05: La teoría del pan tostado.

4632 Palabras
Despertarse es lo más tedioso que puede haber en el mundo, que un horrible sonido como el de tu alarma te arranque de los brazos de un hermoso sueño y del calor de tus cobijas, para ser arrojado al mundo frío, cruel y estresante, me parece la forma más cruel de castigo. Obligado, apagó la alarma y me preparo mentalmente para abandonar mi cama y empezar a prepararme para ir a trabajar. Observaba el firmamento mientras preparaba mis tostadas, un hábito que había adquirido últimamente en estas semanas. Exactamente, tres semanas. Habían pasado tres semanas desde que Benjamín me había dado un nuevo trabajo, como niñero personal de la prometida de su hijo. La verdad no sé si lo he hecho bien, o si realmente sirve de algo, no soy muy disimulado y e intentado acercarme a ella como un amigo, hemos conversado poco, y cuando creo que puede llegar a abrirse, es como si una pared de hielo completamente alta se interpusiera. Esa chica, es un verdadero misterio, muchas veces parece amigable, como peligrosa y calculadora, pero lo que verdaderamente deja a la luz es que no le importan las personas que son inútiles para ella, o mejor dicho, las personas a las que no pueda sacarles provecho. El olor del pan quemado me sacó de mis pensamientos, trote rápidamente al tostador para sacar lo que era mi desayuno. El pan quedó carbonizado, así que solo lo tiré, me dirigí a la ducha. El agua se deslizaba por mis músculos y esperé que la mala suerte se fuera por el desagüe junto con el agua. No sé porque, nunca me he considerado una persona supersticiosa, pero siempre cuando se me queman las tostadas el día termina siendo horrible, o con varios incidentes, o terminó herido de alguna manera. Termino de ducharme y me lavo los dientes. Me visto solamente con una camisa de vestir blanca manga larga, pero me recojo las mangas, tomo unos pantalones negros con tirantes, no encuentro el saco por ningún lado así que solo me coloco mis habituales zapatos negros. Tomó mi maletín junto con mi abrigo y mi bufanda, y antes de salir tomó una manzana del tazón de frutas. Conduzco tranquilamente, tal vez vaya tarde, la verdad no me di cuenta de eso, me concentré mucho en el momento de mi ducha. Me siento agotado. Estas primeras tres semanas han estado bastante movidas, clases, juntas, coordinación de la semana de exámenes, excursiones. Apenas va un mes y ya quiero volver a tener vacaciones. Por suerte es viernes, es el primer fin de semana que me puedo quedarme en casa ya que no habrá reuniones todo el fin de semana. Estaciono en el mismo lugar de siempre, salgo del auto cubierto con mi abrigo y mi bufanda, siento el frío en mis dedos y pienso que debo comprar unos guantes nuevos. Todos los lugares del estacionamiento estaban llenos, lo que significaba que efectivamente iba tarde para el registro, pero no me importo ya que aún no tenía que dar clases. Subí hacia las oficinas de maestros, y me dirigí a robarle un poco de café a Benjamín. Entre a su oficina y estaba en una llamada, la cual no llamaba mi atención en lo absoluto. Ni siquiera revisé el tipo de café que era, solo tomé un vaso desechable y salí hacia la azotea para fumarme un cigarrillo. El viento estaba helado, pero me gustaba la sensación de la brisa chocando contra mi rostro. Coloqué el vaso desechable sobre la barandilla y empecé a buscar la cajetilla de cigarrillos que estaba guardada en mi abrigo. Tenía que comprar otra caja, pero eso sería un problema a la hora del almuerzo, no en la hora del desayuno. El primer cigarrillo se desvaneció demasiado rápido en mis labios, casi parecían arena, quizás porque eran los últimos, o quizás porque estaba ansioso por algo que ignoraba completamente. Los cigarrillos de alguna manera me servían para medir mi estrés y mi ansiedad, la cual últimamente había estado controlada, o tal vez solo permanecí lo suficiente desinteresado en el trabajo y en mi vida. Tomé un sorbo lento de café, al cual desgraciadamente le faltaba azúcar, pero no me iba a quejar por eso, ya que solo era para no tener el estómago vacío mientras encontraba que comer, lo que tal vez se reduciría a otro café y otros tres cigarrillos si lograba comprar otra caja. Mis dedos se deslizaron tomando el último de los cilindros de nicotina, lo observaba de una manera muy triste, el día de hoy estaba un poco ocupado y probablemente saldría en mitad de una clase para ir a buscar una cajetilla, cosa que mi querido director ya me había reclamado en varias ocasiones. Detesto que me llamen la atención como a un niño. Ni cuando era niño me gustaba eso, claro, nunca tuve una verdadera medida disciplinaria en mi infancia, o por lo menos yo no los consideraba así. Quizás por eso suelo ser tan hiriente y no oculto lo que pienso. Nunca me enseñaron en cuáles momentos tengo que callar, en cuáles otros no tengo que objetar, y muchos menos en los que no tengo que decir mi sincera opinión. Nunca se me negó la libre expresión de mi lenguaje o de mis ideas, las personas que me criaron siempre decían que todo lo que sintiese era correcto, si a mí me hacía sentir correcto. Ahí una de mis otras primeras lecciones de vida. Había una sensación extraña sobre ese recuerdo, quizás mi nariz estaba goteando y algo me dolía, tal vez mi rodilla, ¿Un pleito? Ya no lo recuerdo bien, algunas veces los viejos recuerdos parecen niebla sobre una alta montaña, tan alta que mis manos no son capaces de alcanzar los pequeños fragmentos de mi rota memoria, pero suelo pensar que son cosas de la edad, o solamente he perdido el interés a todo lo que conlleva mi pasado. — Creo que ya he perdido el punto medio- susurré con la última calada de mi último cigarrillo. Terminé de ingerir aquel amargo elixir para dirigirme a marcar mi asistencia en el tablero de llegada. Los pasillos parecían vacíos, o simplemente no lograba divisar a todas las personas a mi alrededor. El estómago me ardía, no sé si por la falta de alimento o porque había vuelto a un mal hábito que había dejado en el pasado. Había dejado de simplemente desayunar café con nicotina tras terminar la universidad, mi estómago no lo aguantaba, si ingería aunque sea una galleta era soportable, pero no comer ni eso, hacía que me sintiera mal todo el día. Ya en la oficina de maestros, busque marcar mi llegada, probablemente me llamarían la atención y me importaba tanto como mi dolor de estómago. Nada. Las primeras horas del día se vieron reducidas en terminar los planes de un viaje que teníamos la siguiente semana, y yo apartando una mesa en un pub al que solía visitar mucho hace unos cuantos meses, la música siempre era suave y ocasionalmente era en vivo. Ni siquiera me di cuenta cuando había llegado la hora de mi clase, para mí desgracia había pasado el almuerzo y no había ido a comprar los cigarrillos, antes de ir mi aula, corrí rápidamente al pequeño kiosco frente al instituto, compré dos cajas y regrese sintiéndome más tranquilo luego de sentir las dos cajas en mi bolsillo derecho. Cómo cualquier adicto desesperado por volver a consumir lo que algún día lo matará, rebusque en mi otro bolsillo el encendedor y solo encontré la manzana que había tomado está mañana. Tendría que rectificar más tarde, ya había perdido mucho tiempo. Entré al aula bastante calmado y al verme entrar todos se dirigieron a sus asientos. Note que faltaba alguien, ya que su bolso seguía sobre su escritorio. — Buenos días chicos- los saludé bastante neutral y ellos respondieron tranquilamente-. Cómo saben, no es hora de orientación pero quiero dejar esto listo antes de la siguiente semana- mis ojos viajaban inconscientemente al espacio vacío-. La semana entrante tenemos un viaje de curso, es un poco temprano, pero como estamos viendo clases sobre el antiguo Egipto, como ellos creían en la momificación y todo lo que conlleva su cultura, iremos al museo la semana siguiente, claramente después de cubrir todo el tema podremos ir a recorrer las otras áreas y salir a almorzar- todos se movieron en su asiento empezando a susurrar cosas. Mis ojos cayeron en mis notas cuando pude escuchar unos pasos acercarse a la puerta, no moví la mirada porque tenía un ligero presentimiento, se me cayó mi pluma y tuve a arrodillarme para tomarla, levanté la mirada y Ciara estaba en su asiento con una cara muy tranquila-. ¿Me podría decir porque está entrando tarde a clases señorita Devine?- dije apenas había arreglado mis papeles. — Disculpe profesor, estaba en la oficina del director- dijo tranquilamente. — Está bien, la información que di, de igual manera será colocada en el grupo estudiantil, ya conocen los procedimientos, necesitaré los permisos firmados por sus padres, pueden traerlos más tardar el miércoles, así tendré más tiempo para coordinar todo- dije haciendo entrega de los permisos para que se los pasaran cada uno. Mientras las hojas eran pasadas, escuché un pequeño susurro seguido de risas, mis ojos fueron en dirección al disimulado escándalo, todas de mantuvieron calladas las ver mi mirada sobre ellas, pero mis ojos quedaron en Ciara que tenía una expresión fría y aniquiladora, y en Sophie Reeve una de mis estudiantes más problemáticas, la conozco más porque siempre que se sentía amenazada como abeja reina suele atacar a las personas, se cree que está en un prototipo de High School Musical en dónde la rubia tonta suelen hacerle daño a las personas y saldrá ilesa. — ¿Qué está ocurriendo…?- me ví interrumpido tras la llegada inesperada de otra persona a mi aula de clases. No pude ver mucho de la estudiante que entró, pero si note como Shopie Reeve palideció, y antes de que pudiera levantarse de su asiento ya tenía a la otra chica sobre ella. La otra alumna era del mismo año pero de la sección “C” se que habían competido en varios partidos de voleibol donde la estudiante de la sección “C” había perdido y Sophie se burlaba constantemente de eso. Pude ver como ambas cayeron al piso, Sophie se cubría la cara mientras la otra estudiante le propinaba unos buenos golpes sobre su operada nariz, sus “amigas” no hicieron nada, solo observaban aterrorizadas como era golpeada constantemente por la chica, y como la cara de su amiga empezaba a teñirse de rojo. Me moví lo más rápido que pude para separarlas, pero la chica estaba intentando arañarme, para que la dejara seguir golpeando a Sophie, que está con suerte le había hecho unos cuantos rasguños superficiales, mientras la otra probablemente le había roto la nariz. La tomé por las muñecas, y ella seguía forcejeando contra mí, la levanté para que dejara de asfixiarla con su peso, y la inmovilice colocando mi mano libre sobre su cuello haciendo presión contra una de los escritorios que no se habían caído por la pelea improvisada. La estudiante Braham, que logré recordar su apellido tiempo después, seguía intentando soltarse de mi agarre, mientras Sophie aún seguía en el piso intentado recuperarse de la gran cantidad de golpes que le habían propinado, pero poco después cayó desmayada. — Suelteme- gruñía. — Te soltaré cuando esté aquí tu profesora encargada y el director- visualice a uno de los más aplicados Jayden, este me quedo viendo, sin saber qué hacer.- Llama aquí al director y a la profesora Swan, deben de estar aún en la sala de maestros, diles que es urgente, que hay alguien herido- él salió corriendo del salón mientras los demás seguían sin poder creer lo que acababan de ver.- Todos, salgan de aquí- les ordené, pero seguían viendo como Sophie estaba medio inconsciente en el piso.- ¡Les dije que salieran!- hablé fuerte para que salieran de la impresión. Todos empezaron a moverse, poco a poco a la salida, la última que pude ver qué salía del aula era Ciara, observaba a Sophie de manera neutral, pero con una sonrisa de satisfacción y gloria en su rostro. Benjamín y la profesora Swan llegaron unos cinco minutos junto a Jayden el cual se había quedado fuera del aula. La estudiante estaba más calmada, sus nudillos estaban un poco rojos y tenían un poco de sangre seca sobre ellos. Sophie aún no despertaba seguía en el piso inconsciente. La madera del piso estaba manchada de sangre, le había roto la nariz, y probablemente la boca, no sería certero hasta que la revisara un médico, pero todo su rostro estaba manchado de sangré. La profesora Swan, estaba temblando mientras observaba como tenía a su estudiante a cargo sometida, para que no pudiera irse de nuevo contra la chica inconsciente. Cuando me dejó en claro que podía controlarla la solté haciendo que ella abrazara a la señorita Braham y ésta se quedará helada por el tacto de su profesora. Benjamín tomó a Sophie en sus brazos y decidió llevarla a la enfermería, Me dijo que intentará darles una explicación creíble a los estudiantes, y que tuviera tacto. Espere que limpiaran el aula y acomodaran las mesas. El lugar apestaba a cloro y se veía demasiado ordenado, ni los mismos estudiantes lo dejaban así, parecía que querían ocultar un delito. Todos se sentaron, el aula quedó en silencio un instante. — Bueno chicos, cosas como estás no suceden todos los días, y menos en institutos tan estrictos con las reglas como este- suspiré y pase mi mano por mi cuello en señal de cansancio-. Probablemente la estudiante Reeve estará de reposo unos días y la estudiante Braham será expulsada, así que no tendrán que preocuparse en salir heridos por ella. Seguí hablando de como tienen que sentirse seguros en su aula de estudio y que si alguno necesitaba hablar con el psicólogo escolar el estaría disponible para ellos. No me pareció correcto tener clases después de todo eso, así que solo deje que se fueran a sus casas. Yo me quedé siendo interrogado por Benjamín de como todo paso, y luego de contarle se frotaba la cara sin poder comprender nada. La estudiante Braham no había admitido porque lo había hecho y la estudiante Sophie había sido resguardada por sus padres apenas se enteraron, la chica obviamente iba a ser expulsada y probablemente demandada pero ya eso salía de nuestras manos, más bien me pusieron sobre aviso, que si tenía que rendir testimonio era mi obligación para que la institución no cayera en una demanda. Al llegar a mi departamento estaba muy exhausto, había presenciado una pelea después de muchos años, había estado recibiendo regaños durante un buen rato, no he comido ni un bocado y además perdí mi encendedor. Pedí comida a domicilio, algo rápido, pasta con camarones en salsa roja, pedí cualquier cosa para beber y mientras llegaba el domicilio me dediqué a ducharme de nuevo, me sentía extrañamente sucio. Salí con unos monos de pijama y un suéter ya que el frío se había hecho mucho más fuerte, o quizás lo sentí así porque mi cuerpo estaba a una temperatura mucho más alta que la del exterior. Mi departamento tenía calefacción, pero necesitaba salir de él para ir a buscar mi alimento, sino probablemente moririá de hambre. Cuando tuve la comida en mis manos subí nuevamente a mi departamento, había colocado un capítulo de Friends y empecé a comer tranquilamente mientras me reía de ciertos chistes que ya había escuchado miles de veces. Al terminar de comer encendí un cigarrillo con la flama de la cocina, no había encontrado mi encendedor así que tendría que sobrevivir con esto hasta que adquiera uno más tarde. Mientras el cielo iba perdiendo la luces que lo hacían diferenciarse de la noche, yo me empezaba a preparar para salir, que el día haya sido horrible no me impediría liberarme de mi cotidianidad laboral. Empecé a vestir mi cuerpo con una camisa oscura de botones sencilla, no apreté todos los botones solo los necesarios, elegí unos pantalones ajustados, pero no lo suficientes para que no pudiera moverme, mis mocasines negros y eso era todo, me peine con los dedos dejando que unas cuántos cabellos rubios de deslizaran descontrolados por mi frente pero me veía bien, me sentía bien. Tome una cajetilla de cigarrillos, mi billetera y me abrigo de gabardina negra, apague las luces dejando que la hermosa luna se escurriera en el interior de mi sala y la iluminará, para que así no la percibiera tan sola y lúgubre. Cerré la puerta y me dirigí a mi reservación de las ocho. ~°~ Extrañaba el sentimiento que me producía el pub, era calmado y clásico, uno de los meseros me reconoció y me ofreció mi trago de siempre, un bourbon en las rocas. Me había comentado que habían hecho ciertos cambios, que ahora casi todas las noches las personas venían a cantar, y que también empezaron a servir platos completos. Seguía siendo un bar, pero con más opciones de ventas. No estaba acostumbrado a que hubiera tantas personas, hace unos meses apenas había clientela y me gustaba por la tranquilidad, pero ahora no es exactamente molesto, solo extraño. La banda empezó a tocar música bastante suave, se sentía como vibraba en el aire y las personas empezaban a hacer silencio mientras se acercaba una mujer al escenario, las luces se atenuaron y empezaron a enfocarse en ella. El piano era suave casi como si el sonido se camuflara con su caminar, su curvas se movían poco, de una manera atrayente y disimulada, el piano empezó a sonar de forma más notoria pero la melodía seguía siendo tranquila y triste, como si el piano nos fuera a contar su peor desamor. La chica empezó a cantar melódicamente, su voz sonaba rota, desesperada y hermosamente suplicante. — Sweet love, sweet love, trapped in your love. I've opened up, unsure I can trust My heart and I were buried in dust Free me, free us You're all I need when I'm holding you tight If you walk away, I will suffer tonight. I found a man I can trust. And boy, I believe in us. I am terrified to love for the first time. Can't you see that I'm bound in chains? I've finally found my way. I am bound to you. I am bound to you. Había escuchado aquella canción en algún momento, pero no recuerdo dónde, ni de quién era, quizás en una película. La chica empezó a bajar del escenario con delicadeza, seguía cantando mientras paseaba por el pasillo del lugar haciendo suyo al público. Llevaba sobre su rostro una máscara muy hermosa de color n***o, que solo hacia que se notarán sus ojos, pero vaya ojos, unos ojos de color gris que se destacaban sobre lo oscuro de la máscara. Empecé a buscar un cigarrillo, me lo puse los labios y por costumbre olvidé que no tenía encendedor, la cantante había llegado cerca de mí y me observaba mientras seguía cantando sus versos. — I catch my breath with just one beating heart. And I brace myself, please don't tear this apart. I found a man I can trust and boy, I believe in us. I am terrified to love for the first time. Can't you see that I'm bound in chains? Nuestros ojos se encontraron mientras su melodiosa voz seguía el ritmo de aquel piano que no le hacía justicia a sus increíbles notas. Mientras seguía cantando y nuestro contacto visual se mantenía, sacó un encendedor para acercar la llama a mi cigarrillo. Me acerqué mucho más a ella para aceptar su fuego, ella dejó el encendedor en mi mano junto con una leve caricia, regresó al escenario mientras terminaba las últimas estrofas de aquella canción tan desconocida para mí. Las notas de volvieron más fuertes y desgarradoras, como si alguien le estuviera arrancando su voz como en aquel cuento infantil. Su voz lleno el lugar armoniosamente, mientras parecía destrozada. Su voz se apagó junto con el piano y el lugar de llenó de aplausos inmediatos, la mujer solo hizo una reverencia en agradecimiento y camino hacia la parte trasera del escenario. Su voz seguía retumbando en mis oídos de forma seductora, cómo si hubiera entrado por mi oídos y ahí mismo decido quedarse en mi cabeza por un largo periodo. Sin darme cuenta me había acabado el cigarrillo así que tome otro, pero salí para fumarlo fuera del lugar. Me lleve el siguiente a los labios y lo encendí con el encendedor de la cantante, empecé a detallar el pequeño objeto de metal hasta que me di cuenta que era mi encendedor. Mi encender estaba grabado, fue un regalo de mis primas lejanas está navidad, y justo ahí, a los costados del seguro estaban mis iniciales. — ¿Quién era esa chica?- susurré para mis adentros. — Disculpa- el tono me erizo la piel, era suave y sexy, así como la canción de hace un instante-. ¿Tienes fuego? Me giré para decirle que sí y no pude creer lo que mis ojos observaban. Ciara, estaba en frente de mí, tenía los labios en un color vino muy lindo, sus ojos estaban maquillados con sombras oscuras haciendo que se notara mucho más el color gris de estos, su cabello estaba suelto haciendo que se viera mucho más atractiva y hermosa de lo que ya lo era. — ¿Ciara?- pregunté esperando que fuera una alucinación. — Hola Kalem- dijo con su voz aterciopelada. — Debí suponerlo, tus ojos son algo que no tienen todas las personas- dije cayendo en cuenta de todo. — ¿Qué hace aquí? ¿No le basta con seguir en el instituto?- su pregunta parecía divertida, pero tenía un tono afilado muy oculto. — No eres tan importante- sonreí mientras le daba una larga calada a mi cigarrillo-. Vengo mucho aquí, tenía un tiempo por las vacaciones y el trabajo que no me pasaba, pero como estaba libre me pareció una buena opción. — Llevo cantando aquí unas semanas, y es su primera aparición ¿No tendré problemas en que le informé de esto a su amiguito Benjamín?- era una clara pregunta para ver en qué posición se encontraba. — Mi deber contigo cubre únicamente horas escolares, implica que, lo que hagas en tus horas libres no es mi asunto, igual que mis asuntos no tendrían porque interesarte- le sonrió tranquilamente. — Entonces significa, que sí me sigue en el instituto- pareció afirmar algo en su mente. — Me parece que eres lo suficientemente lista para darte cuenta de eso tu sola, y la verdad, yo no soy muy bueno escondiendo cosas. — Si, eso se le nota a leguas. — ¿Cómo se llama la canción que cantaste?- pregunté luego de un rato en silencio. — Bound to You, es de Cristina Aguilera. — Me gusto mucho, tienes una voz bastante hermosa, ya se porque querías participar en el coro. — Si, y ya se porque usted decía que los del coro eran verdaderamente malos, ni siquiera saben diferenciar las notas- ambos nos reímos muy bajo. — ¿Esto quieres ser al terminar el instituto? ¿Cantante? — Kalem, dijiste que si no estamos en el instituto no preguntes cosas que no te importan- ella sonreía de una manera muy atrayente, casi seductora. — Era solo para hacer conversación, se ve que te gusta- dije. — Me gusta, pero ahora no es mi interés principal- dice con una mirada devoradora. — Si, debes de tener miles de cosas en tu mente, la verdad no es fácil gran parte de tu vida- me deshice de la colilla del cigarrillo y empecé a ir en dirección a la puerta para volver a entrar al bar. — Hay personas que las tienen más difícil- dijo con una última mirada.- Se ve bastante bien sin traje, así aparenta tener veinticinco. — Pase por esa edad hace mucho tiempo- dije con cierta burla. — No se ve tan viejo, podría confundirse con alguien de veinte fácilmente- dijo cerca de mí. — ¿No te irás a tu casa?- le pregunté observando la soledad de aquella calle. — Sí, no deben tardar mucho en venir por mi- dice tranquila. — Mejor entra para que no te congeles aquí afuera. — Si me da frío, usted me obsequiará de nuevo sus guantes ¿No es cierto?- su ojos me observaban curiosos, parecía una serpiente esperando lanzar la primera mordida hacia su presa. — Mejor te ofrezco un trago ya que no tengo más guantes- dije en broma. — Acepto el trago- dice acercándose peligrosamente.- ¿O es otro truco para meterme vigilada? — Si fuera un truco, te aseguro que no te darías cuenta- sonreí con confianza. — Si sus trucos son como sus mentiras, le aseguro que me daría cuenta- paso a mi lado y se dirigió a la puerta-. Espero que sea mejor bebiendo que diciendo mentiras. Entró al bar y yo la seguí. El lugar estaba mucho más caliente que afuera, pude sentir como mi temperatura volvió a establecerse por la calefacción del lugar, las luces seguían tenues, casi estaban apagadas y había otra persona sobre el escenario. Ambos nos quedamos en mi mesa y ella pidió un vodka en las rocas. No sé cómo podía beber si apenas tenía diecisiete, pero como era de esperarse no le iba a preguntar, no es algo que fuera de mi incumbencia. Ambos escuchábamos a los cantantes, y nos dejábamos llevar por la corriente que transmitía la música. Poco a poco, fuimos dejando que el alcohol nos quitará un poco nuestra capa de hielo, y hablamos como si fuéramos amigos que no se habían visto en décadas, cosa que era más que imposible considerando nuestras edades. Hablamos de cómo nos atraía el arte y de las sensaciones que nos provocaba la música, como nos embriagamos de sonidos y cómo nuestro cuerpo se mueve solo con las sensaciones de esta misma. ¿Nos embriagamos de música o licor? ¿Cuál era la diferencia? ¿Cómo caí en esa trampa? Creí que era más inteligente, sin pensarlo sus ojos grises estaban sobre los míos y yo solo no podía seguir respirando ya que su lengua me estabs deslizando por mi boca, y yo solo no quería que se detuviera. ¿Por qué lo querría? ¿Por qué era moralmente incorrecto? No me importaba, quizás ambos estábamos siendo el soporte del otro. Quizás el desahogó del otro. Quizás un amigo para otro. Quizás una decepción más. Aunque a final de cuentas, todo queda en un quizás, en un susurro, en un suspiro, en beso, y cada una de esas acciones quedan ocultas sobre la luz de nuestra única cómplice, la luna.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR