Capítulo 7

997 Palabras
ADLER No esperaba ver a Ebba en el ventanal de una galería, estaba bien distraída con sus pensamientos que no se daba cuenta de que la estaba saludando. Ella me habla de los cuadros y yo intento seguirle el paso, no soy fan del arte, pero hay varios cuadros que son muy interesantes. — ¿Qué personalidad tiene el chico? Para darme una idea. ¿Qué personalidad tiene Samuel? Tiene demasiadas, esto será más difícil de lo que me imaginaba. —Es una mezcla de todo, directo, coqueto, pendejo... — ¿De casualidad no se llama Samuel? —pregunta divertida y la miro curioso. —Así se llama —digo con una sonrisa que se hace más notable cuando la chica me mira sorprendida. — ¿Es americano y trabaja... —Trabaja dando clases de inglés y en el mismo lugar toma clases de alemán —confirmo que es la chica que Samuel me cuenta todo el tiempo. —El destino juega sucio, ¿eh? —dice divertida y camina hacia un cuadro con manchas de colores en el centro—. Hace poco vino, se llevó un cuadro, pero este no le quitaba el ojo, tal vez le gustó, pero el otro ganó —mira el cuadro. —Qué casualidad que él me mandó la dirección de este local —digo con burla, porque así lo fue. —Era el destino —dice divertida y nos reímos, toma el cuadro con cuidado y hace el procedimiento de la compra. VANESSA ¿Qué hace una mejor amiga? Llevar un chocolate caliente y chocolates porque sé que no será suficiente a su mejor amiga en su trabajo y eso es lo que hago. Siento mi lindo trasero tocar el suelo y la persona cae encima de mí, siento que los chocolates caen del cielo y me rio mentalmente por el recuerdo que me causó "cuando me enamore caerá chocolate del cielo", por suerte no nos cayó chocolate caliente. —Perdón, no me di cuen… Su voz se me hace familiar y levanto la vista hasta encontrarme con unos ojos azules. ¡Qué ironía del destino! —No pasa nada —no me muevo, estamos muy cerca, tan cerca que su perfume llega a mis fosas nasales, tan cerca que su respiración se agita. Sus ojos se vuelven oscuros, su sonrisa de lado, esa barba de días, pero buen cuidada, un Adler más maduro y caliente. — ¿Impresionada? —pregunta arrogante y ruedo los ojos, se pone de pie, me ofrece su mano para ayudarme a ponerme de pie. —Para nada, ¿y tú? —arreglo la ropa y noto su mirada en mi cuerpo. —Hay más bandas —lo miro confundido hasta que me doy cuenta, llevo el suéter que me regaló—. Y yo sí estoy impresionado —guiña el ojo. Por un momento me siento en el internado, donde jugábamos a esos coqueteos. —Lo sé —sonrío de lado y miro todo el chocolate desperdiciado. —Te debo chocolate —hace una mueca de dolor por el chocolate y me rio. —Es algo tan obvio —le guiño el ojo y camino hacia la puerta del local. —Me alegro de verte, Vanessa —murmura pero lo escucho. —Yo igual, Adler —entro al local dejándolo afuera y Ebba me mira confundida. —Fue un gesto lindo por traer chocolate, pero deberías ver tu cara cuando estaba "lloviendo" chocolate —se ríe de mí—. El destino te dio una patada en el culo —dice divertida. —Pero no pasó nada —guiño el ojo y ella bufa, su celular suena—. Iré a ver los cuadros —camino hacia los cuadros y los miro, me gusta el arte, es bueno despejarte por un rato. EBBA Leo los mensajes y casi me dan ganas de no leernos, miro a Vanessa concentrada en los cuadros. Samuel: Hola, arte. Samuel: Soy Samuel. Yo: ¿En serio? Pensé que eras Walter. Samuel: Qué chistosa. Samuel: Le pedí el contacto a Adler, te comentó que era mi cumpleaños, que por cierto todavía no me felicitas. Me rio por el mensaje y Vanessa me mira curiosa. Yo: Porque no lo sabía. Samuel: Pues ya lo sabes y aun así no me das las felicitaciones. Yo: ¿Qué pasa, americano? Samuel: Voy a hacer una fiesta en la casa de Adler, tengo permiso de sus padres. Yo: Es bueno aclarar. Samuel: Y te estoy invitando. Yo: ¿Por qué me invitarías? Samuel: Para enamorarte. Me rio por el mensaje. —Tantas risas significa que hay alguien que te está robando el corazón —escucho su voz burlona y bufo. —No está permitido hablar —recito la regla inventada de la galería. —Ahora resulta —ríe y sonrío. Vuelvo al celular y le contesto al idiota. Yo: Mejor no voy. Samuel: Eres difícil, ¿eh? Pero me gusta. Pero en serio te quiero invitar. Yo: Va, irá una amiga, ¿hay problema? Samuel: No, está bien, te mando la dirección, besitos. Me manda la dirección y dejo el celular de nuevo en la bolsa, Vanessa se acerca al mostrador con un aire de curiosidad, me mira con una ceja levantada. —Era Samuel y nos invitó a su cumpleaños —la miro y ella me sonríe—. Será en la casa de Adler —digo finalmente y ella se ríe. —Lo bueno es que tengo que dormir demasiado. —Pero vamos, Vane —le hago un puchero haciendo que negara con la cabeza divertida—. Será divertido. — ¿Una fiesta en casa de Adler? No creo. —Pero quiero ir —sigo con mi tono de voz de niña. — ¿Por qué? Si me das una respuesta que sea de mi agrado, lo pensaré —se recarga en el mostrador mirando mis ojos. —Porque me interesa Samuel —digo y espero que salió muy creíble, ella me estudia con una ceja levantada y no la dejo de mirar a los ojos, bufa apartándose del mostrador. —Está bien, estaré por aquí cuando salgas para irnos a alistar —se despide con la mano y sale de la galería, miro que se fue en su carro. — ¡Sí! —grito emocionada y hago un baile de victoria. Algo me dice que esto se pondrá muy bueno.
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