07: Las tres pequeñas perras.

4683 Palabras
Es imposible que mis tareas laborales hayan empezado de nuevo, a mi parecer el fin de semana pasó demasiado rápido, apenas y pude sentir una pequeña sensación de descanso. Mientras más pasa el tiempo, cada vez los días se ven más cortos, cada vez los fines de semana se irán en un pestañeo, y los años pasarán en una siestas de media tarde, cada momento icónico que podría llegar a tener nuestra vida se irá tan rápido como una estrella fugaz, apenas dejando un leve destello en el firmamento nocturno, por lo menos para demostrar que estuvo ahí, para que siquiera pudiéramos saber qué existió. La semana había sido lo suficientemente rápida y asfixiante. Mis días se fueron transformando en reuniones que parecían nunca acabar sobre el nuevo método aprobado para la semana de exámenes, ya que mis estudiantes estaban en último año, sus notas definirían a que universidad podrían asistir, y si los padres los deseaban podían aplicar a los exámenes universitarios en vacaciones, para tener la oportunidad de ser los primeros en aplicar. Si yo fuera la suprema autoridad del país, haría cárceles para los padres que sobre exprimen a sus hijos académicamente. No señora Shelly, no está potenciando a su hija, la está traumado y sentenciandola a un fracaso inexistente solo si no está empezando una carrera a los dieciocho años, porque usted haya sido criada por unos padres descendientes del mismísimo averno, no debería hacer lo mismo con su hija. Maldita loca. Había dejado mi maletín y mi abrigo sobre mi escritorio, la bufanda la había olvidado en el auto, y definitivamente no iba a volver por ella. Me dirigí a la oficina de Benjamin, ya que aún era algo temprano, como siempre estaba en su escritorio atrapado sobre unas cuantas carpetas llenas de papeles. — Buenos días, querido director- le saludé mientras me dirigía hacia los cafés. — Buenos días Kalem- dijo tranquilo-. ¿Qué tal el fin de semana? No habías venido por aquí como es de costumbre- su voz sonaba agotada, parecía muy perdido en su mundo. — Lo mismo de siempre, pedir comida a domicilio, dormir y quizás ir a un buen café a escuchar poesía improvisada- dije mientras me servía una taza del elixir n***o. — Tienes que aprender a cocinar un día de estos, no puedes sobrevivir para siempre de los restaurantes- parecía un especie de regaño, pero no se escuchaba así. — Te aseguro que me iba peor cuando estudiaba y tenía que comer a fuerza lo que preparaba- una sonrisa ronca salió de su garganta. — Tienes razón, pasaste un tiempo sobreviviendo solo de pan y galletas, por tu propio bien- sus ojos seguían perdidos en el papel que estaba firmando. — Benjamín- lo llame y me observó por primera vez, sus ojos azules estaban bajo unas notables ojeras, su cabello a pesar de estar una fuerte capa de gel, se veía desaliñado y le faltaba uno de los gemelos de su camisa-. ¿Te encuentras bien?- le pregunté con el ceño fruncido. — Sí, solo ha sido una semana difícil con lo de la pelea que paso en tu aula, los padres quieren demandar, y estoy intentando que eso no suceda, al fin y al cabo la chica no salió tan lastimada, solo un labio partido, moretón en el ojo, y una nariz un poco magullada- de su garganta salió una exhalación de cansancio-. Pueden perder la demanda, pero su hermano es juez del distrito y no quiero arriesgarme a eso. — ¿Quieres escuchar lo que haría en tu lugar?- le pregunto mientras bebo un gran sorbo de la taza de café. Sus ojos parecían obtusos, pero de igual manera asintió. — ¿Qué harías?- se levantó de su escritorio y fue hacia mi dirección con pesadez. — Mandaría a ambos estudiantes al diablo- sus ojos mostraban confusión-. Braham por obvias razones, agresión, y Shopie Reeve… por acoso escolar- dijo tranquilamente mientras sus ojos se abren un poco en sorpresa. — ¿Acoso escolar?- volvió a preguntar. — No sé hasta qué punto, pero creo que a intimidando a varias chicas, tu futura nuera entre ellas- sus ojos seguían abriéndose cada vez más, mientras mis palabras se deslizaban. — ¿Acoso a Ciara?- su cara, más allá del cansancio se veía descolocada quizás por la noticia. — Verbalmente. Típico complejo de la chica popular, cuando ve que alguien nuevo entra a su entorno y este no le parece relevante, lo ataca. A Bárbara Braham le hacía lo mismo, ella y su grupo se burlaban de ella, al igual que de Ciara, la diferencia es que Ciara nunca les prestó atención, es excelente estudiante por cierto- dije mientras me dirigía a su ventana. — ¿Por qué no me lo dijiste?- su rostro parecía el de un papá furioso, pero es un poco exagerado, quizás el rostro de un Pug pidiendo alimento. — No había tenido tiempo, la semana pasada estuve repleto de trabajo, y está semana no se queda atrás, hoy tengo una excursión con ellos por cierto, será un pequeño break antes del fin de semana que nos espera- su mirada se ve confundida-. ¡Tenemos que venir todo el fin de semana condenado imbécil! — ¡Ah! Cierto, semana de exámenes. — Semana de exámenes en la cual pasamos tres fines de semana seguidos para organizar los putos horarios- le recuerdo. — Sabes que es necesario. — Necesario mi culo, ¿No es más fácil enviar un maldito PDF?- siempre le recrimino esto cuando empezamos a venir toda la endemoniada semana. — Planearemos eso el siguiente año, hay muchas quejas aparte de la tuyas. — Me siento indignado, me he quejado por años, no haces nada, vienen otras personas y haces algo al respecto, ¿Dónde queda nuestra amistad?- me río con evidente sarcasmo. — Basta, acerté la víctima no es lo tuyo, eres más de ser el victimario- en su cara salió una pequeña sonrisa. — Me conoces, aunque ya han pasado esos días- dije devolviéndole la sonrisa-. Bueno, volviendo a tú aflicción, tienes algo con que defenderte, puedes investigar un poco más, pero mi consejo, mandalas al carajo- dejó la taza de café sobre la pequeña mesa para salir de la oficina. Tome asiento en mi escritorio, empecé a revisar los permisos de mis estudiantes, hice llamadas al museo para concordar que tuviéramos un guía, aunque la mayoría del tiempo yo hablaría sobre la cultura egipcia y sus antiguos ritos. Al final de la clase, los dejaría ir a dónde quieran durante una hora para después comer en una cafetería que se encuentra al lado del museo. ~°~ Divage la mayor parte del tiempo. Mi mente no estaba completamente cuerda, mis pensamientos irregularmente terminaban en Ciara. La mayor parte de la semana pude seguir mi tarea de observarla por pocos momentos, la observaba a lo lejos, mientras pasaba de un pasillo a otro, y con pequeños encuentros de nuestros ojos en esos pequeños intervalos de tiempo. Lo que había pasado el viernes era algo sumamente peligroso. A pesar de que no es la primera vez que una estudiante intenta seducirme. Ciara no lo hizo en el instituto, por más que le dí vueltas, todo parecía casualidad, todo parecía un sucio truco del destino. Desde el punto de vista crítico, dudo que yo le atraiga, quizás me vea como un juego, un capricho, un reto, o incluso una venganza. Tendría sentido, mi amigo de cierta manera quería mantenerla vigilada, la están obligando a casarse con su hijo, y quizás sería bueno que él se sentiria traicionado por mi, la persona en la que confío en su seguridad. Sentí asomarse un pequeño dolor de cabeza, así que me alejé de todos los papeles, casi era la hora de salir, tenía que empezar a preparar todo. Llame al señor del autobús del instituto, le dije que salíamos en unos treinta minutos, rectifique el aperitivo que se les daría a la mitad del recorrido y ya simplemente me faltaban los estudiantes. Camine por el pasillo, mi cuerpo no se sentía el mismo, quizás la falta de nicotina en mi interior, no había fumado desde anoche, quizás por eso la presencia del dolor de cabeza, quizás el mal humor, quizás todo puede irse al diablo de una vez. Respire hondo, analice mi entorno y este no era el lugar para ser un adolescente, soy un adulto, puedo ir a quejarme de mi asquerosa vida en un bar cuando haya terminado mis pendientes como cualquier persona adulta. Tragar mis problemas y ahogarlos bajo una gran cantidad de alcohol. Llegué al aula, todos estaban conversando entre sí, todos parecían animados, así que decidí contagiarme de su actitud, porque sino podría mandarlos a la mismísima mierda también. — Buenos días chicos- los saludé y todos respondieron alegres-. Bueno, hoy tenemos una excursión, ya conocen las reglas, cuiden sus cosas, la institución no se hace cargo si pierden sus objetos personales. Iremos en un grupo grande, ya no son niños para ir en pareja. — Oh profesor- se quejó Jayden-. Pero yo quería que fuéramos en parejas- se rió. — Si pues, no estamos en primaria, creí que ya sabrían eso con los exámenes para aplicar a la universidad en sus cuellos- dije cantarinamente y pude notar la preocupación en la mayoría de los rostros-. Tranquilos chicos, se que les irá excelente, y no hay nada malo en no pasar un examen, aún tienen mucho tiempo- sus caras se suavizaron un poco-. A no ser que quieran ser un come libros como yo, entonces sí tendrían que pasarlo- se escucharon unas cuantas risas. — ¿A qué edad entró a la universidad profesor?- preguntó Liz una de las pocas que se sentaba atrás. — A los diecinueve- dije divagando, no recordaba si era a esa edad o a los dieciocho-. Cómo ven, no tienen nada de qué preocuparse si entran después a una universidad. — ¿Pero solo hizo su diplomado en educación?- preguntó Liz nuevamente. — Mi diplomado en educación fue lo último que hice, primero estudié historia contemporánea, luego artes antiguas, al mismo tiempo realizaba una licenciatura en historia, por suerte pude graduarme de ambas al mismo tiempo, estudié literatura inglesa con unas cuántos cursos extras, y al final tuve que hacer un examen para ver si era apto para enseñar, lo aprobé y hace unos años tuve mi diplomado en educación- sonará impresionante, pero faltaban tantas cosas que quería estudiar, hubiera querido hacer un doctorado en literatura inglesa, pero ya estaba trabajando aquí y el tiempo de este lugar es bastante corto. — ¿Cómo pudo estudiar tantas cosas?- preguntó Jayden. — Fue un poco difícil, pero me gusta aprender, nunca se me ha hecho difícil, supongo- todos me miraban con los ojos muy abiertos, casi con admiración-. Bueno, es hora de irnos, tomen sus cosas. En especial sus abrigos, está haciendo bastante frío. Todos empezaron a salir del aula, y me quedé en el interior hasta darme cuenta que estaba completamente solo en el lugar. Caminé alejado de ellos, mi humor estaba siendo disimulado, pero podía ser irritado muy fácilmente. La falta de nicotina en mi interior, hacía que mi verdadera personalidad se mostrará un poco, engreído, grosero, y poco tolerante, para no decir cero. Estaba en mi trabajo, no iba a permitir que los vicios echarán a perder mi reputación como docente, solo debía concentrarme, era todo lo que tenía que hacer. Habíamos llegado al frente instituto, todos los chicos habían hecho dos filas una de chicas y una de chicos, el autobús estaba al frente con las puertas abiertas, pero estaban esperando mis instrucciones, y así mientras cada uno de ellos pasaba, yo solamente me quedo a observando el cielo, no estaba nublado, pero la fuerte brisa propiciaba algo diferente, no parecía que fuera a nevar en ese momento, tal vez en la noche podría caer la nevada, mientras cada uno está disfrutando de su sueño acogedor, podrían estar siendo sepultados por una cantidad monstruosa de nieve. Cuando todos estábamos dentro, no me fijé mucho en sí hacían ruidos, o si estaban hablando, sí estaban cantando, si alguno se tiraba por la ventana. La verdad mi mente estaba bastante dispersa, quería concentrarme principalmente en no meter la pata, y en quedar con la clara imagen de profesor bueno y amable que teníamos. A la mitad del camino me di cuenta que no había verificado quienes habían asistido al recorrido, ya el era un porcentaje de su nota me ví en la obligación de pasar lista. Mis labios iban nombrando los apellidos, lento y sin emoción, solo esperaba escuchar al otro decir presente para poder marcar su asistencia. — Reeve- nombre sin querer-. Disculpen, se me olvidó… — Presente- me interrumpe su voz. — Señorita Reeve- me sorprendí al mirarla, obviamente esperaba un estado más dañado si sus padres planean demandar, pero no sé ve tan lastimada-. Creí que estaba de reposo- mencionó luego de un momento. — No me parecía necesario faltar a más clases, y no se preocupe, estoy perfectamente bien- en su rostro se dibuja una sonrisa juguetona, y observaba a sus amigas. — Bueno, es su decisión a final de cuentas- regreso mi vista a mi portapapeles con la lista. Seguí nombrando apellidos conocidos hasta llegar al último, habían cortado su nombre para agregarlo, mientras se arreglaba la nueva lista, el nombre parecía tan diferente, aunque tuviera la misma fuente de los otros, se sentía diferente, ella era diferente. — Devine- mencioné y al minuto escuché su afirmación. Por alguna razón pensé que no asistirá, ella podría pasar la metería tranquilamente sin asistir a esto, y lo pensé principalmente porque no es como si se llevara medianamente bien con sus compañeros. No le di tantas vueltas, la cabeza me comenzaría a doler si seguía gastando neuronas en pensamientos innecesarios. ~•~ Los treinta minutos de recorrido los sentí un poco refrescantes, quizás porque dormí todo el camino, o quizás porque me puse unos audífonos para evitar que cualquier ruido me molestaba. Al llegar al museo, nos estaba esperando un guía, se veía amable y bastante dinámico, lo que era excelente porque si hablaba muy lento podría irritarme más de lo que ya estaba. Mientras el guía que luego descubrimos se llamaba Harry, les hacía unas cuantas preguntas básicas, escape un momento a un pequeño quiosco en busca de cigarrillos, compré la cajetilla y encendí uno con rapidez, pero lo apague tan pronto le di unas cuantas caladas, no podía dejarlos tanto tiempo solos. Volví a entrar y por suerte estaban en el mismo sitio. La excursión empezaba por la exposición de los Frizos del partenón de Atenas. Harry hablaba de la historia, sobre como durante la guerra con los otomanos el partenón quedó destruido por los cañonazos de los turcos, y como el partenón se describe como una verdadera obra de arte, tal como el palacio de Catalina en Rusia. Seguimos pasando por varias exposiciones, ilustraciones de cera, esculturas, hasta que finalmente llegamos a la sección egipcia. — De acuerdo, gracias señor Harry, ya a partir de aquí tengo que dar la clase, no me voy a quedar sin trabajo por dejarle toda la responsabilidad a usted- el hombre se ríe amablemente y agradece-. Chicos, continuemos en lo que ya deberíamos de saber- todos empezaron a observarse expectantes-. ¿Qué le sucedía a los faraones o a los miembros de esta decadencia real al morir?- todos levantaron la mano como si fuera una competencia, menos la señorita Reeve-. Señorita Reeve- ella me observó-. Por favor, diga su respuesta. — Se les enterraba, y los convertían en momias- sus amigas se rieron un poco por su tono desinteresado. — Menos dos puntos en el exámen- sus ojos giraron en desagrado-. ¿Alguien con alguna respuesta menos insípida?- Ciara levantó la mano y le di la palabra- Devine. — Al momento de morir los faraones se les hacían tumbas, estás tenían las paredes llenas de jeroglíficos que se decía era para las almas fueran a su juicio con Anubis, que era el Dios de la muerte. Sus tumbas se llenaban de tesoros para pagar el precio que fuera llegar al otro lado. Y a parte, se les practicaba el método de la momificación, que era embalsamarlos en sus sarcófagos y estos eran depositados en una habitación en específico de la tumba. Sus ojos me observaban con desinterés, aunque había algo distinto en ellos, quizás, un brillo diferente. Sus labios se seguían moviendo para seguir formulando la respuesta a mi pregunta, por alguna razón mis ojos empezaron a poner mucha más atención a los detalles de su rostro que a lo que me estaba diciendo. Empecé a perderme en sus largas pestañas, la forma en cómo se movían con tanta delicadeza. El arco de cupido que forma sus hermosos labios, tan rosados y brillosos. Su pequeño lunar, cerca de sus labios, casi en su mejilla. Sus labios habían dejado de moverse, había dejado de hablar y yo no había escuchado la mayor parte de lo que me había dicho. — Excelente respuesta, señorita Devine- dije al volver en sí. Seguimos observando la exposición egipcia. Seguía preguntando aleatoriamente y me perdía en mis pensamientos cuando se extendían demasiado. La lección terminó y todos empezaron a dispersarse por el lugar, les di una hora para que vieran lo que quisieran. Los observaba mientras se marchaban en sus grupos y solo pude ver como su melena oscura desaparecía entre las columnas de mármol del lugar. Divage un buen rato. Solo seguía el camino que dibujaba mi sombra en el brilloso piso del lugar. Es sorprendente como los limpiadores son tan eficientes, si fuera una mujer con tacones afilados patinaría como los profesionales de Rusia, y ganaría una medalla de oro solamente por casi romperme el cuello. La divina esencia del s******o, la magnífica sensación de como tú vida se desvanece, se deteriora, y se escapa de tu interior. Oh, es sublime. Podría definirlo como un buen cigarrillo en la madrugada, con un café tibio, sentir como la brisa de la madrugada te acaricia la piel, y hace que el calor de tu interior se sienta mucho más atrayente. Levanté mi vista, y me di cuenta que no sabía dónde estaba, el pasillo era largo tenía varias pinturas abstractas que se basaban en colores atrayentes con sombras. Me detuve en la esquina para empezar a regresar por dónde vine, pero unas voces llamaron mi atención. — Deja de intentar asustarme, no tienes idea de lo que soy capaz- escuché la voz de Ciara, su voz estaba sería y firme, casi amenazante. — No estoy intentando asustarte, solo quiero que sepas que hay consecuencias por tus malditas idioteces, huérfana- dice Sophie. — ¿Se supone que tú serás mi consecuencia?- su tono era de completa burla-. Ni siquiera voy a gastar mis palabras en alguien que no las merece, ni siquiera vales mi tiempo- escucho el sonido de sus pasos, pero escucho una especie de forcejeo-. ¿Acaso no tienes los suficientes ovarios que te tienen que ayudar tus perros falderos? — Por lo menos tengo personas que me apoyan, no como tú que manipulas a los demás. — No lo haces porque tú cerebro no tiene la capacidad para saber manipular a nadie. No quisiera decirte que eres el básico prototipo de rubia plástica sin cerebro, pero la mayoría de rubias que he conocido son muy inteligentes y hermosas, tu solo tienes el tinte, porque tampoco tienes el cuerpo, cariño- podía sentir de alguna manera su sonrisa de superioridad al momento que Shopie se quedó callada, pero lo siguiente que pude escuchar fue el sonoro sonido de un golpe. — Te aseguro que nunca conocerás a una rubia como yo- dijo luego de una fuerte carcajada. — Las que conocí tenían clase, a ti solo te queda el apellido de tus padres, que solo has puesto en ridículo con tus faltas, y materias perdidas, que triste que nunca podrás salir de la gran abismo que ha hecho tu hermana ¿Cierto?- el lugar quedó en un completo silencio-. Debe ser difícil ser solo una decepción, cuando tú hermana es el orgullo de tus padres, cerrando negocios internacionales ¿Y tú? apenas le has dado un tonto trofeo de un campeonato de voleibol- de su garganta broto una risa muy vengativa. — ¡Cállate o te golpeare de nuevo!- amenazó bajo. — Hazlo, así me darás otra razón para demandarte y te aseguro que ni aunque tus padres llamen a la mismísima reina vas a poder salir de esta. — ¡Maldita huérfana!- grita y salí de mi escondite. Shopie Reeve tenía los ojos rojos, parecía estar contenido sus lágrimas, mientras su mano había quedado congelada en el aire, la señorita Scott y la señorita Ford tenían atrapada a Ciara de los brazos. Las tres habían quedado congeladas al observarme, me acerqué peligrosamente a sus cómplices para que soltaran a Ciara, básicamente las empuje para que se alejaran de ella. El cabello de Ciara estaba esparcido por su rostro, tenía la mejilla izquierda roja y probablemente se convertirá en un moretón. Si piel dersa y suave se veía muy maltratada, seguramente nunca habia sufrido un golpe de otra persona, su blanca piel estaba siendo manchada por un rasguño carmesí que cambiaría por un moretón de color morado, y eso me enfurecía de manera descomunal. — Las tres, regresen al autobús, inmediatamente, serán enviadas al instituto para que las expulsen- les ordenó mientras pongo de pie a Ciara, está no me observaba. — Profesor De’Ath- hablo Sophie-. Dudo mucho que quiera mandarme nuevamente a la dirección, mis padres están demandando a la institución, no creo que quieran otro problema conmigo- su sonrisa reflejaba cinismo, pero la verdad no tenía ganas de seguir siendo el profesor tranquilo y amable, no con ella. — Me interesa una cantidad exorbitante de mierda lo que tú creas. Así que por primera vez en tu asquerosa y mal planeada vida tienes que obedecer, no me interesan tus padres, ni las bajas amenazas que tu sucia boca pronuncien, si te dije que te fueras al maldito autobús, ahí en dónde tiene que estar tu plano trasero ¿Entendió señorita Reeve?- no me había dado cuenta que me había acercado tanto a ella, sus ojos volvieron a cristalizarse y me observaba con miedo, casi la había arrinconado contra la pared. Me alejé y ellas pasaron rápidamente tras de mí, podía escuchar sus pasos apresurados y cuando ya no fui capaz de seguirlas escuchando, me volví hacia Ciara la cual seguía estática en el mismo lugar. — ¿Te encuentras bien, Ciara?- le pregunté al estar más cerca de ella. — Si Kalem, no es la primera vez que alguien intenta pisarme- se acomodo los mechones sueltos de cabello, se limpio la falda de su uniforme y se cómodo el moño de su corbata. — Te llevaré a tu casa, o, a dónde quieras, pero primero me encargaré de estás pequeñas imbéciles. Tomé mi celular, mandé un mensaje por el grupo para que todos se dirigieran al autobús, llamé a Benjamín y le informé de la situación, se alteró y dijo que iba a demandar a la familia Revve, yo solo le dejé el trabajo difícil. Teníamos que ir en el mismo autobús, por más que quisiera salir velozmente de ahí, nadie sabe de la conexión que tiene Ciara con Benjamin y mucho menos conmigo. El viaje se sentía eterno, vi como las tres pequeñas perras se sentaron al final del autobús, y hablaban entre ellas. Ciara se sentó cerca de una ventana, ocultaba su mejilla con su cabello y yo solo quería fumar un cigarrillo para que se me pasará el coraje. Llegamos al instituto, todos tomaron sus cosas y se marcharon, yo me encargue de llevar a esas tres pequeñas idiotas a la oficina de Benjamin, el cual ya estaba hablando con sus padres. Benjamín me pidió que explicara la situación, hablé de todo lo que había visto y les dije que no podía traer a Ciara porque había que llevarla al médico. Todos los padres estaban completamente decepcionados, querían defender a sus hijas, pero cuando les dije que las seguridad del museo me enviarían todo dejaron de pedirlas. Fui a buscar a Ciara al salón de clases, pero ella no estaba, todo el lugar estaba desolado, así que empecé a buscarla por todos lados. Revisé en cada lugar que se me ocurrió, y finalmente terminé quedándome en la azotea fumando un cigarrillo para tranquilizarme. ¿Cómo es posible que se allá ido si la iba a llevar al médico? Las clases acabaron, el trabajo había acabado, solo quedaba yo en aquellas paredes institucionales, ni siquiera había logrado notar que ya había consumido las dos cajas que había comprado en el pequeño quiosco del museo. Baje de la azotea, el cielo estaba empezando a nublarse, como siempre las nubes me seguían, o mis pensamientos esquizofrénicos me hacían creer eso. Subí al auto y empecé a conducir directamente a mi departamento, quería tomar una ducha, comer una pizza y asfixiarme con nicotina. ~°~ Subí a mi departamento, mientras me dirigía a quitarme la ropa llame al restaurante, para que me trajeran una pizza familiar con extra queso y extra pepperoni antes de que la nieve empezará a caer. Me metí a la ducha cuando me habían confirmado que mi pedido estaría en mi puerta en veinte minutos. El agua empezó a deslizarse por mis músculos, aún tenía mucha tensión, me sentía demasiado molesto por como se había transformado toda la situación, había perdido el control, no se que hubiera pasado si no me fuera detenido, quizás estaría sin empleo. El agua ayudaba a calmarme un poco, pero él tenía un deseo punzante de golpear a alguien. Salí de la ducha, y solo me vestí con mis boxers oscuros y un mono de chándal, encendí mi televisor y coloque un canal de caricaturas, quería reírme de algo, para que mi humor mejorará, sino me dolería la cabeza el resto de la tarde. Busque una de mis cajetillas de repuesto, la coloque en mi mesa de noche y antes de encender el primer cigarrillo, mi puerta sonó. Mi cabello seguía escurriendo agua, las pequeñas gotas se deslizaban por mi espalda desnuda, lo que me provocaba una sensación de escalofrío. Busqué mi billetera y abrí la puerta mientras buscaba el dinero. — Le daré una buena propina por haber venido antes- dije al conseguir el billete. — No necesito una propina, pero esperaba que me dejara pasar- levanté mi mirada hacia esa dulce voz familiar. — Ciara- Estaba en mi puerta, con un vestido sencillo y suelto junto con los guantes que le di y una chaqueta bastante gruesa, su cabello estaba húmedo y pude notar el color vinotinto de sus labios pero nunca pude descifrar si era por el frío o por una pintura de labios. — Hola, Kalem- dijo despacio, llevaba lo que parecía ser mi pizza en una mano y una botella de vino en la otra. — ¿Te gustaría pasar?- pregunté sin entender la situación. — Me encantaría…
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