Animales y Serpientes Damián Tres horas de sueño. Era lo máximo que había logrado, y solo porque mi cuerpo había cedido al agotamiento. Desde pequeño había aprendido que dormir demasiado era un lujo peligroso, una vulnerabilidad que podía costarte todo en el mundo en el que crecí. Tres horas era suficiente. La herida punzaba con cada movimiento, recordándome la estupidez de anoche. No el hecho de haberme interpuesto—esa decisión la tomaría mil veces más. Sino la manera en que había manejado todo después, la forma cruel en que había cerrado cualquier puerta que pudiera haberse abierto entre nosotros. Estaba sentado frente a mis pantallas de monitoreo, revisando los reportes de seguridad de la noche, cuando Belial decidió que necesitaba atención. El gato saltó elegantemente sobre mi escr

