Pude sentir un pequeño destello cálido deslizándose por mis persianas, ocasionalmente, para no decir mayormente, mi habitación se encuentra a oscuras, pero algo era diferente está mañana que los rayos de sol parecían fugarse al interior del cuarto.
Me levanté torpemente de la cama. Sentía como mis sienes palpitaban, así que busqué aún medio dormido una pastilla y un vaso de agua.
Al ingerir el medicamento me sentí más aliviado, aunque, aún no se iba el dolor, solo faltaba esperar que este se desvaneciera.
Coloque mis manos sobre la encimera de la cocina observando mis pies, esperaba que mi cabeza dejara de doler tan brutalmente. Levanté la vista observando la sala y no entendía lo que mis ojos me transmitían.
Mi sala tenía una botella de whisky vacía sobre la mesa del centro, estaban mis pantalones en el suelo, mis calcetines y mis zapatos.
Empecé a recoger mi ropa, el inclinarme hacia abajo provocaba un poco de presión sobre mi frente, levanté la prenda, y presione mis dedos contra mi cabeza, por el pequeño pinchazo que me atravesó la frente.
Mi vista se difuminó un poco, pero regreso tranquilamente.
Iba a seguir recogiendo las prendas del piso, cuando mis ojos se quedaron perplejos observando unos zapatos de tacón n***o, más allá de la mesita estaba una prenda que parecía ajustada, quizás un vestido.
Regrese a mi habitación lo más rápido que pude sin hacer ruido.
En mis sábanas azules se veía una cebellera oscura sobre la almohada, una piel magestuosamente blanca que parecía porcelana, su cuerpo estaba cubierto hasta la cintura con mis cobijas, y su cuerpo estaba siento arropado con mi camisa de la noche anterior, los primeros botones estaban sueltos provocando que su sujetador se mostrará ligeramente por la pequeña abertura de lo botones.
¿Ciara?
Era más que obvio, no había recordado haber estado con otra persona aparte de ella.
— ¿Que demonios paso anoche?- susurré.
Intenté recordar lo más que pude, a pesar que mi dolor de cabeza parecía haberse hecho peor.
Mis recuerdos empezaron desde que estaba hablando con Ciara, reíamos mucho, demasido, estaba empezando a sentirme más ebrio de lo normal, ella se veía preciosa, olía a vodka con manzana lo cuál me atraía peligrosamente.
En un momento, mientras buscaba otros cigarrillo sus manos se pusieron en mi cuello, y me atrajo a sus labios, lo cuales eran suaves, delicados, y extrañamente rápidos moviéndose sobre los míos.
Sus cálidos labios, se sentían como el cielo, aunque todo estaba mal, toda la situación era incorrecta, todo era demasiado incorrecto.
La alejé de mí, luego de unos segundos, antes de que la sensación fuera mucho mejor, antes de que sus labios se convirtieran en mi perdición, antes de que su sabor se volviera una necesidad.
Recuerdo que no dijimos nada, hicimos como que no pasó nada, quizás por la cantidad de alcohol que habíamos consumido, o simplemente nos parecía divertida la situación.
¿Me parecía divertida? No lo sé honestamente, posiblemente más confusa que cualquier otra opción, pero de igual manera no dijimos nada, como si… hubiera sido una acción que hiciéramos a diario.
Seguimos hablando y riendo, en un punto llamamos a un conductor el cual nos trajo a mi casa, pero mi memoria no logra recordar después de pagarle.
Me froté los ojos con la yema de mis dedos, no podía creer mi falta de juicio luego de unos tragos, usualmente recuerdo cada cosa que hago, usualmente no haría estás cosas.
— Me lleva el carajo- susurré de nuevo para no despertarla.
Ciara empezó a revolverse sobre mis sábanas de forma lenta, su cuerpo parecía estar tomando la decisión si levantarse o no, giró su rostro en mi dirección y sus ojos empezaron a abrirse lentamente.
Mi apariencia seguramente era deplorable, recién levantado, con resaca, el cabello vuelto un desastre, la cara sin lavar, y vistiendo únicamente unos pantaloncillos de chándal simples. Por otro lado Ciara era todo lo contrario, su cabello reposaba tranquilamente sobre sus hombros, su cara como una de las diosas mitológicas que tanto he estudiado alrededor de los años era inmaculada, casi no parecía haber despertado recién y a pesar de solo llevar mi camisa puesta, se veía extremadamente divina.
Ella se había sentado sobre el colchón, yo me había apoyado sobre el marco de la puerta, su mirada parecía un poco desorientada lo que era completamente normal recién levantada.
— Buenos días, Kalem- saludo tranquilamente.
— Buenos días, Ciara- mi tono de voz no salió igual de calmado en comparación al suyo, de hecho era todo lo contrario, completamente tenso.
— ¿Sabes que hora es?- pregunto levantándose y caminando por la alfombra.
— No me he fijado en eso, desperté hace poco- le informé.
— ¡Santo Dios! - bostezo tapándose la boca con su mano-. Tengo hambre- dijo al aire-. ¿Tendrás un cepillo de dientes de repuesto que pueda usar?- me preguntó con su cara adormilada.
— Si, en la primera gaveta de la cómoda del baño, hay varios, puedes elegir uno.
— Gracias, no tardaré mucho- dice y observe su silueta desaparecer por el pasillo en dirección al baño.
Mi mente estaba hecha un lío, y ella estaba completamente tranquila, casi parce no importale que pasamos la noche juntos, ni siquiera sé si ella…
Mis ojos fueron en dirección al baño, se escuchaba agua correr por el lavabo, y por un momento me había aterrado que ella saliera en ese momento justo.
Pase mis manos varias veces por mi rostro, mientras empezaba a analizar mis posibilidades. Eran muy pocas y en todas acababa muy mal.
Tuve que calmar mi mente primero, todo acabaría peor si mi mente se desquiciaba, si creaba posibilidades que nunca ocurrían, o si planeaba cosas que nunca tendría que ejecutar.
Tome el aire suficiente para poder llenar hasta el tope mis pulmones, peine mi cabello que estaba lo suficientemente desordenado y lo volví un poco más decente, entonces volví a la sala para poder acomodar el desastre que dejamos.
Ciara volvió cuando ya había recogido todas nuestras prendas, había limpiado la mesa de centro y estaba pensando qué pedir para comer.
— ¿Que haces?- pregunto al verme con varios folletos de menús.
— Voy a pedir algo para comer- dije bebiendo un poco de jugo.
— ¿No tienes nada en el refrigerador?- preguntó yendo a este para revisarlo.
— Hay cosas necesarias para hacer el desayuno, pero yo no soy buen cocinero- admití.
— Cierto, me contaste que el pan se te quemaba si no le ponías suficiente atención- dijo mientras cerraba el refrigerador.
Sentí un poco de vergüenza, pero recordé que cuando me siento muy bien cuando bebo, suelo contar cosas de mi vida diaria, y ayer había quemado unas tostadas.
- el sentimiento de vergüenza desapareció ante mi idiotez.
— ¿Qué quieres ordenar?- le pregunté evitando lo que dijo antes.
— No es necesario- dijo colocándose un delantal que había tomado de los cajones-. Puedo preparar algo- dice tranquilamente.
— No tranquila- me levanto de la silla en objeción-. No es correcto que cocines aquí, siendo tú mi invitada.
— Kalem- pronunció suavemente, como una almohada de plumas de cisne-. No es necesario, puedo hacer algo rápido, es un gesto de agradecimiento por pagar los tragos de anoche- dice juguetona.
— Sigue sin parecerme correcto- le recrimino tomando asiento de nuevo.
— Estás un poco chapado a la antigua- dice dándome la espalda mientras la veo tomar ingredientes de la estancia, junto con un bol de aluminio.
— Solo son cortesías, me criaron de esa manera- le dije tranquilamente.
— Lo supongo, pero fue una educación que ya no se utiliza tanto, yo creo en que las cosas tienen que ser iguales. Si pagas los tragos yo cocino, y no hay nada de malo con eso- canturreaba yendo de aquí para allá.
Empezó a agregar todo en el bol, harina, leche, huevos, crema, esencias. Cuando estaba todo junto se volteo hacia mí colocando el recipiente sobre la isla para que yo observará lo que hacía.
— ¿Que vas a cocinar?- pregunté levantando mi mirada un poco.
— Panqueques- dice dulcemente-. ¿Te gustan los panqueques con fruta?- asentí-. ¿Podrías buscar las que tengas y lavarlas para picarlas?
— Las puedo picar yo, no creo poder arruinar eso- bromee.
— De acuerdo- sonrió levemente mientras seguía batiendo la mezcla.
Ella hacía las cosas más complicadas, cocinar los panqueques, exprimir naranjas para hacer un juego fresco, mientras yo intentaba rebanar las frutas de forma decente para que no quedarán como algo completamente diminuto.
Hablábamos tranquilamente, mientras la cocina se llenaba de un aire cálido, aunque la temperatura no estaba tan cálida.
Los panqueques estaban listos, pero Ciara los estaba ordenando cada uno en sus platos, mis ojos se dedicaron a observarla con detalle.
Sus manos eran delicadas, pero precisas, colocaba una pequeña capa de crema batida sobre los panqueques, y sobre está esparcía los trozos de fruta que había cortado anteriormente, cada uno de los trozos parecían ir donde ella quería, ninguno estaba en un lugar erróneo. Y como un especie de toque final le agrego un poco de miel alrededor.
Su rostro no se frunció en ningún momento, sus ojos permanecían atentos a lo que hacían, al igual que sus manos.
— Listo, ya puedes dejar de observarme- decía muestras me miraba con gracia-. Vamos a comer.
Colocó todo sobre la isla, el jugo recién exprimido, los panqueques y los vasos. Todo se miraba como ella, hermoso y delicado.
— Estoy bastante impresionado con esto- dije con sinceridad.
— ¿Por? Es algo básico - dijo tomando un sorbo de jugo antes de empezar a comer.
— Sé que es básico, pero yo no sabría hacerlo, todo se ve delicioso. Muchas gracias, Ciara- le sonrió.
— No es nada- me devuelve la sonrisa.
Ambos empezamos a comer, opinamos ciertas cosas de la comida, ella desde un punto de crítica y yo desde el punto de vista de un consumidor más que satisfecho, mejor dicho, un consumidor que había sido llevado al cielo por algo tan delicioso, una explosión al paladar única.
Los platos habían quedado vacíos, me ofrecí a lavarlos, pero antes me acosté en el sillón de la sala y observé a lo lejos, cómo apenas se lograban distinguir las nueves desde esta posición. Ciara me acompañó, pero en el otro mueble.
Ambos duramos un momento en silencio, solo sintiendo como la fuerte brisa empezaba a chocar contra el cristal del ventanal, y como hacía que las cortinas del interior bailarán un poco.
Nuestros ojos se encontraron, ambos tuvieron una conversación antes de que siquiera nuestros labios pensaran en abrirse. Sus ojos seguían siendo fríos, pero mucho más calmados, seguían demostrando su desinterés y eso era bueno, así sabrían que no me estaba ocultando nada.
— ¿Qué sucedió anoche?- pregunté finalmente.
Sus ojos sobre mí se volvieron divertidos, parecía que había estado esperando por esa pregunta desde que despertó.
— Te habías tardado en preguntar- sonrió.
— No quería presionar la situación- admití.
— ¿No querías saber si lo habías cagado todo?- preguntó con la misma sonrisa dibujada en sus carnosos labios.
— Claro que sí, pero observando tú actitud, dudo mucho que haya hecho algo remotamente incorrecto- ella me miró insinuosa -. A excepción de los besos.
— ¿Consideras que nuestros besos fueron incorrectos?- sus ojos eran filosos, para no decir que eran abrumadores, parecían dos armas cargadas listas para disparar en cualquier momento-. Creo que nada de lo que pasó lo fue, fue algo normal, siempre ocurren este tipo de cosas cuando las personas beben juntas.
— No es correcto dada nuestra situación.
— A nadie le importa nuestra situación, y a nosotros no nos tendrían que importar las personas. Nosotros no les importamos- dijo tranquilamente, pasando sus dedos por su barbilla lentamente.
— Somos una alumna y un profesor, a no ser que esto sea una novela escrita por una adolescente fetichista, esto está mal en muchos aspectos.
— ¡Basta de ser moral por un momento!- dice con algo de fastidio-. No eres así, ayer mostraste que nunca te importa la opinión de los demás, y que haces las cosas correctamente para evitar represalias. No estás frente a Benjamín en este momento Kalem, solo somos tu y yo, así que quítate esa patética máscara de moralista estricto y habla conmigo como lo hiciste anoche.
Por un momento quedé helado, no recuerdo cuanto había tomado, cuánto había bajado mis escudos con ella, cuánto había podido ver de mi verdadera personalidad, arrogante y soberbia, pero en lugar de preocuparme solamente respire. Deje que todo mi interior se llenará nuevamente de aire y al botarlo tuve la necesidad de ir por un cigarrillo.
Me levanté, y fui hacia mi habitación para buscar la cajetilla de repuesto, probablemente la de anoche había pasado a mejor vida hace mucho.
La tomé apenas la encontré y tomé el encendedor que estaba sobre mi mesa de noche. Encendí el cigarrillo mientras volvía a tomar asiento en el sillón de mi sala.
— Habla para que pueda entender ¿Por qué no debo renunciar a mi empleo justo ahora? - le pregunté mientras exhalaba una gran cantidad de humo por la nariz.
— ¿Quieres renunciar?- preguntó con cierta burla.
— Desde hace un tiempo, pero si ocurrió lo que yo creo sería una buena excusa, no pueden tener un profesor que se acostó con una alumna, no tienen tantas bolas, a demás, no es algo respetable que el mejor instituto de la ciudad albergue personas así- expliqué mientras observaba el cigarrillo sobre mis dedos.
— No tienes porque renunciar- dijo tranquilamente-. Anoche solo te besé, me alejaste, lo cual solo me dieron ganas de seguir haciéndolo, pero tú semblante cambió por completo, seguíamos riéndonos de cosas que ya no recuerdo. Entonces pedimos el conductor designado, se suponía que me llevaría primero, pero se nos ocurrió la brillante idea de seguir bebiendo en tu casa. Sacaste una botella y solo dimos unos cuantos tragos hasta que te pusiste un poco mal, vomitaste un poco sobre mi vestido, pero descuida, no me gustaba tanto, te puse en el sillón pero empezaste a desnudarte completamente y te fuiste a tu cuarto. La verdad iba a tomar una de tus camisas para irme a mi casa, pero estabas balbuceando cosas extrañas. Así que solo me quedé dormida a tu lado mientras pasabas la borrachera.
— Y no es de las peores cosas que he hecho - me río con el cigarrillo en mi boca-. Lamento lo de tu vestido, te daré dinero para que compres otro, es una forma de pago por cuidarme anoche- dije tranquilamente.
— No es necesario, ya tengo muchos vestidos- dijo mirándome de forma juguetona mientras se mordía ligeramente los labios.
— No reprobare a alguien que te caiga mal como recompensa, podría aprobarse un examen si así lo deseas, no tengo problema con eso- ella rió.
— No tengo problema con tu materia, de hecho la veo bastante entretenida- su voz era suave, casi parecía que sus labios se estuvieran posando sobre mi oreja mientras hablaba.
— ¿Shopie Reeve te está intimidando?- pregunté ya que lo había sucedido ayer no me parecía para nada una coincidencia.
— Shopie Reeve ya no puede intimidar a nadie- su sonrisa se volvió algo cínica.
— Tuviste algo que ver ¿Cierto?- sonreí. Mis conspiraciones casi siempre suelen ser acertadas.
— ¿Me acusaras con el director?- su tono era muy sugerente, pero delicado, casi como si me estuviera tentando a tomarla por el cuello para besarla.
— Por favor, el director es tu suegro, tienes más poder sobre él- digo para alejar el pensamiento de besarla.
— He conversado más contigo estos días que con mi “suegro” y mi “prometido” desde que los conozco- decía haciendo comillas en el aire.
— Es comprensible, ambos no son tan conversadores, decir que estás con una pared de hielo es poco - me reí bajo.
— Has acertado dos veces en estos minutos- dice en burla.
— ¿Qué hiciste para que Braham la atacará? Y de una forma tan bestial debo agregar- pregunté apagando lo que quedaba del cigarrillo en el cenicero.
— Esa chica empezó a atacarme una semana después de llegar, los maestros me hacían preguntas y nunca me equivoqué con mis respuestas. Normalmente intentaron acercarse a mí para ser amigables, pero mi personalidad es un poco difícil y ella no me agrado nunca, los demás eran tolerables, pero ella sinceramente me desagrada mucho. Un día solo la ignoré, ella pareció haber preguntado sobre mi, y descubrió que mis padres habían muerto- su mandíbula se apretó un poco al igual que sus manos-. Entonces empezó a jugar con eso, hacer chistes y tratarme mal simplemente por ser huérfana, no me molestaba, pero la gota que derramó el vaso fue que dijo que seguramente mis padres me habían adoptado y como ya no querían estar conmigo habían decidido suicidarse, que de seguro la muerte era mejor que tenerme como hija- sus ojos habían vuelto a su habitual frialdad-. Así que decidí darle una lección. Noté muy rápido que ella era una zorra, está saliendo o besándose con varios chicos del instituto, aunque ninguno era un problema, están solteros, pero Richard Freeman no- su sonrisa volvió a aparecer en su cara, no era una un sonrisa amable, todo lo contrario.
— ¿El de la sección “C”?- ella asintió.
— Su novia es Bárbara Braham, investigue rumores de pasillos sobre ambas, descubrí el roce entre ellas, y que estaba practicando boxeo hace poco, porque la podían provocar muy fácilmente- se veía muy orgullosa de lo que había hecho, y con toda razón-. Sabía que tendríamos clases con usted, ningún otro profesor me hubiera dejado pasar luego de la hora, ese día tuve mucha suerte que me la encontré en el baño, le mostré todo, fotos que había tomado de ellos escondidos bajo las gradas de gimnasio besándose, y cerca de hacer otras cosas, y solo la empuje más diciéndole que “Sophie se burlaba diario de ti porque sabe que te están siendo infiel con ella, se burla porque te está dejando en segundo lugar, otra vez”- su mirada daba miedo, sentía que me devoraría-. La dejé sola en el baño, volví a clases, Sophie hizo un comentario hiriente apenas me había sentado, pero cuando ví Bárbara en la puerta completamente llena de irá sabía que mi venganza estaba empezando.
— ¿Empezando?
— Exacto, eso solo fue una pequeña lección para que deje de estar con los novios de otras, pero quiero que ellas mismas se ataquen entre sí, para que se destruyan solas- parecía muy complacida contando todo su plan y la verdad esperaba que le funcionará.
— No esperé que fueras así, me agrada- dije tomando otro cigarrillo para encenderlo.
Ella se pone de pie tranquilamente, toma el encendedor a mi lado, lo detalla para encenderlo, y acercar la flama delicadamente a mi cigarrillo. Coloca el encendedor junto dónde estaba, bastante cerca de mi mano, y por alguna razón nuestra poca cercanía podía sentirse como una especie de atracción.
No puedo entender porque todos los sentidos que me quedan, siempre se concentran en sus ojos, son tan magníficos, únicos, cautivantes, atrayentes.
Estábamos cerca del otro, pero aún con nuestra respectiva distancia, por alguna razón podía sentir su respiración sobre la mía, era dulce, quizás por la miel de los panqueques, o es así naturalmente.
Sus dedos tocaron los míos, y pude sentir el breve chispazo que emitió nuestro contacto. Quizás solo lo sentí yo, o solo lo siento ella, pero el simple toque provocaba que mi piel ardiese.
Tal como el dios Kagutsuchi, ¿Estaría destinado a morir por sentir aquellas flamas placenteras sobre mi piel? ¿Quién se convertirá en mi verdugo por sentir placer por un simple toque de sus hermosas y delicadas manos?
Mientras ella se acercó nuevamente a mí, deslizando su mano por mi brazo, podía sentir el calor recorriendo toda mi piel desnuda.
No recordaba completamente como se sintió nuestro beso, recuerdo que era necesitado y muy húmedo, pero mis sentidos estaban tan ahogados en licor que no recuerdo lo que sentí apenas nuestros labios se juntaron.
Ciara estaba mucho más cerca, se movían lentamente, quizás para no asustarme, quizás para no tomarme de sorpresa y empujarla si yo no veía venir sus intenciones. Sus movimientos fueron lentos, calculados, y premeditados. Había acercado nuestros pechos los más que podía, sus piernas se habían quedado al lado de mías, estaba sentada en mi regazo, mi camisa se le había abierto un poco, mostrando mucho más que la superficie de un sujetador de encaje de color gris. Sus manos estaban sobre mis hombros, y las mías en sus caderas, no recuerdo como llegaron ahí en primer lugar.
Su cabello oscuro cubría su cara ligeramente y caía sobre sus hombros, sus labios me llamaban de una forma muy desvergonzada, pero yo quería ignorar ese mensaje, ya que no estaba bien.
Se sentía bien, horriblemente bien, pero eso no significaba que estaba bien hacerlo.
Ciara no avanzó más.
Ella dió todos los pasos iniciales para que yo pudiera seguir su juego, para caer en sus redes.
La tomé fuertemente de la cintura, en sus ojos se dibujaba el gusto por mi agarre, acerque mi rostro ligeramente, sentí su aliento juntarse con el mío y como el toque se hacía mucho más caliente.
La tomé sorpresivamente por las muñecas y la tire hacia atrás en el sofá, su cara se mostró sorprendida, y mucho más cerca de la decepción antes de poder ocultarla con una capa de indiferencia.
— Deja de jugar con fuego Ciara, que la historia ha demostrado a lo largo de las décadas que siempre terminan ambas personas quemadas- le susurré al oído.
— Siento que el fuego aquí es usted, y lo que la historia nunca tuvo, fue un extintor, y ambos somos maduros, ambos sabemos cuando parar.
— No puedes estar conmigo, podemos ser amigos, nos agradamos, pero lo que quieres conmigo es un capricho.
— ¿Que es lo quiero contigo según tú Kalem?- si satisfacción era notoria, mientras mi agarre de sus muñecas se volvió más fuerte.
— No lo sé, aún no te he analizado lo suficiente, pero quiero que tengas en cuenta que no soy una persona con quién jugar- sonrió completamente, sus ojos se iluminaron ante mis palabras, y yo solo pude sentir que había metido la pata.
— Está bien, está bien- dijo mientras se asentía tranquilamente-. Dejaré de jugar. ¿Podrías soltar mis manos?- la observé un momento y deshice el agarre que tenía sobre su cabeza, me quite de encima y ambos permanecemos sentados en las esquinas del sofá -. Me pareces muy interesante, eres inteligente, divertido e incluso un poco perturbado, así que dejaré de jugar para que ambos seamos amigos, en este momento, verdaderos, no porque tu amigo te mando a vigilar lo que hacía- tendió su mano hacia mi en forma de un saludo formal-. ¿Tenemos un acuerdo?
Tome su mano tranquilamente, el agarre de ambos fue fuerte, casi territorial, de alguna manera demostrando quien era el que tenía más control de los dos, y podría decir que estaba bastante parejo.
— Nada de juegos raros ¿De acuerdo?- le advertí.
— Vamos, los besos no son raros, son divertidos- dijo mientras se levantaba del sillón-. Iré a darme un baño, tengo cosas que hacer y ni siquiera sé la hora- paso tras de mí y antes de desaparecer por el pasillo se acercó a mi oído para depositar un pequeño beso-. Necesito que estés atento a tu puerta, me traerán ropa nueva.
Ciara se marchó por el pasillo en dirección al baño.
Solté el aire que no sabía que tenía contenido, un ligero pinchazo atravesó mi cabeza, y la verdad no sabría decir si pudo evitar el destino del dios Kagutsuchi.
Quizás yo me ves como el dios del fuego, pero puede ser que sea ella, tan candente, viva y llena de energía. Mientras que yo soy una sombra de esas cualidades.
— Aunque morir en brazos de una diosa, no suena nada mal- dije en mi soledad.
Me encontraba divagando demasiado, ni siquiera había notado que el cigarrillo había caído en la alfombra.
Ciara se marchó unos treinta minutos después, nos despedimos cortésmente, y la observé marcharse en una camioneta negra con vidrios polarizados.
Regrese a mi habitación para inhalar tranquilidad, el único problema era que solo podía oler su dulce perfume.