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Te quiero por destino

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matrimonio bajo contrato
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oso musculoso
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Descripción

"El destino puede ser cruel... o el mejor negocio de tu vida.

"Andrea Smith siempre fue la princesa consentida de la familia Smith, criada entre lujos y modales impecables, pero también bajo el peso de las expectativas. Hija de un poderoso empresario hotelero, creyó que su futuro lo decidiría ella... hasta que descubrió que su padre ya lo había hecho por ella.

Ethan Swing no es un desconocido. Estudian en la misma universidad que Andrea, pero mientras ella brillaba en fiestas de alta sociedad, él se forjó a sí mismo lejos de la fortuna de su familia, construyendo DiseñosCars, una exitosa empresa de autos que desafió el apellido que lo abandonó.

Ahora sus caminos chocan de la peor manera: un contrato matrimonial arreglado por sus padres.

Andrea se siente traicionada. ¿Cómo puede aceptar casarse con un hombre frío y distante que ni siquiera la miraba en la universidad? Lo que Andrea no sabe es que nada de esto fue un acuerdo entre padres.

Fue Ethan quien lo orchestó todo.

La verdad oculta:

Ethan no es el hombre frío y distante que ella ve en la universidad.

Lleva años obsesionado con ella, pero Andrea nunca lo miró dos veces. Cuando supo que el padre de Andrea estaba en problemas financieros, le ofreció salvar sus hoteles... a cambio de su mano.

Ahora, Ethan la quiere cerca. Y no piensa conformarse con un matrimonio de mentira.

Pero Andrea no se rendirá fácilmente.

Regla #1: "No caeré en sus juegos.

Regla #2: "No importa cuánto me mire así.

Regla #3: "Nunca sabrá que cada discusión me acelera el corazón.

"El problema: Ethan no juega limpio.Usa su influencia para volverla celosa.

Sus manos "accidentalmente" rozan su piel.

Y sus palabras esconden una promesa: "Te conquistaré, Andrea. Porque ya eras mía antes de firmar ese papel."

¿Podrá Andrea resistirse al hombre que movió los hilos de su destino?

¿O descubrirá que el amor más peligroso... es el que estaba planeado desde el principio

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El comienzo
Al cruzar la puerta de la casa, el silencio me recibió, como estos últimos meses. Mis padres no estaban, seguramente estaban en alguno de nuestros hoteles, últimamente les daba mas dolores de cabeza que clientes, subí a mi habitación, donde la pila de tareas pendientes aguardaba sobre el escritorio. sin perder tiempo ajuste mis audífonos y deje que la música envolvente de mi playlist favorita ahogara el mundo exterior. Era mi ritual: sin esos acordes, las ecuaciones y los texto se volvían laberintos imposibles. Las horas se esfumaron entre resaltadores y anotaciones al margen. Tenia la cabeza enterrada en un libro de química cuando, de repente un Toc-toc, seco el ritmo de la canción, alce la vista desorientada, como cuando regresas de otro universo, la puerta de mi habitación tembló bajo otro golpe, mas insistente Adelante - dije quitándome los audífonos Hija - Resonó la voz de mi madre desde el marco de la puerta. Siempre parecía salir de un desfile: estatura de modelo, ojos verdes como esmeraldas bajo el flequillo perfecto, y una delgadez que lleva con elegancia, no con fragilidad. Aunque era socia de los hoteles familiares, su fama como modelo la precedía; hasta los desconocidos reconocían su perfil en las revista. Dime, mama, cuando llegue no estabas.... ¿Aun hay problemas en el hotel? - pregunte cerrando el libro con un golpe seco. Note como sus uñas impecables arañaban levemente el marco de madera, un tic que solo surgía cuando la ansiedad la devoraban por dentro Si... - Admitió, evitando mi mirada mientras se ajustaba el collar de perla - tu padre y yo queremos hablar contigo - El queremos sonó a advertencia, me levante, y seguí sus pasos hasta la oficina de papa. - Quiero que guardes serenidad, hija - susurro mama, posando una mano helada sobre mi hombro antes de abrir la puerta - no te alteres ¿Que no me altere? ¿Esto ... me concierne? - mi voz se quebró al ver a mi papá tras el escritorio de caoba, con la corbata desecha y montañas de informes, el aire olía a Whisky caro y a papel antiguo como siempre Ten la mente abierta - susurro mama, pero sus dedos temblaron Mamá me estás preocupando - dije y el rostro de papá era un mármol griego: duro impenetrable. hasta su barba canosa parecía afiliarse en la penumbra —Princesa… —La voz de papá resonó grave, como si arrastrara el peso de sus palabras. Se aferró al borde de la mesa de su oficina, los nudillos blanquecinos bajo la luz tenue de la lámpara. Sus ojos color café oscuro, siempre tan firmes, evitaban los míos—. Los hoteles… no es solo que vayan mal. Estamos al borde del colapso. Un nudo se formó en mi garganta. Había visto las reuniones interminables, las llamadas a medianoche, los informes financieros esparcidos por la casa como lápidas de papel. Pero oírlo de su boca lo hizo tangible, como un cristal quebrado bajo nuestros pies. —Lo sé, papá —susurré, cruzando los brazos contra el frío repentino que recorrió la habitación—. Por eso llevas semanas sin dormir, ¿verdad? Por eso mamá… —Mi voz se quebró. No necesitaba terminarla la frase. Él se pasó una mano por el rostro, dejando al descubierto las sombras bajo sus ojos. Su figura atlética, siempre imponente en trajes impecables, parecía encogerse bajo la presión. Cuando al fin me miró, vi algo que jamás le había visto: miedo. —Princesa… —murmuró, y el apodo sonó a despedida—. Hay algo más. Tú y mamá me van a volver loca, llevan semanas susurrando como conspiradores. ¿Qué demonios pasa? ¿Estamos en bancarrota? - dije con los brazos cruzados —Hija… —su voz se quebró, y noté cómo sus manos, callosas por años de estrechar negocios, se aferraban al borde del escritorio como si fuera un salvavidas—. No es fácil… y te pido disculpas. No queríamos llegar a esto, pero es la única forma de salvar los hoteles. Me dejé caer en la silla frente a él, sintiendo el frío del terciopelo verde bajo mis dedos. En ese escritorio, de niño me enseñó a sumar con caramelos; ahora, pilas de informes con sellos rojos de "URGENTE" ocupaban ese espacio. —¿Estamos en bancarrota? —repetí, mordiendo cada sílaba—. ¿Y la casa? ¿La vendemos? Él cerró los ojos, como si mis preguntas fueran balas. Al abrirlos, su mirada se clavó en el diploma de “Empresario del Año” que colgaba detrás de mí. —Sí… pero la mansión no se toca —dijo, y su voz sonó a cadena arrastrada. El reloj de pared marcó las tres. Tres golpes secos que se clavaron en mi pecho. —¡Es nuestra herencia, papá! —Me levanté, señalando hacia los ventanales que enmarcaban el jardín de rosas blancas—. Vendamos esta mansión de lujo. Con eso salvamos los hoteles, ¿no? —No venderemos nada —repitió, cada palabra cortante como un diamante—. Pero los hoteles tampoco caerán. Me atraganté con mi propia risa, un sonido agrio que rebotó en las paredes forradas de seda. —¿Y qué haremos? ¿Rezar para que el dinero llueva? ¿Magia? —El sarcasmo en mi voz ocultaba el pánico —. Porque no hay hechizo que arregle esto, ¿verdad? Vendamos la mansión, papá. Con eso —Los hoteles no se venderán —dijo, y sus nudillos blanquearon al aferrar los brazos del sillón—. Pero necesitamos… estabilidad. —Hizo una pausa, tragando en seco—. Te casarás con Ethan Swing. La risa me estalló antes de poder contenerla. Un sonido agudo, estridente, que hizo que el gato Persa de mamá huyera bajo el sofá. —¿Ethan? —jadeé, secándome las lágrimas fingidas de risa—. ¡Vamos, papá! ¿Es una broma de mal gusto? Él se inclinó hacia adelante. En sus ojos, siempre imperturbables como un lago en verano, vi algo nuevo: grietas. —Andrea… —mi nombre sonó a advertencia y súplica a la vez—. Esto no es negociable. Me levanté tan bruscamente que la silla de caoba se tambaleó y cayó con un estruendo. El sonido resonó en la biblioteca como un disparo, haciendo vibrar los cristales de la vitrina donde exhibían el trofeo de "Mejor Cadena Hotelera 2005". —¡No me casaré! —declaré, clavando los talones en la alfombra persa que mamá compro Mamá se acercó a papá, sus dedos entrelazándose con los de él sobre el escritorio de ébano, como si unirse pudiera contener la tormenta que se avecinaba. —Los hoteles se irán a pique —dijo mamá, su voz un hilo frágil que se enredaba en el crujir del vestido de seda al moverse—. El banco nos los arrebatará… y con ellos, todo lo que somos. —¡Vendan la mansión! ¡La de los Hamptons, la de París, todas! —grité, señalando los ventanales que enmarcaban el jardín donde jugaba de niña—. ¿Por qué sacrificar mi vida en vez de las propiedades? Porque no vamos a vender nuestras casas hija, nadie sabe que estamos en banca rota, si vendemos y nos mudamos a un apartamento seríamos la burla - dijo mamá preocupada La burla, mamá te estás escuchando yo prefiero eso a tener que casarme y de esa forma podemos seguir con los hoteles - dije sería No, aunque vendemos las mansiones no llegaríamos a pagar la deuda, hija yo quise evitarlo, pero no pueden ayudarnos, el único que se hizo disponible a prestarnos la cantidad que debemos y un poco más fue Ethan Swing - dijo papá Eso soy para ti papá, tu princesa, tu hija, tu consentida, solo soy una moneda de cambio - dije molesta Papá se desplomó en el sillón, su corbata desanudada colgando como un lazo roto. Las páginas del contrato de préstamo yacían rasgadas en el suelo, sus letras legales convertidas en confeti de derrota. —Pedí un préstamo a seis bancos —susurró, pasándose una mano por el rostro donde la barba de tres días asomaba como maleza en un jardín abandonado—. Ethan fue el único que abrió la puerta… pero con una condición un acuerdo matrimonial - dijo papá preocupado Un acuerdo matrimonial, carajo padre - dije molesta No uses ese lenguaje, Andrea. Las damas no… Mamá en este momento me importa un comino el vocabulario, están hablando que ustedes aceptaron un acuerdo matrimonial con Ethan y saben que, es un simple desconocido - dije molesta —Estudia contigo, hija —repitió, como si la frase fuera un hechizo para convencerse—. Comparten clases. Cafetería. Bibliotecas… —¡Compartimos oxígeno, papá! Eso no lo hace mi confidente —corté Si claro papá, estudia conmigo, pero no lo trato, ni siquiera se quién demonios es, solo se, lo que los medios dicen y todos sabemos que eso nunca es verdad ellos no son confiables sencillamente quieren vender la noticia - dije molesta Pues hija debes conocerlo mejor, por qué tienes un lapso de dos meses para conocerse y casarse - dijo mamá - voy a preparar la boda Mamá ¿Es que te has vuelto loca? - dije dando vueltas en la oficina - yo no me voy a casar Hija está boda no es una elección, es tu obligación y es una orden - dijo mamá sería Tu harías cualquier cosa por no estar en la habladurías de la elite, tus supuestas amigas no pudieron ayudarte con esto, ahhh cierto seguro ni les dijiste, para evitar el bochorno de esta situación o me equivoco madre - dije sería Hija no le hables así a tu madre - dijo papá Claro, no puedo ni opinar sobre algo que ella está decidida a hacer, papá me quieren casar con un desconocido, es que acaso no puedo decir que esto es una locura, vendan las propiedades, pero no, es más fácil casarme a mi - dije molesta No es lo más fácil hija, tu sabes que eres mi tesoro, pero es la única oferta que tenemos, es eso o quedarnos sin los hoteles y sabes el sacrificio que ha echo la familia por los hoteles - dijo mi papá SACRIFICIO Y AHORA TU MANDAS A LA ORCA A TU PROPIA HIJA - Grite molesta No le levantes la voz a tu padre, así no te hemos educado Andrea Smith, ahora te calmas - dijo mi madre molesta No mamá, no me voy a calmar, es mi vida la que está en juego, acaso no lo ven - dije con lágrimas en los ojos, las misma que quería retener pero no puedo con la impotencia - No me voy a casar Andrea - dijeron mis padres al unison, al verme salir de la habitación Fui a mi habitación al cerrar la puerta de mi habitación, el silencio fue breve. Las paredes color lavanda —pintadas el día que dejé de ser "niña"— ahora me asfixiaban. El teléfono yacía entre sábanas arrugadas, junto al diario donde anotaba mis sueños antes de que los hoteles los devoraran. Los audífonos, con su cable enredado como una serpiente negra, fueron mi salvoconducto. —¡Andrea Smith! —La voz de mamá atravesó el pasillo como un cuchillo. Sus pasos resonaron tras mí, pero ya estaba en las escaleras, envuelta en el eco de "Fix You" de Coldplay que estallaba en mis oídos. —No hemos terminado de hablar —dijo, clavando sus uñas en mi brazo con fuerza de quién sostiene un tesoro a punto de hundirse. —Tú no has terminado. Yo ya no tengo nada que decir —contesté, soltándome de su agarre Tu no puedes desobedecer en esto Andrea - dijo mamá al verme tomando el pomo de la puerta principal No me casare ni por error madre - dije y salí de la casa, tome el auto y me dirijo hacia el mirador de la ciudad, al llegar estaciono y me quedo en el auto un rato ¿Cómo es posible? Los hoteles en mi familia son importantes, es nuestro desde que mis tatarabuelo compro un terreno y fue construyendo un hotel, y así sucesivamente hasta tener lo que hoy tenemos o teníamos, muchos hoteles 5 estrellas muy elegantes en diferentes partes del mundo en total de 38 hoteles, ¿Cómo es posible estar en quiebra? ¿Cómo es posible que lo vamos a perder? debe haber otra solución, yo no me pienso casar con Ethan, ni siquiera lo conozco, solo se que es hijo de Arnold Swing y que es su heredero, pero que Ethan tiene un rubro diferente algo referente a vehículos, mi coche me lo compraron ahí, el diseña los vehículos con su marca especial, que son las sus iniciales EW, incluso su vehículo es único nadie lo puede tener ya que es diseño propio, y que sigue estudiando en la universidad, pero es todo lo que se de él ¿Por qué pidió una oferta matrimonial? me voy a volver loca Decidí salir del carro y veo las malditas iniciales de su nombre y apellido en el capo y en el tren delantero, como se de carros se lo debo a mi mejor amigo, que me vuelve loca con eso ¿Que haces acá? - dijo Gustavo el es alto, bueno todo el mundo es más alto que yo que soy una Minion flaca, ojos miel, y pelinegra con reflejos morados Nada - dije mirando la naturaleza y la ciudad desde esta altura No me mientas enana - dijo Gustavo mirándome a los ojos - sabes que eres muy transparente, tus ojos te delatan ¿Me contarás o me tocará adivinar? Jamás adivinarías Gus - dije y suspire No creo que sea tan malo - dijo Gustavo Es literalmente llevarme a la orca - dije con un puchero No seas exagerada Andrea - dijo Gustavo y al ver mi expresión - Enana que es lo que te preocupa Es que, creo que me tocará casarme - dije y el se quedó mudo

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