Capítulo 6

1312 Palabras
SAMUEL Abro los ojos y me encuentro en una habitación que sé que no es la mía, miro hacia los lados y me encuentro con una chica boca abajo con su cabello n***o por todos los lados. —Mierda —intento salir de la cama sin moverme mucho, digo, tengo experiencia en eso. Tomo mis cosas con mucho cuidado, me visto y salgo de la habitación y me topo con Adler, en la misma situación que yo, pero la diferencia es que yo estoy satisfecho y él parece que cometió un gran error. —Nunca vuelvo a hacer eso —salimos del hotel para irnos al auto. —Yo no diría eso, me siento satisfecho —sonrío como un ganador y mi amigo bufa. —A ti no te hicieron un café y cuando abriste los ojos viste a una chica sonriente con las esperanzas de volver a vernos. —Así es la vida, hermano —digo sin importancia y me dedico a ver el paisaje. —Un día te llegará el karma o una chica que será difícil y te va a traer loco —sentencia y siento un escalofrío que pasa por mi cuerpo. —No lo creo, nadie se resiste a mis encantos. —Eso lo veremos. El resto del camino fue en silencio, sé que Adler sigue pensando en el mal momento que pasó con la chica y yo... Ando más que satisfecho. EBBA Siento que mi cabeza va a estallar en cualquier momento, la voz chillona de la compradora no ayuda en nada, solo limito a asentir y responder sus dudas, malditas botellas de tequila. En cinco minutos la compradora se va sin comprar nada de la galería y casi le aviento los cuadros. Yo: ¿Cómo vas, nena? Vane: Pues voy, mi mamá me anda enviando miradas asesinas desde su estación. Yo: Jajajajajaja ya me imagino qué caras tienes. Vane: Ni te imaginas, nena, te dejo, tengo que volver a trabajar. Guardo el celular y espero que lleguen clientes, el local es pequeño, pero tiene gran variedad de cuadros, la dueña es amiga de mi mamá, ella me ofreció el trabajo y me dijo que en dos meses puedo poner en venta una obra mía y espero hacerlo, aunque no he pintado nada, no tengo la suficiente inspiración para hacerlo. —Buenos días —dice un chico en inglés, levanto la cabeza y miro al americano, él me mira y sonríe de lado—. No pensé que te encontraría por aquí —dice en español y en un perfecto español. —Trabajo los fines de semana —me encojo de hombros y me dispongo en enseñarle los cuadros—. No sabía que te gustaba el arte —digo cuando nos detuvimos en un cuadro con figuras geométricas de diferentes colores. —Un placer infernal —dice serio sin dejar de ver el cuadro, parece que le fascina como se entrelazan las figuras. No respondo porque no debo cortarle la inspiración, es la ley de la tienda y claro, la ley universal de los amantes del arte, el chico camina hacia otro cuadro y lo sigo de lejos. SAMUEL Me pierdo en los cuadros, su arte, sus colores, sus figuras, pero también me pierdo cuando escucho la respiración de la chica y de sus pasos, algo me dice que es una obra de arte y no cualquiera sabe leerla. La miro de reojo cuando se va al escritorio, su cabello casi gris está en una trenza larga que le llega a su cintura, su piel es muy blanca y esos ojos negros que resaltan en ella, tiene un pantalón que le marca muy bien su figura y una blusa amarilla de mangas cortas para nada escotada, pero se le mira sexy, me imagino que el abrigo n***o que está en el perchero es de ella. —El arte no está en mí —su voz me hace salir de mis pensamientos. —Es que no te has dado cuenta de eso —digo distraído y camino hacia la primera pintura, me encanta ver las figuras geométricas unidas entre sí, ese círculo que es el centro de todo y las demás alrededor de él—. Quiero este cuadro —digo decidido y la chica se acerca a mí, toma el cuadro con cuidado y se lo lleva al escritorio. No es un cuadro muy grande, es mediano, cabe perfectamente en una bolsa de papel, la chica lo envuelve con papel café y lo mete en una bolsa del mismo material, pero con el logo de la tienda. —Me pregunto si el verdadero arte está a la venta —saco mi billetera para pagar y la miro fijamente. —Será muy difícil —dice segura tomando el dinero, hace su trabajo y me entrega el ticket con el cambio. —Me gusta lo difícil —tomo la bolsa con cuidado y camino hacia la puerta—. Hasta pronto, Ebba —digo en un susurro ronco y ella se sonroja, estoy listo para salir, pero una canción se me viene en la mente y digo su frase en español—: Tal vez pienses que puedes esconderte, puedo oler tu aroma por millas —escucho que suelta un jadeo y salgo de la galería con una sonrisa. EBBA Tal vez pienses que puedes esconderte, puedo oler tu aroma por millas... ¿Por qué se le ocurrió esa canción? Creo que el alcohol está haciendo un mal juego conmigo, pero espero que no escuchó el jadeo que se me escapó, dijo eso con su tono ronco y coqueto, pero para nada es de mi gusto. Pero no voy a negar que está guapo, sería mi tipo de hombre, claro, quitando que es un mujeriego. ¿En qué estás pensando, Ebba? Nadie es mi tipo. Las horas pasan, me siento en la silla que puse enfrente del ventanal del local para distraerme un poco, por casualidad suena la canción Animals por toda la galería y es que la dueña dice que tener canciones le da un toque al ambiente, aunque están en un volumen bajo, se aprecia muy bien la música, miro a todo tipos de personas pasar, una que otra me saluda y le regreso el saludo, pero miro sorprendida a ver un chico con gabardina negra, bufanda gris, el cabello hecho un desastre, pero se le mira muy bien y ojos azules, me recuerda a Adler, pero tenemos tiempo sin saber algo de él, por más que le mandamos mensajes no los contesta, así que dejamos de enviar. ¿Qué sería de él? ¿Tendrá pareja? Me acuerdo que Vane y él se llevaban muy bien, tanto que Vanessa no deja de usar el suéter que le dio el chico, cada vez lo miro con más parches de bandas que los dos escuchan, pensando en eso... ¿Vanessa lo seguirá esperando? Sé que soy su mejor amiga, pero en esos temas ella es muy cerrada y cambia de tema, la última vez solo me dijo "fue algo de pasada" aunque sé bien que la marcó. —Buenas tardes —saluda un cliente sacándome de mis pensamientos. —Buenas... —lo miro y me deja sin habla, el chico del ventanal es Adler, me mira con una sonrisa de lado que le da un aire divertido, viéndolo bien, los años le hicieron un gran efecto positivo. — ¿No piensas saludarme? —pregunta divertido y yo me pongo de pie para abrazarlo, el abrazo se siente como un hogar cálido—. Te extrañé, Ebba —dice con su voz ronca. —Eres un idiota —digo en su pecho—. Tantos mensajes y ninguno contestaste —le reprocho y él se ríe. —Estaba ocupado en terminar rápido los estudios, lo siento —nos separamos, tiene una barba que se mira que es de días, pero bien cuidada, todavía tiene el reloj que Vanessa le regaló. — ¿En qué te puedo ayudar? —Necesito un cuadro, un amigo celebra su cumpleaños ahora y le encanta el arte, ¿me podrías ayudar? No sé nada de esto —hace un puchero y me rio. —Estás con la mejor —le guiño un ojo y le enseño los cuadros.
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