Emma
—dime algo, comienzas a asustarme— ladeo la cabeza en su dirección. Mi amiga aún está a la expectativa, rogando con la mirada para que reaccione.
—¡No puede ser!— le grito enojada. Cómo si acabara de hacerme algo imperdonable. En parte fue así dejándome en evidencia. ¿Tan evidente soy? —No puedo tener sentimientos por ese idiota— me autorreproché pensando que de esta manera entraría en razón.
Sofia, suelta un silbido lento y largo mofándose de mi patética suerte. Ella cree que debo aceptar esto, cerrar los ojos y dejarme llevar. Que cuánto más rápido asimile la situación, más fácil será. ¿Fácil? Hace más de una hora que ingresamos al lugar y ya nos bebimos la mitad de una botella de vodka. Con horror admito que yo fui quien más bebió y esto recién empieza.
Estoy abusando de mi tolerancia al alcohol, pero no puedo evitarlo. No, cuando Sofía abrió la caja de Pandora.
—si sabía que te pondrías de este modo, te habría dejado que continúes ciega— está a punto de reírse, pero cuando nota que no estoy para bromas, se tensa. El alcohol en su cuerpo parece evaporarse y lo agradezco, ya que al menos una de las dos puede usar la cabeza. Necesito un hombro para llorar, no alguien que se ría de mi suerte. —cambia esa cara. No creo que te guste que te vean así.
—¿Quiénes?— hay resignación en mi tono. Temo que el alcohol no será buena consejera esta noche. Debería irme ahora que aún puedo utilizar las piernas para movilizarme y no abrirlas al primero que se me cruce.
Entonces, volteo la mirada en la dirección en donde mi amiga señala. Naye, Eli, Ari y Lia, están paradas sobre el barandal del segundo piso.
Les hago un baile creyéndome profesional como la borracha que soy, solo para que no noten lo alterada que estoy. Mi grupo de amigas ríen por mi estupidez y nos hacen señas para que subamos. Pero en ese momento, mi mente vuelve a fastidiarme poniendo a Nicolas en mi campo de visión.
—Sofia, estoy comenzando a enloquecer. Veo al idiota en todos lados— confieso
A penas puedo centrar mi vista al segundo piso. Intento señalarle en dónde el rubio con cara de pocos amigos está parado mirando en nuestra dirección. No sé si nos mira a nosotras o si únicamente observa al azar, pero su imagen es tan molesta que parece real. Aunque mi lado racional que aún lucha por permanecer despierta, me dice que es imposible. Nicolas ni siquiera comparte el elevador de la empresa, no hay chance de que esté aquí en este lugar abarrotado de personas desconocidas.
—no es él. Ni siquiera se parece— comenta ella y no puedo creerlo. Después de todo únicamente lo ha visto en fotos. Es posible que se esté equivocando. —subamos y verás que tengo razón.
—no estoy tan borracha. Es él— aseguro y mi amiga parece querer matarme con la mirada.
—entonces no estás enamorada. Lo tuyo es obsesión.
Bueno, quizás sea verdad que tengo sentimientos por el rubio. La cuestión es que al pensar en él no puedo ver otra cosa más que repulsión. Sí, es jodidamente sexi, pero esa es la única virtud que le encuentro y no es como si faltaran hombres sexis en el mundo. Hay muchos y en su mayoría son más agradables que él. Usando la lógica, ¿Por qué perdería mi tiempo con Nicolas? Por eso es que me niego a aceptarlo. Habiendo tantos hombres, no puedo ser tan tarada como para enamorarme de él, ¡justo él! Que no tiene nada bueno que ofrecer, más que lo obvio "su lindo cuerpo"
—¿Estás segura de que no es?— pregunto miedosa. Siento pánico de que sofia esté confundida.
Mi amiga vuelve a mirar el segundo piso. Frunce los labios y niega devolviéndole el aire a mis pulmones.
Subimos. Las chicas acaparan nuestra atención invitando tragos frutales, los cuales no debería, pero termino aceptando gustosa. Sofía se pega a Lia un largo rato a un costado de la zona vip y aunque eso no es extraño, me obliga a creer que intentan insistir con el tema de Máximo y ahora que estamos las tres juntas, se unirán para hacerme caer en la tentación. Siendo sincera, esta noche estoy más que dispuesta en darle una oportunidad al chico. Quizás sea el alcohol hablando por mí, pero necesito acción.
Naye, Eli y Ari son divertidas, pero rápidamente comienzo a sentirme incómoda estando en medio sin las otras dos. Eso provoca que beba más de la cuenta para evitar unirme a su conversación trivial a cerca del lugar y de los chicos.
—tranquila, la noche aún es joven— Naye me regaña sabiendo que no la estoy pasando bien, porque no hago otra cosa que beber para evitar hablar—¿Viste algo de tu agrado?
Suspiro. Quiero compañía masculina, pero estuve tan perdida pensando en Nicolas que no observé las opciones. Me hundo de hombros en respuesta y por inercia busco al primo de Sofía con los ojos. Tal vez, ella no me hizo caso y si le dijo que vendríamos a este sitio. Pero al único que veo es al primo de la amiga equivocada. Si, al idiota.
¿Si lo beso, se romperá esa burbuja? ¿Dejaré de verlo en todas partes?
Admito que solo quiero sacarme las ganas de probarlo. Comprobar que es exclusivamente falta de placer en el sexo lo que me tiene estúpida. Porque, no vamos a ser hipócritas. Nicolas tiene algo que enciende cualquier caldera, y mi caldera últimamente necesita de ese fuego (que por alguna razón) cree que él puede darle.
—¡Estoy enloqueciendo!— me enojo conmigo misma cuando ese tipo me mira. En algún momento sonríe en mi dirección y confirmo que no es quien yo supongo. Nicolas jamás sonríe al verme.
Verlo no me hace bien, pensar en él de manera romántica mucho menos. Me siento en un mundo paralelo en dónde no soy yo quien habla o se mueve. Yo estoy ahí, pero mi cuerpo se maneja solo y todo lo que digo, es exactamente lo que pienso, pero sale de mis labios sin siquiera pasar por ese filtro inconsciente que llamamos "pudor"
Estoy casi segura de que no es amor lo que siento, no hay motivos, pero no puedo evitar replantearlo una y otra vez, dudarlo y tristemente aceptarlo para volverlo a negar ¿Qué mierda es?
Así, toda confundida, mareada y alborotada, llego hasta donde Lia y Sofi discuten de algo que no llego a escuchar. Ni bien me ven, se silencian y fuerzan una sonrisa que hasta yo que estoy borracha, lo noto.
—Me voy— comento seria. Es estúpido, pero intento parecer sobria. Cuánto más me esfuerzo más evidente hago mi borrachera prematura. O al menos es lo que siento.
—¿Sola?— preguntan al unísono.
—¡no, con Dios!— exclamo riendo como loca.
La complicidad que veo en sus miradas me asusta. Ellas me asustan.
—pero todavía es temprano. ¿Cuál es tu apuro?— Sofía me interroga aunque la tonta sabe lo que me pasa. —mañana tienes libre, puedes quedarte en mi departamento.
—lo sigo viendo— le recuerdo. —y estoy borracha. Necesito salir de aquí para evitar hacer una locura.
Se miran con esa sonrisa irritante que siempre ponen cuando traman algo. Lo sabía, pero verlas en acción me provoca escalofríos.
Lia se me acerca. Rodea un brazo por mi cintura para que no escape y Sofía hace lo mismo por mi otro lado. Ahora sí, me siento acosada por mis propias amigas.
—¿En dónde está?— pregunta curiosa, demasiado interesada. Arrugo el ceño confundida. —¿Nicolas, dónde lo ves? Sofi me contó.
Nalgeo a Sofi para castigarla. Debo recordar regañarla cuando esté sobria. Si bien, Lia también es mi amiga y la aprecio mucho, no estoy segura de querer que ella sepa que me atrae su estúpido primo. De todas formas, lo dejo pasar. Tarde o temprano lo sabría.
—contra el barandal. Junto a la escalera hablando con un chico de cabello n***o.
—¿Y qué esperas? ¡Ve, bésalo! Si no sientes nada con el beso, quiere decir que Sofía se equivoca y te ayudaré a castigarla.
Interesante...
Me vendría bien hacerle pagar a Sofía por su lengua larga.
—lo pensé— admito. A Lia se le ilumina el rostro. —¿y si me gusta? No confío en mi estado.
—ve— vuelve a alentarme. Esta vez, me suelta y me da un leve empujón en dirección al chico en cuestión. —prometo no despegar mis ojos de ti. Si intentas irte a coger con él, así toda borracha, te detendré.
—¿lo juras?— sueno incrédula.
No dice nada. Solo asiente empujando mi cuerpo hasta que llegamos junto al chico unos diez metros después. Este me mira sorprendido y por un momento creo que sí es él y que me reconoce. Pero no, solamente lo asusté con mi cara de loca. No es para menos. Tenerlo cara a cara es como estar frente al mismísimo Nicolas. Hasta siento ganas de empujarlo escaleras abajo para comprobar su resistencia.
—oye, tú— por fin hablo. El tipo asiente indicando que me escucha. Respiró hondo, le hago señas para que se incline y cuando lo hace, ladea la cabeza para dejar su oreja expuesta.
Lamí su oreja. Su piel cálida contrastaba con el metal de sus aretes, sentí escalofríos en mi espina dorsal por la sensación.
Cuando él intentó zafarse de mí, me colgué de su cuello y lo besé cuál desquiciada que huyó de un manicomio.
***
Nicolas
—No escuches a la tonta de tu prima, ni a tu padre. Nadie puede obligarte a estar con una mujer si no quieres. No es su problema. Solo tú sabes lo que necesitas.
Juan tiene razón. Mis problemas amorosos no deberían incumbirle a nadie más que a mí. Pero, sé que es eso lo que en verdad necesito. Una mujer.
Y no tengo problemas para conseguir una. Mi problema llega con avanzar. Mi voluntad se cierra ante un acercamiento con otra que no sea Juli y eso me está desesperando.
Tengo a penas veintisiete años. No seré un adolescente, pero tampoco soy viejo. Necesito una persona que esté ahí para mí. Alguien que me dé otra clase de problemas más que laboral. Que me espere, que se preocupe por mi. Necesito... Sacar a Juli de mi cabeza y llenarla con otra que si valga la pena.
—¿Y qué es?
Su pregunta me saca de mi asimismo. Me había perdido mirando a la gente bailar, imaginando que yo podría ser igual a ellos. Al menos, volver a ser lo que alguna vez fui.
—¿Qué es, qué?— bebo la mitad de mi lata de cerveza en un solo trago. Hace mucho que no salía con Juan, ni bebía, ni me trasnochaba. Bueno... Hace mucho que no hago muchas cosas y se siente extraño, pero bien.
—lo que necesitas, Nico. No quiero meterme, pero tienes que saber que tu situación ya se ha tornado dolorosa para todos. Tu padre está preocupado, Lia, los chicos. Bueno, todos lo estamos. Aunque yo estoy seguro de que saldrás de esto en cuanto aceptes que todo cambió.
—¿A qué te refieres?— abro otra lata. Esta está caliente, pero de todas formas le doy un trago largo. Mientras bebo, le hago señas a uno de los empleados para que nos traiga más.
—todavía la estás esperando. A juli— lo dice con una cautela que cualquiera diría que tiene miedo de pronunciar ese nombre. —cuando te resignes al cambio, vas a dejar entrar a alguien más en tu vida.
—no es así...— trato de explicar lo que es difícil de entender, incluso para mí. —bueno, sí. Creo que Juli tuvo motivos para dejarme que todavía son desconocidos para mí. Pienso que podría volver en cualquier momento y sí... La espero— la tristeza en mi tono me asusta. No puedo creer que recién ahora me doy cuenta de lo patético que sueno. ¿Qué si vuelve? ¿Cómo borrará lo que me hizo? Nada de lo que diga me quitará la humillación ni la amargura que sentí cuando rechazó mi anillo de compromiso para meterse la polla de un viejo acaudalado. —es mi corazón quien se rehúsa a estar con otra. Porque te juro que lo pienso todos los días. Yo, quiero estar con alguien. Volver a confiar, compartir mi vida, sentirme querido. Dejar este duelo de mierda que me está volviendo loco.
—entonces, deja de escuchar a tu corazón. Escucha a tu cuerpo, a tu cabeza.
—¡Yo puedo!— me aliento. Mi amigo carcajea elevando su bebida. —lo haré.
Me señala la pista debajo de nosotros. Es obvio que me vio observar a varias chicas. Tendré el corazón roto, pero no soy ciego. Este lugar rebosa de juventud y belleza. Solo falta que me anime a dar ese paso.
—las amigas de tu prima también son lindas— me recuerda. Miro en dirección a Lia y esta levanta las cejas de manera burlesca, como si supiera lo que estamos hablando con Juan.
—No estoy seguro. Lia siempre trata de hacer que ligue con una de ellas y si llegara a pasar, comenzará a planear una boda— me toca el hombro, resignado a mis excusas. Es aquí que comprendo que debo poner un poco más de mí. Darme la oportunidad de conocer a alguien. —soy tan imbécil— me recrimino. Entonces, él lo hace por mí.
Llama a Lia y ambos hablan en secreto por un rato. Sus amigas están a pocos pasos y aunque son lindas, no me siento cómodo con ninguna de ellas. Ya he intentado hablarles y solo me hicieron sentir pasado de moda, más viejo de lo que soy. Prefiero buscar una entre el montón, pero eso también es difícil. Me cuesta hablar con desconocidos y por más que quiera o mi cuerpo lo necesite, sé que no llegaré a segunda base.
—listo— dice mi amigo. Ruedo los ojos ante su expresión, como si acabara de descubrir la cura para el cáncer. —tiene una amiga ideal para ti.
—paso— digo rotundamente. —buscaré a alguien por mi mismo.
Juan se ve incrédulo, aun así me alienta.
Comienzo a buscar a mi alrededor o al menos lo intento. Lia está hablando con una pelinegra que supongo es quien me quiere presentar. No está mal y su sonrisa es bonita, pero ya tomé una decisión así que Juan deberá hacerse cargo de ella. Se lo merece por hacer planes sin mi consentimiento.
Mientras tanto, yo me odio. Ahora que estoy decidido, ninguna llama mi atención. Se ven vulgares, pedantes, aniñadas, o demasiado accesibles. ¿Y qué estoy buscando?
Una que no le sonría a cualquiera. Sexi, obviamente, pero que pueda conservar la inocencia. Segura y que solo tenga ojos para mí. La cuestión es que eso únicamente lo sabré cuando entable una conversación y no me alcanzaría la noche para hacerlo.
Entonces la veo. Pequeña, con curvas suaves, carita de ángel y aspecto de demonio. Croptop rosa ajustado que ayuda a resaltar su piel blanca como porcelana, al igual que una falda corta color negra, todo para terminar con unos converse blancos. Muy sexi y tierna con cabellos negros en ondas y mechones rubios que caen en cascadas sobre sus hombros afilados. En mi vida había visto tal dualidad. La miro, me interesa y no exclusivamente por su aspecto.
Ella también me mira sin ser consciente que los chicos a su lado mueren por llamar su atención. No coquetea, no presume de su belleza y eso la convierte en la primera de mi lista. Los chicos le hablan, se paran frente a ella y ni así les devuelve la mirada. Sus ojos fijos en mí, como si dios estuviera de acuerdo en que es la indicada. Ella es literalmente lo que yo acabo de señalar como la mujer perfecta para mí y ante la ironía de haberlo pensado antes de sí siquiera saber que existía, sonrío.
Si existiera algo como el destino, estoy seguro de que tendría ese rostro.
—¿Te gusta?— mi amigo interroga con interés. No quiero parecer desesperado frente a él, así que solo frunzo los labios y asiento.
En menos de lo que suponía. Juan y Lia comienzan a hacerse señas. Para cuando logro comprender lo que sucede, mi prima ya está hablando con ella y trae con nosotros. Bueno... Conmigo.
—oye, tú— dice con su vocecita apagada. Creo que llegué tarde y que está borracha. Eso me molesta un poco, no pierdo el interés, pero digamos que le resta puntos a su favor.
Me inclino, la chica se acerca para susurrar algo, pero no logro a escuchar si lo hace. Lo único que puedo procesar es que su lengua cálida se arrastra por el lóbulo de mi oreja y ante ese gesto inesperado mi cuerpo se tensa. ¿Qué mierda hace?
Si me gustó, me excitó o molestó, es tema aparte. Sea cual fuera la respuesta de mi cuerpo, mi cerebro sintió pánico y por inercia me alejé para recuperar mi espacio. Pero ella, como si ya me conociera y supiera que me alejaría, me toma de la nuca y me besa.
Bien, no esperaba eso. Tampoco esperaba que sus labios fueran tan reconfortantes. Es suave y el gusto a frutas mezcladas con alcohol lo convierten en algo delicioso. Si, su beso es dulce, casi empalagoso, pero eso en lugar de molestarme, me gusta.
Pero cuando estaba disfrutando del beso, justamente cuando quería dejarme llevar. Ella se aleja impidiendo que corresponda como se debe, incluso que muestre la intensidad que pretendía.
—No sabes besar— dice con un tinte de pena en su tono.
Verla confundida y hasta un poco irritada me provoca querer demostrarle que está en un error. Sin pensarlo, mis manos se adueñan de la situación. Una la sujeta de su espalda baja y la otra de su nuca. Entonces, procedo a besarla como debí hacerlo desde un principio y después de eso, todo se volvió excitante.