. Entonces sonríe. Su expresión me dice que tiene algo entre manos. Contonea las caderas y de un brinco se sienta sobre mis piernas. —en lugar de seguir pensando en los motivos que tuvo Juli para dejarte, deberías demostrarle a Emma de qué estás hecho. Sus cejas se levantan y bajan a una velocidad envidiable. —no me acostaré con esa mujer— mi voz sale horrorizada. Más de lo que pretendía considerando que Emma no me es indiferente, pero sería mejor si no fuera tan bocona. —primero porque no me agrada, segundo porque es la secretaria de mi padre. Tercero, porque no me interesa si ella cree que me falta experiencia. Y es ahí cuando usa la violencia. Me golpea el hombro y con un dedo me señala para que le preste atención. —no mientas— me desafía. —ustedes viven peleando sin razón y ya sabes lo que dicen de eso. —no tengo idea lo que dicen y ¡No me importa!— me exaspero. Lia está desviando mi punto y eso no me gusta. —no me acostaré con alguien que trabaja en esta empresa. ¿Cómo la miraré después? —entonces, ¿Ya escogiste una mujer para tu cita?— hay resignación en el tono que utiliza. Niego y su sonrisa maléfica regresa. —bien. Eso de las citas a ciegas es una tontería. Ya te dije lo que pienso. A tu viejo se le zafó un tornillo o quizás espera que busques una mujer por ti mismo y esto sea un movimiento apresurado para alentarte. —quiero a alguien en mi vida, pasar la página de Juli. Pero no saldré con alguien que ni siquiera conozco. —¡Bien!— me alienta agitando mis hombros. —pero sentado aquí no la conseguirás. Yo creo que Emma tiene potencial, es linda, inteligente, sin contar con que saltan chispas cuando están juntos. Pero la decisión es tuya, puedes probarle y probarte a ti mismo que no eres tú el del problema— ruedo los ojos. Su fascinación por intentar que ligue con sus amigas a veces es molesta. —O más bien, podemos salir esta noche y podrás cazar una presa por ti mismo. Quizás te falte recuperar esa seguridad para avanzar. Lo pienso. No quiero, lo vuelvo a pensar y lo dudo. Lia tiene razón. Nada gano si vivo encerrado aquí o en la casa. Tengo que volver a mi departamento, aquel que hace meses abandoné porque cada rincón me recordaba a Juli. —bien, lo haré— suelto antes de arrepentirme. —¡Siiii!— grita eufórica. Me sacude enredando sus brazos al rededor de mi cuello. —¿Acosarás a Emma? —¿Qué? ¡NO!— aclaro ante su delirio. —saldremos esta noche. *** Emma —¿Y Nicolas?— el señor Paz parece impaciente. Acabamos de llegar a la sala de juntas y no quiere esperar. Sol luce nerviosa, lo que significa que su jefe no está de humor. —ve por él, quiero terminar con esto cuánto antes— dice y me señala para que sea yo quien comience. —¿no deberíamos esperar por él?— el gerente de ventas pregunta a lo obvio. Nicolas no es el director, pero si el sucesor y este proyecto depende no solo de mi ascenso, también el de él. Aunque a veces pareciera no importarle. —lo pondremos al tanto— levanta una mano como todo jefe de la mafia y nadie se atreve a contradecirlo. Entonces, comienzo con la reunión. —bien, hace un mes nos juntamos para hablar sobre las zonas que son potenciales para abrir el nuevo negocio. Hablamos con varias inmobiliarias y llegamos a la conclusión que la zona más olvidada es la del campus. El señor Paz sonríe y los tres hombres sentados alrededor de la mesa asienten. Pero mi atención está en la puerta, en dónde Nico viene ingresando con una sonrisa de oreja a oreja. Me pone nerviosa y por segundo olvido lo que estaba diciendo. —buenas noches— dice su padre, haciendo énfasis en su llegada tarde. Me mira indicando que debo seguir explicando. —ok...— suspiro. Odio a Nicolas, ¡pero por Jesús bendito! Que hermosa sonrisa tiene. Le besaría los pies a Lia por provocar eso en él. —mi propuesta se basa en muebles que ayuden al problema de sobrepoblación y cómodas para el uso diario. Todo esto será pensado en sus necesidades. —perdón— dice el recién llegado. Algo en su tono me dice que dirá lo que sea para desacreditar la idea. Como siempre. —no entendí la parte de "ayuden al problema de sobrepoblación"— hace comillas en el aire y su padre le da permiso para que continúe. —la idea, es fabricar sillones amoldables, camas flotantes, así brindar elegancia y hacer espacio en los departamentos. Explícame ¿Cómo podrían ser funcionales si solo piensas en meter más gente en un lugar pequeño? El director suelta una sonora carcajada al igual que su sobrina. Suelto el aire con furia y enciendo la pantalla en dónde aparecen los muebles que fabricamos con el equipo de diseño, entre ellos, Lia. Quien ahora me mira con una picardía extraña. Una cama, a la vista normal. A los lados, dos manijas con reconocimiento de voz que ayudan a desarmarla y cerrarla hasta convertirla en una mesa con varios cajones. Toda la tecnología puesta en un mueble. —hace unos años, se puso de moda entre los alumnos de las universidades, alquilar monoambientes porque son más económicos y de esta manera todos pagarían lo mismo, ya que en los departamentos no suele haber más de dos habitaciones. La idea es aprovechar ese espacio para crear camas despegables que durante el día se transformarán en escritorios y en dónde antes cabían de tres a cinco personas, podrían entrar ocho. —¿Ocho personas?— la pregunta de Nicolas roza el tono de burla. Quiero saltar sobre él y apretarle el cuello hasta que sus labios se pongan morados. —sería incómodo meter tanta gente un mismo techo. —¿Cómo lo harías tú?— pregunta el director. El rubio se para a mi lado para robarme la atención y extiende un plano en dónde se ve claramente como usa una pared para generar dos pisos. Arriba una cama y abajo un escrito. —de esta manera, si utilizamos tres de las cuatro paredes del monoambiente entran tres personas. Tendrán muchísimo más espacio, intimidad, más luz y más comodidad. —son estudiantes, Nicolas. Solo quieren un lugar temporal en dónde dormir. No es un hogar. A la mayoría no les importa compartir un espacio. Literalmente no estás pensando en solucionar el problema de sobrepoblación en la zona, solamente te enfocas que se vea lindo. A demás, tu idea no es novedosa, parece que la sacaste de Google. Se nota el enojo en mi tono. —tenemos los muebles patentados. Eso es novedoso— replica. —tu idea es más parecida a una lata de sardinas que a un monoambiente. —¡Mi idea es original! La pensé, no como la tuya. Parece la tarea de un niño de primaria ¿De verdad te tomas este trabajo enserio? ¿Te llamas a ti mismo, arquitecto? —¡tu idea es absurda! ¡Igual de tonta que tú! —¡Basta!— el señor Paz interrumpe nuestro pleito. Nunca lo había visto tan enojado, quizás porque lo estamos dejando en ridículo frente a los demás empleados o simplemente colmamos su paciencia. —luego hablaremos sobre el respeto que deben seguir en esta sala. Por ahora, deberán trabajar juntos en esto y armar otra propuesta. —¡No¡— exclamamos al unísono con el rubio. Mi jefe golpea su lapicera contra la mesa tan impaciente como los otros empleados. Lia sonríe manteniendo esa picardía en su mirada que comienza a molestarme. —¿Terminaron de pelear, tortolitos?— Nicolas aniquila a la castaña con los ojos. Por mi parte decido ignorarla como siempre. Lia, a veces puede ser demasiado exasperante. Lo sé porque tuve la fortuna de tenerla como compañera en la universidad y sí, somos amigas desde entonces. La conozco lo suficiente como para saber que se está regocijando a costilla de nuestro temperamento. —Nicolaa dijo que la idea es utilizar tres paredes. Bien, fusionaremos eso con la propuesta de Emma. Utilizaremos los muebles de mi secretaria en el espacio que él marcó. Entrarán hasta dos personas por piso, en total deberán caber al menos doce alumnos por monoambiente. —es una locura— dice el rubio. Sospecho que tiene fobia ante las personas desconocidas, según dicen, ni siquiera le gusta tener empleados en su casa. Con esto debe estar horrorizado. Pero a mí me encanta y estoy segura de que será un éxito. —es opcional, Nico. Nadie puede obligar a otra persona a compartir piso, pero si no tiene problemas y su bolsillo es ajustado, esto sería una solución revolucionaria. —si— me uno a la que mi jefe dice. En parte porque necesito negociar el punto en dónde se supone que deberé trabajar con Nicolas. —yo me encargaré de los muebles y Nicolas de la distribución. Luego cada uno puede exponer cómodamente la idea final. —no— me corta el señor Paz. —aprenden a trabajar juntos o ninguno tendrá ese ascenso. —no puedes obligarnos. ¿Te das cuenta de que está mujer y yo no podemos siquiera compartir el mismo aire?— ahora es el turno de él para negociar. Su padre niega rotundamente. —puedo obligarlos y no es una opción. Empezarán el lunes y para cuando terminen este proyecto, serán mejores amigos o al menos, buenos compañeros de trabajo— se levanta y sus ojos están puestos en mí. Obviamente no digo nada. A estas alturas sé que será inútil seguir suplicando. Todo depende de este proyecto. Solo debo soportar unos días junto al rubio y tendré mi preciado ascenso. Con suerte, podríamos solucionarlo en dos semanas y después de eso, no tendría que volver a verlo. Para cuando consiga mi cometido, seré la dueña de mi propia empresa y él con sus propias metas en esta. Pero, mierda que será difícil. *** Llego a mi casa. Sofi ya está esperándome con los ruleros y mi ropa lista. —te odio— le digo cuando veo que escogió un conjunto igual para las dos. Falda negra corta y un croptop color rosa pastel. Lo bueno es que a ella le gusta usar botas de caño y yo me voy por más por la comodidad utilizando mis converse. —¿En qué mierda estás pensando, Sofía? Pareceremos gemelas— sonríe y su culo rebota en el filo de mi cama. —¿Qué te sucede? Pareces más alegre de lo normal. Algunas mujeres no ven la hora de llegar a su casa para quitarse los zapatos o el brasier. En cambio, para mí, no hay placer más grande que llegar y soltarme el cabello. Después de ocho horas llevando una coleta alta, mi cerebro se siente extremadamente adolorido. —tengo un buen presentimiento de esta salida. En la tarde mientras caminaba por el centro comercial, una gitana me leyó la suerte. —las gitanas mienten, ¡Auch!— no puedo terminar la frase. Mi cabello está todo enmarañado y las extensiones que uso en la nuca para tapar mis mechones rubios, al parecer se pegaron con más fuerza que de costumbre. Tiró un poco y creo que logro quitarla junto con mucho cabello. —te dije que dejaras de utilizar esa porquería. ¡Quedarás calva!- — me regaña. Y no puedo enojarme porque tiene razón. —me hace lucir más formal. Ese mechón rubio resalta demasiado en mi cabello oscuro. Parezco... —¿una jovencita?— ironiza. —con veinticinco años, tienes derecho a parecer joven. Mira tu ropa, hasta tu abuela es más sexi con su bata de baño. —cállate— la regaño. No puedo evitar sonreír, ya que sus chistes a cerca de mi ropa de trabajo siempre son ocurrentes. A mí me gustan, son cómodas y no llaman la atención de personas equivocadas. He pensado en usar ropa formal más adecuada para mi edad, pero considero que eso le quitaría la energía adulta o seriedad que intento demostrar. Me cambio, maquillo como puerta nueva y peino mi cabello para llevarlo suelto. Sofi se ríe cuando ambas quedamos listas para salir y nota la diferencia de altura ahora que es ella quien lleva tacones. Amo mis tacones, pero llevo todo el día en ellos y mis pies gritan por un descanso al igual que mi cabeza. *** —¿Nicolas? Asiento. Sofi carcajea como foca cuando oye todo lo acontecido mientras que yo estoy con los nervios de punta. A veces creo que el señor Paz no quiere que me vaya. Él sabe que mi ascenso significa que deberé dejar su empresa y me lo hace difícil. Llevo meses esperando esto y ahora que lo tengo tan cerca, me pone a trabajar con la persona que más odio en todo la empresa. ¿Coincidencia? Hoy más que nunca pienso fervientemente que él y mi padre se pusieron de acuerdo para hacerme esto. —no es gracioso. Una cosa es que me guste pelear con ese idiota, otra muy diferente es pasar tiempo trabajando con él. Suspiro con solo pensarlo. Desde que esta tarde me dijeron que tendría que trabajar con él, no he hecho otra cosa más imaginarme firmando mi renuncia. Mi futuro ahora se ve n***o e incierto. Para colmo, cada vez que quiero hablar de él, su imagen aparece frente a mí. Sucedió saliendo del departamento de Sofi, en la gasolinera, incluso creí verlo entrar al bar antes que nosotras. ¿Me estaré volviendo loca? —estás enamorada de él— no está preguntando. Afirma con una seriedad que no logro contestar. —piénsalo un segundo. Tus problemas en la cama comenzaron cuando entraste a trabajar ahí, mejor dicho, después de la primera riña con él. Nicolas despertó algo en ti y tu sentido moralista sobre el no mezclar trabajo con placer es lo que te está enfermando. Baja un dedo si te pasan estas cosas— dice y me obliga a levantar una mano al aire. —¿te parece atractivo a pesar de que sea un idiota?— bajo el primer dedo. —¿Te emociona cuando sabes que vas a verlo?— niego con la cabeza y ella me mira con burla. Respiro profundo bajando el segundo dedo. —¿Piensas en él cuando no lo ves?— carcajeo bajando la mano. Imaginando que así desviaría su atención. Pero ella es astuta y me señala. —tres de cinco. Si eso no es amor, no sé cómo llamarlo— El silencio que reina a continuación es casi abrumador. El griterío de la gente y la música alta pasaron a segundo plano como si esas palabras me hubieran perforado los tímpanos. Balbuceo como estúpida, siendo consciente que algo dentro de mí cambió ante lo que podría ser una revelación. —te dije que tanto fijador te dañaría el cerebro— suelto nerviosa. —No lo negaste— se burla. La sonrisa que estoy forzando se va borrando lentamente hasta convertirse en una mueca de retrasada. —es una lástima por mi primo— dice en referencia a Máximo. Ahora más que nunca siento que debo darle una oportunidad. Alejar mis pensamientos de Nicolas antes de que las suposiciones de mi amiga se conviertan en realidad. Porque enamorarme de ese hombre, sería la peor idiotez que podría pasarme. En realidad, lo peor sería que todos lo supieran.
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