VANESSA
Respiro profundo y abro la puerta para encontrarme a Samuel, hago una mueca y él se ríe.
—Ebba me invitó —se encoge de hombros—. Por cierto, te miras hermosa y a Adler le dará un infarto —se burla y lo dejó pasar.
—Están en la habitación, pero puedes gritar —le guiño el ojo.
—Suerte —me deja un beso en la mejilla de modo despedida y salgo de la casa, cosa que me arrepiento de hacerlo porque lo miro.
Lo miro saliendo de su auto, estudio su ropa, joder, la camisa marca su perfecto abdomen, uno que toqué y me encantó, siento más mis nervios que antes.
Camina hacia mí con una sonrisa de lado, yo esperaba el cabello verde, porque no estoy preparada para estar con un hombre así de sexy.
—Al fin, Vanessa Leyva se ha quedado callada —y rompió el hechizo.
—Idiota —sonrío y él asiente divertido.
—Vamos antes de que mis ojos miren esos hermosos par de ojos que tienes —me toma de la mano.
—Te recuerdo que mis ojos están más arriba —rio y me guiña el ojo.
—Lo sé.
Caminamos hacia su auto, abre la puerta del copiloto y entro, su auto huele a él, intento no inhalar demasiado, para que no piense que soy acosadora.
ADLER
Noto que inhala profundamente y trato de no reírme, manejo hasta llegar a un lugar muy conocido por ella, pero sé que es su lugar favorito.
—Pensé que ibas a llevarme a un lugar diferente —tomo su mano cuando me la ofrece para ayudarla salir del auto.
Ya es una costumbre y no nos molesta en absoluto, miro el anillo que le regalé y una idea cruza por mi mente, pero la borro rápido, todavía no quiero pensar en eso.
—Si te molesta, nos vamos —cierro la puerta y caminamos.
—Sabes que me encanta este bar —me sonríe.
Entramos al lugar que está un poco vacío y tomamos asiento en una mesa disponible.
—Guten Tag, ¿qué desean ordenar? —pregunta el mesero y ordenamos.
— ¿Sorprendida? —me burlo.
—Muy sorprendida —me saca la lengua de forma infantil, llevo mi mano hacia la suya y la acaricio.
—Esto solo es el comienzo, mami.
—Ni creas que iré a un hotel —quita su mano y rio.
—Si ese fuera el plan, no estuviéramos aquí.
—Algo me dice que te tengo que creer —rueda los ojos.
El mesero deja nuestra comida y nos ponemos a comer, a veces me mira y desvía la mirada cuando la atrapó viéndome.
—Estoy llena —anuncia y me rio cuando miro su plato vacío.
— ¿Dejaste espacio para el postre?
—Depende de cuál postre sea —hace un gesto pensativo y me rio.
—No ese tipo de postre —digo divertido.
—Nunca dije cuál postre, papi —levanta una ceja—. No creo que quieras ver de qué color están mis uñas de los pies o cuál ropa interior uso.
—Es muy tentador ahora que lo mencionas, pero mis planes son otros.
Una vez de pagar la cuenta, salimos y conduzco hasta llegar al destino, en todo el camino Vanessa estaba tranquila, desde un principio puse mi mano en su pierna y ella también puso la suya.
—Piano Salon Christophori —lee cuando bajamos del auto.
—Mis padres son amigos —me encojo de hombros—. Así que tenemos toda la noche —caminamos a la entrada, ella me ayuda con la canasta que tiene postres y bebidas, saco las llaves y abro el local.
Es tipo un almacén, pero en una tarima está un piano y tiene lugares para otros instrumentos, el local funciona como un lugar para dar conciertos a los fanáticos del piano.
Vanessa mira el lugar sorprendida, me da la canasta y camina con cuidado hacia el piano como si el instrumento la estuviera llamando.
Llega al piano y lo roza con sus dedos, lo acaricia lento hasta tomar confianza para sentarse, ahí es donde nuestros ojos se conectan.
—Tenía tiempo sin estar enfrente de un piano —confiesa triste.
Dejo la canasta en una silla y camino hasta llegar a un lado del piano y me recargo para verla, por su expresión, diría que no toca un piano desde la obra del internado.
— ¿Desde cuándo? —pregunto para confirmar lo que pienso.
—Tú sabes eso —suspira y vuelve a mirarme—. Desde el internado, fue lo único que dejé.
— ¿Por qué? Recuerdo que te gustaba.
—Porque tenía que concentrarme en mi carrera —intenta sonreír, miro la duda y emoción en sus ojos.
—Tenemos toda la noche, mami —le vuelvo a recordar y ríe.
—Lo sé, solo que intento recordar una canción —dice pensativa.
VANESSA
Miro las teclas, tan perfectas, tan hermosas y los recuerdos del internado llegan, horas en el piano, Ebba riéndose porque es mala para tocar, Cassian intento lucir intelectual tocando aunque lo hacía mal, Ayla riéndose y diciendo que esto será una escena de su novela.
Luego está la razón por la que comencé a tocar con fuerza, con dedicación, con sentimientos en cada nota, que gracias a eso me entregaba a cada nota, luego la obra, mi mayor orgullo, mi mayor sueño, digo mi mayor sueño, porque ahí me ofrecieron una beca para estudiar piano, pero no la acepté.
Al final, lo dejé porque esa razón se fue, sin mirar hacia atrás, sin nada que decir, se fue arrancando la inspiración, los sentimientos que alguna vez tuve en el piano.
Respiro profundo y empiezo a tocar una canción, no es una canción normal, es la canción, los recuerdos vuelven a llegar, esa sonrisa de lado, esos ojos, la primera vez que nos vimos, la primera vez que me sentí querida por alguien más, las inseguridades, sus sentimientos hacia mí hasta su partida que fue dolorosa, que fue un hemos perdido tiempo, y vuelven esos ojos tan transparentes en sus sentimientos, algo que nunca me di cuenta hasta ahora, siempre estuvo ahí y estará ahí.
Siento mi respiración agitada pero no me importa, llego a la nota final sin moverme, no necesito tocar mi rostro para saber que estoy llorando, Gala me matará por arruinar el maquillaje, pero eso no importa, solo necesito sentir su cercanía, su calor, sus sentimientos de nuevo y todo volverá con calma.
ADLER
Sé cuál canción es, Every Breaking Wave de U2, sin dudarlo lo sabía, pero no digo nada, espero que ella se recupere y también espero hacerlo.
Sus lágrimas han dejado de caer, mi corazón late con fuerza, mi cerebro viaja al recuerdo de esa canción y luego regresa para darme cuenta de que la chica está abrazándome, tardo en responder el abrazo, la abrazo fuerte y dejo un beso en su cabeza.
—Lo siento por no darme cuenta antes —confiesa con voz rasposa por su llanto y ahogada por mi pecho—. Siempre estuvo ahí, pero no me di cuenta, cuando te conocí empecé a tocar el piano con sentimientos, luego te fuiste y alejé del instrumento, me alejé de mi placer infernal y luego regresaste para ser mi amor infernal, no solo por el amor del piano, también es por ti, tener ese sentimiento que quema cuando te veo, siempre estuvo ahí, pero no supe interpretarlo.
Su llanto se ha calmado, pero la sigo abrazando, no sé qué decirle, siento que las palabras no son necesarias.
Fui la razón para tocar con sentimientos, para dejarlo y luego volver a tocar, son sentimientos fuertes los que tenemos, sabemos que por más lejos que estemos o tan cerca, vamos a seguir siento lo mismo.
—Lo siento, sé que no es una plática para la primera cita —se disculpa y rio por debajo.
No es algo que imaginé como la primera cita, pero no se siente que fuera así, se siente como si nos conocimos por demasiado tiempo.
— ¿Te acuerdas de la canción que nos despedimos en internado? —susurro y asiente en mi pecho—. You can change your name, or even who you are —canto despacio.
—That's the beauty of the scar —susurra entendiendo lo que quiero decir.
—That is the contract of the heart —termino, se aleja y me mira con ojos llorosos.
Y sin dudar la beso, la beso como si estuviéramos en ese momento, en la despedida del internado, ella con su sonrisa y yo pensando si las ganas de besarla, mis manos se acomodan en su cintura y la acerco más hacia mi cuerpo.
VANESSA
Siento su cuerpo pegado al mío, su calor con el mío, nuestras lenguas danzando a un ritmo que conocemos, llevo mis manos hacia su cabello, elevo poco mi rodilla y froto leve su entrepierna haciéndolo gruñir, nos inclinamos hasta que siento el borde del piano en mi cadera, sus manos dejan estar en mi cintura y las pone en el piano dejándome entre el piano y su cuerpo.
Mis manos recorren su pecho, siento más su calor, vuelve a gruñir, muerde mi labio y se aparte, sin quitar sus manos en el piano, sin darme la oportunidad de salir.
Sus ojos azules transmiten demasiado, su cabello está despeinado, sus labios rojos y su bicho marcado en el pantalón.
—Joder, Vanessa —susurra y siento un mar de emociones en mi estómago que va bajando hacia mi parte íntima.
—No hice nada —pongo mis ojos de niña buena.
—Tú —pone mi pierna en sus caderas haciendo que me incline más en el piano, la acaricia suave—. Y tu pierna son muy traviesas.
— ¿Sabes quién más es traviesa? —miro sus labios y luego sus ojos.
—Déjame adivinar —su mano disponible viaja hacia mi cuerpo, hace un leve recorrido por mi abdomen hasta bajar a mi intimidad, se inclina hasta llegar a mis labios—. Sabrás lo que sentí —me besa con deseo acariciando mi intimidad.
Un gemido se escapa de mis labios cuando siento que su mano en mi pierna aprieta tan delicioso, acerco mis caderas con su mano, pero se aleja rápido de mí, haciendo ausencia su calor en mi cuerpo, lo miro a varios pasos de mí, intenta controlarse por unos segundos.
—Me gustaría hacerlo en el piano, pero prefiero que sea en el piano de nuestra futura casa —su voz es muy ronca y más sexy se mira con esa sonrisa de lado.
— ¿Quién dice que tendremos ese futuro? —me burlo, pero algo en muy profundo de mi ser, se emocionó con esas palabras.
—El destino —se acerca un poco, pero se detiene y mira hacia su bicho—. Si me permites, me daré la vuelta y pensaré en otra cosa, porque si te miro, nunca estaré tranquilo.
—Claro, es más, voy por el vino y arreglarme el maquillaje—respiro profundo intentando calmarme.
Camino hacia la canasta que dejó en la silla, me agacho para abrirla y sacar el vino.
—Mejor me volteo al otro lado —escucho que se voltea y me rio.
Dejo la botella en el suelo y voy al pequeño baño para verme en el espejo, me alegro al ver que el maquillaje no se arruinó tanto, tomo un poco de papel y limpio lo poco que se corrió.
Salgo del baño, tomo la botella que dejé en el suelo y me acerco a su espalda con la botella en mi mano, me pongo de puntitas, siento que su control está a punto de irse a la mierda, lo sé porque su cuerpo tiembla cuando le dejo un beso en el cuello.
—Llévame a tu departamento —susurro, me alejo un poco, se gira tan rápido y rio.
—Te burlas de mí porque sabes que no te tocaré si no quieres —bufa—. Pero si la señorita quiere que la lleve a mi departamento, lo haré.
—Me gustaría hacer el amor contigo, pero de otra forma, Adler —saboreo su nombre y su respiración se agita—. Tenemos vino y postres, podemos ver una simple película o estar en el balcón —le enseño la botella.
—Un excelente plan —suspira y nos alejamos del lugar.