Destinos Cruzados Damián El whisky se deslizó por mi garganta como fuego líquido mientras mis ojos permanecían clavados en las múltiples pantallas frente a mí. El sistema de seguridad del edificio de Valentina había caído como un castillo de naipes, y ahora tenía acceso visual a cada pasillo, cada entrada, cada maldito rincón de su mundo profesional. Era viernes. Normalmente, a esta hora ya estaría preparándome para ir a La Jaula, ese club subterráneo donde podía cazar alguna víctima dispuesta, decirle a Alejandro que hiciera su papel de novio celoso, y completar mi rutina semanal de autodestrucción s****l. Pero hoy era diferente. Hoy tenía entretenimiento mucho más interesante en estas pantallas. El sonido familiar de tacones atravesando mi oficina me hizo cerrar todas las ventanas d

