Estaba sentada en el mismo lugar de siempre, esta vez: había dejado mi mochila en aquella silla. Comencé a ojear el libro, suspiré había pasado media hora: el no había llegado. Aquello en parte, me desconcertaba. Me odiaba por esperar verlo, no quería volver a acostumbrarme a él. Guarde el libro en mi mochila, la colgué en mi hombro y empecé a salir por la puerta grande de vidrio. Cuando una voz, me hace mirar hacia arriba —¿Ya te ibas sin mi? —comentó Leandro, algo agitado —lo siento se me hizo tarde. Continuo respirando hasta que se calmó, me quedé tieza contemplándolo. Parecía el chico guapo de una revista,.con su cabello rubio alborotado y una gota de sudor en su cuello y frente. No pude evitar relameer mis labios, algo deseosa por él. Algo que hace años no me había pasado. Desear

