04: Depredador.

3430 Palabras
El despertador se dispuso a sonar por tercera vez, era más que evidente que tenía que levantarme, lo sabía, pero mi cuerpo no quiso hacerle caso a mi mente. Apague el despertador por tercera vez y me dispuse a prepararme para ir a trabajar. Habían pasado dos días desde mi incidente en la azotea, el enfermero del instituto dijo que no era nada grave, que solo tenía que ejercitar un poco más. Lo cual me provocaba una sensación demasiado burlesca. Soy bastante torpe, lo único que hacía habitualmente antes de que llegara el invierno era trotar y hacer ciertos ejercicios básicos, como sentadillas y barras. Entonces, el simple hecho de pensar en que tenía que hacer más ejercicio del que simplemente hacía dos veces a la semana, me provocaba un sentimiento de burla inexplicablemente gigantesco. Sin embargo, solo me dediqué a tomar ciertos medicamentos para que el brazo no me doliera tanto, aunque era inevitable que todas las mañanas debido al frío mi músculo se tensara y pareciera que me estuvieran arrancando la extremidad. Ignorando los detalles de mi músculo, me levanté de la cama y empecé a encender la ducha para que se fuera calentando el agua mientras corría. Me acerqué a la cocina escuchando el sonido del repicar del agua contra la baldosa del baño, tomé dos rebanadas de pan y las coloqué en el tostador colocando el tiempo necesario para que no se me quemasen, como casi todos los días, tomé un poco de jugo de la heladera y lo saqué para servirme un vaso, el pan salió y solamente le unté un poco de queso crema, me dispuse a comerlo mientras observaba por mi ventanal como el día se veía atrayente mente oscuro. Las nubes que se mostraban por lo alto del cielo, parecían que estaban tristes o incluso enojadas, podría divisarse el color gris oscuro que permanecía en ellas mientras, los leves rayos de sol que se lograban escapar de su poderoso yugo, hacía que el cielo se tiñera de forma bíblica, o mejor dicho apocalíptica, el paisaje a través de aquel ventanal se veía como una obra clásica de aquellas que en algún momento mirás en el museo, oculta entre tantas obras famosas, siempre encuentras un cuadro de algún paisaje majestuoso que vale la pena detallar, en el ocaso se mostraron los ligeros rayos escapándose por las nubes tenebrosas y ellos aterrizando en una nieve bastante espesa que parecía no ceder ante su calor ya que el invierno se acercaba su etapa más cruda. Regresando mi monótona realidad, terminé de comer aquellas tostadas, me di una ducha tibia y me cambié, ni siquiera nóte si la ropa estaba combinada con mi zapatos, ¿En realidad hay personas que se fije en eso? definitivamente nunca me considero una persona que se fijó mucho los colores, o creo que porque casi todas mi ropa este colores monocromáticos, así que tal vez por eso parece que combinen, mis pantalones siempre van de un gris oscuro o un n***o, y creo que uno de color crema, lo único diferente es un abrigo de gabardina que es gris claro que más bien parece que azul, otro que nunca utilizó porque no me gusta ese tono de color. No me peino, simplemente me lavo los dientes tomó mi maletín con unos cuantos archivos, tomó mi pastilla para el dolor muscular, salgo de mi casa antes de que me caiga una nevada encima como suele suceder casi todos los días. El recorrido sigue siendo el mismo, solo que las nubes se cernían cada vez más rápido sobre lo que parecía ser todo mi alrededor, era fascinante, de verdad, no entiendo porque mi fijación ese día por aquellas magníficas cumulonimbus. Llegué más rápido de lo esperado al instituto, el lugar aún parecía bastante desolado por los estudiantes, pero la mayoría de los profesores ya habían llegado. Con un vistazo reconocí el auto de mi amigo el director, entonces decidí pasar por su oficina a robarle café como sucedía casi todos los días. Me limpié los zapatos antes de entrar al área de maestros y entró a su oficina sin tocar la puerta como de mala costumbre. Él se encontraba en su escritorio ojeando algunos papeles, que sinceramente no me interesaban, me fui directamente a su a su mesa de cócteles, donde no tenía cócteles, sino diferentes tipos de café. — Gracias por llamar a la puerta como siempre,mi estimado Kalem- saludo sin mirarme ya que su rostro seguía en los papeles. — Es para mí un auténtico placer mi querido amigo- Le sonrío mientras agarró uno de sus tazos para servirme un poco del oscuro elixir. — Me sorprende que hayas llegado aquí tan temprano - dice quitándose sus gafas. — Sí, incluso me sorprendí a mí mismo, aunque la verdad esa tormenta parece bastante temible, así como las historias aventuras en donde un barco siempre parecía ante unas inmensas olas y era arropado por unas nubes inmensas. —Tú, siempre tan poético- mi compañero esboza una risa amarga. —Si consideras mis instintos fatalistas poéticos tienes que chequearte en el médico- sonrió levemente. —Aprovecharé tu presencia en mi oficina para darle un buen uso- me dice levantándose de su silla. — ¿Crees que robarme tu café Don Valdez no es darle un buen uso a mi presencia?- interrogó con mucho sarcasmo. — ¡Pensé que habías tomado otra marca!- dice chequeando que efectivamente tome un sobre de ese tipo y echándome una mirada de puchero. — Vamos. Sabes que tengo una debilidad por el café colombiano- le digo para que deje de observarme como un bebé. — Te lo perdono, porque necesito un favor- dice tomando un vaso de agua. — Lo suponía, ¿Qué necesitas?- pregunto mientras mi mano deja la taza de porcelana sobre el estante de madera. — Quiero que vigiles a Ciara- frunzo el ceño al escuchar su petición tan extraña. — ¿Por qué tendría que vigilar a esa niña?- preguntó observando sus ojos los cuales parecían agotados. — Pues, no ha hecho muchos amigos, y solo queremos que esté bien, Nicholas me ha comentado que ha estado bastante extraña desde ayer, y pues creo que se debe al entorno. — ¿Me estás ofreciendo un trabajo de niñero?- pregunto con burla. — Te estoy pidiendo, que veas por la seguridad de tu alumna nueva, que le cuesta adaptarse al lugar- sonríe divertido-. No entiendo el problema, nunca has tenido problemas para hacerte amigo de los estudiantes. — Es que eso simplemente sucede, no es como si me juntara con ellos para hacer planes para salir por un martini, o ir al teatro, o a la ópera. — De igual manera, los chicos siempre parecen tenerte confianza, por eso te lo estoy pidiendo. — Si claro, ahora soy San Luis Gonzaga- bufo con sarcasmo. — No sé si eres San Luis, o San Mateo, pero necesito que lo hagas y si ocurre algún problema me lo informes. — Está bien, está bien- aceptó a regañadientes. — Te lo agradezco, Kalem- me da una ligera palmada en la espalda para volver a dirigirse a su escritorio. “Agradecido” “Agradecer” “Agradado” “Agradable” En mis conocimientos nunca me he llevado de la mano con aquella palabra, o sus sinónimos, creo que es por la misma razón que solo conozco a Benjamín, o más que conocerlo tenemos lo que se llama una relación de amistad, sin embargo las partes desagradables de mi personalidad siempre quedan en mi interior ya que aprendí que debes saber a quién decirle insultos y palabras mayores. Aunque todos se lo merecieran, siempre tienes que saber a quien escupirle para que la baba no te salpique. Mi estancia en aquella oficina no duró más de cinco minutos, después de considerar necesario volver a mi escritorio. Ese día, tenía clases con cinco secciones diferentes, estaban empezando unos cuantos cursos nuevos de artes plásticas, pintura, de teatro y de canto. Recordé la petición de la señorita Ciara sobre la información del coro del instituto, a pesar de las clases y de mi movido día intenté por todos lados encontrar a la señorita, la verdad se me había hecho bastante difícil. Aquella mañana no lograba encontrar su silueta por ningún lado, tuve que resignarme a ir de nuevo al salón de clases para ver si la encontraba en el receso, no había nadie en el aula, mis ojos detallaron el lugar, el cual, lo habían dejado bastante ordenado, observaba por las ventanas como estaba empezando a caer la nieve nuevamente, y pensé que sería algo difícil salir hoy de la del instituto si no tuviéramos una barredora de nieve. Mis ojos observaban como los copos de nieve bailaban con gracia alrededor de los árboles, parecían bailar un vals que simplemente ellos conocían, se dejaban guiar por el viento, y de una manera hermosa caían sobre la superficie de la tierra, de los autos, y de la copa de los árboles. Mis ojos se deslizaron a través del patio delantero para mirar que todo el césped estaba completamente lleno de nieve, no había ningún estudiante por el área del frente, obviamente ya que la temperatura estaría lo suficientemente helada para poder coger una neumonía. Mis ojos seguían detallando cómo las nubes de esta madrugada seguían cerniéndose sobre el firmamento tormentoso y grisáceo, mientras mis ojos bailaban alrededor de lo que era la imagen del jardín, una silueta apareció a través de la empañada ventana. Un estudiante, estaba mirando el cielo mientras unos cuantos copos de nieve caían sobre su cabellera oscura, sus ojos parecían bailar alrededor de la nieve junto con su cuerpo, lo más inquietante es que está estudiante no tenía bufanda y mucho menos unos guantes, la temperatura estaba tan baja que podría estarse congelando, y sufrir un ataque de hipotermia si duraba mucho más tiempo bajo la nieve. La estudiante se giró observando ampliamente el cielo al detallarla un poco más me di cuenta que era la persona que estaba buscando, la señorita Ciara, sus ojos que normalmente se veían bastante fríos y calculadores, se encontraban dilatados, su iris gris parecía apenas notarse,sus parecían los de un gatito callejero pidiendo comida mientras miraba el cielo maravillada e intentaba agarrar copos de nieve con sus manos, sus mejillas estaban sumamente enrojecidas, al igual que sus labios debido a la temperatura, puede notar que las puntas de sus dedos estaban tan rojas como sus labios y sus mejillas, eso significaba que probablemente su cuerpo ya había estado mucho más tiempo que el que yo le había visto bajo la nieve. Decidí bajar mientras ella aparecía no haberme notado en la ventana, llegué a la entrada principal y pude ver como su cuerpo temblaba mientras seguía cayendo la nieve en el cabello evidentemente ya llevaba un rato afuera, desde más cerca se veía claramente que su cabello estaba casi con una capa de nieve sobre su oscuro cabello. Ella parecía aún bastante concentrada en sus copos de nieve para cuando las giré fue que anotó mi presencia y se sorprendió un instante pero no se molestó por mi parecencia ya que siguió observando caer la nieve. — Señorita Ciara, ¿Cómo se le ocurre estar aquí afuera con este clima? Ni siquiera lleva guantes ¿dónde están los guantes que le di? — ¿Cuánto tiempo llevo aquí afuera? — La verdad, no lo sé, pero parece que lleva una buena cantidad, tal vez más de una hora o menos. — La verdad no me pareció tanto tiempo- su vista nunca se despegó de las nubes, solo me miró unos instantes mientras me respondía vagamente. Si expresión parecía bastante ida y perdida en sus pensamientos la volví a girar para que me prestara atención. — Señorita, ahora tenemos que entrar, a no ser que quiera sufrir de un ataque de neumonía le sugiero que entremos- sugiero ya sintiendo el frío en mis huesos. — Profesor, sinceramente creo que no es asunto suyo si me muero congelada en el patio del instituto. Le agradezco su preocupación pero la verdad estoy bastante cómoda aquí sola, no voy a morir, así que puedes regresar tranquilo a su oficina- mi mirada era bastante incrédula ante las palabras que me lanzaba al estudiante, basta decir que su tono era bastante gélido e indiferente, pensé que me había ganado su confianza, o que por lo menos le agradaba, pero su declaración de ese día me había dado unas señales completamente distintas-. ¿O es que me necesita para otra cosa?- pregunto mostrando desinterés al mirarme. Ella finalmente me observaba completamente, pero sus ojos ya no parecían querer fingir que le importaba mi presencia, su boca se elevó ligeramente en una sonrisa amable, pero sus mirada demostraba lo poco que le importaba, o lo poco que yo llamaba su atención. — La estaba buscando desde hace rato para decirle que, habrán audiciones nuevas para un coro nuevo, usualmente van a competencias, y si no le gustaba están empezando a hacer Annie en el teatro, recuerdo haberle dicho que le avisará de cualquier cosa sobre el asunto, y eso estoy haciendo- sus ojos se enfocaron en mi, está vez parecían interesados. — Está mañana me informaron que no harían ninguna de esas actividades- dijo ella de una manera bastante formal. — ¿Quien le suministró esa información? Ella pareció pensar y analizar cuidadosamente sus recuerdos, de repente sus manos temblaban y una sonrisa irónica apareció en sus labios carmesí. — No importa, de seguro entendí mal- sus ojos volvían a fingir dulzura, pero muy a la superficie aún se notaba la frialdad. — ¿Le molestaría acompañarme? Vamos a buscar a la maestra a cargo del teatro- Sus ojos brillaron apreciando un niño que le dan un premio por una tarea bien hecha. — Si, claro que sí lo acompañó. Empezamos a dirigirnos al teatro y tan pronto como mi cuerpo cruzó la puerta pude sentir el cambio drástico de temperatura, mis piernas se sentían de gelatina y mi espalda estaba pegajosa lo cual me disgustó. La señorita Ciara seguía caminando como si nada, al parecer la temperatura no parecía afectar, o tal vez su mente no estaba pensando en eso. La profesora Finch, era la encargada del teatro estaba contenta al ver que alguien nuevo quería participar, y me corrigió porque le dije que era Annie, pero al parecer era Blancanieve. “ Tan despistado como siempre”- pensé para mí mismo. La profesora Finch, también era la encargada del coro y le dijo que los horarios para los ensayos y el coro eran algo parecidos, que básicamente tendría que vivir en el instituto si quería estar en ambas cosas así que dijo que lo pensaría. La campana sonó, mostrando que el almuerzo había terminado, ni siquiera le pregunté si había comido algo, pero era lo más probable. Vamos nos dirigimos a nuestros respectivos salones quedaría clase en el salón de al lado mientras ellas tendrían clase de matemáticas. Su mirada seguía pensativa a pesar de que estaba alegre porque había podido saber de una lección de coro parecía perdida en otras cosas antes de girar en el pasillo para que ambos fuéramos a nuestros respectivos lugares la detuve ella parecía mirarme con ojos bastante perdidos como cuando miraba la nieve así que decidí hablarle un poco más suave para que no pensara que la estaba reprendiendo o incluso atacando. — Señorita Ciara- sus ojos parecían insaciables cuando la llamé. Eran enormes, hermosos y parecían derrochar una esencia algo peligrosa y fría, cualidades que no debería tener una adolescente, pero también es una adolescente a la que obligan a casarse con alguien que no conoce. Ella me seguía observando, expectante a mis palabras.- Ciara, se que no hemos hablado mucho, pero se que te ocurría algo cuando estabas en el patio, note el cansancio y la frialdad en tus ojos cuando me miraste- ella no parecía inmutarse por mis palabras. — Kalem- pronunció con aquellos labios carnosos en un tono bajo y despreocupado, podría decir que hasta seductor.- Sé que en nuestro primer encuentro pude haberme visto torpe y débil, pero no soy ninguna de las dos, solo estoy aprendiendo a cómo sobrevivir en este nuevo entorno- se acercó un poco más como si lo que fuera a decir sería un máximo secreto entre ambos-. La ley de la naturaleza se rige en la supervivencia del más fuerte, y aquí hay muchas personas que se creen un león cuando en realidad son lindas y tiernas gacelas- sus labios formaron una sonrisa juguetona, podría decir que incluso provocativa-. Lo que no saben es que un verdadero depredador espera el momento justo para atacar- susurro-. Y yo, sé muy bien cuando devorar a mis presas- sus ojos grises se veían salvajes, ya no estaban tristes o desinteresados, sentí que me observaba como un postre esperando a ser devorado. — Siento, que no estamos hablando de una clase de biología sobre el comportamiento animal- intentó bromear para que el ambiente no se sienta tan atrayente, pero ella solo alarga su sonrisa haciéndola ver mucho más provocativa. — Puede tomarlo como cualquier tema de clase Kalem, sólo compartía un poco lo que pasaba por mi mente- se alejó un poco de mi regresando a un distancia decente-. No sé preocupe, le aseguro que estaré bien- se giró para girar el pasillo y dirigirse a su salón. — Ciara- ella seguirá antes de cruzar-. Tienes que saber que presas son las adecuadas, en otras palabras, saber que presas morder para que se ataquen unas a otras para que terminen devorándose- sus ojos parecían destellar con maldad como los de una mamba negra, tranquila y letal. — ¿Seguimos hablando sobre comportamiento animal?- ella jugueteo con aquella pregunta. — Es conocimiento general, las arañas se comen a su misma especie, igual que las mantis. — No me estoy entretenido con insecto en este momento, estoy interesada en algo un poco más grande, como una manada hienas, y ellas también suelen atacarse ellas mismas- sus ojos brillaban con diversión, pero no perdían su semblante un tengo frio. Se dió la vuelta de nuevo y antes de marcharde me miró dejando que lo último que observará fuera sus ojos filosos-. Gracias por la lección privada- dijo para luego irse. Mi mente se quedó repitiendo sus palabras unos instantes más antes de dirigirme a mi salón de clases para impartir una lección de historia. Estábamos hablando en la clase sobre los dioses griegos era más un tema mitológico que una clase de historia pero me gusta variar un poco el tema para que no sea tan aburrido mientras colocaba en el pizarrón nombres de dioses griegos y héroes de aquella época mientras el recuerdo reciente atravesó mi subconsciente. Sus ojos. Cuando pensé y me refería a ella como un animal, al principio hice referencia a un animal doméstico, un gato o un perro callejero, esas criaturas con grandes ojos que te miran suplicantes a qué les regales un poco de comida y agua. “Que idiotez.”- pensé. Su personalidad de hoy demostraba que era una criatura capaz de devorar un gato o un perro callejero, incluso una gacela, pensaría en un león omun tigre, pero la peligrosidad de su mirada, sus seductores labios y sus ojos filosos me recordaron sin lugar a duda a un serpiente. En ese entonces, no tenía tanto conocimiento sobre ella, sobre su personalidad, o sus gustos, tal vez incluso ahora no la conozco tanto como desearía, pero me sentí tan ingenuo de comprarla con algo tan diminuto, porque al pasar las semanas y los meses, no me di cuenta de que me estaba enrollando a su alrededor, sus brazos rodeaban mis hombros, y sus labios… sus magníficos labios siempre vivían el el hueco de mi cuello con mi hombro, sus manos se posaban en mi pecho, y sin darme cuenta, estaba siendo devorado por ella. No de una manera cruel y destripadora, sino de una forma abrasadora, haciéndome dependiente de su calor y de su tacto. Tal vez creía como los demás que era un depredador, pero resuelte ser otra presa callendo en sus anillos abrasadores, esperando a que llegara aquella serpiente de ojos grises a de devorarme. Y lo peor de todo, es que no me quejaria de ser su comida, estaría dispuesto a ser devorado por ella y ella también estaria dispuesta a ser devorada por mi, así que tal vez éramos dos depredadores buscando presas peor ninguna nos satisfacía hasta que ambos nos dimos la primera mordida.
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