El Precio del Juego Damián El violonchelo n***o descansaba contra mi hombro como una extensión de mi propio cuerpo, las cuerdas vibrando bajo mis dedos con una melancolía que hacía juego perfecto con mi estado de ánimo. Bach fluía desde el instrumento como sangre de una herida abierta, cada nota cargada con la frustración que había estado acumulándose desde el viernes por la noche. Tres días. Tres malditos días desde que había marcado mi territorio de la manera más primitiva posible, y la satisfacción que esperaba sentir se había convertido en algo mucho más complicado. —¿Sabes? —la voz de Alejandro cortó a través de la música como un cuchillo afilado—, he visto muchas de tus crisis existenciales a lo largo de los años, pero esta es particularmente dramática. Dejé que el arco se desli

