Capítulo 19

1352 Palabras
ADLER Cambio la gabardina gris por la azul oscura, pero tampoco me convence, vuelvo a la gris, no estoy seguro de cuál queda mejor. — ¿Vas a una cita o una junta de trabajo? —lo miro a través del espejo. — ¿Entonces ninguna? —le pregunto y se ríe por mi tono de voz. —Ya veo que estás nervioso, déjame te ayudo. Va a mi armario y revisa todos los abrigos que tengo, no son demasiados, pero estoy seguro de que él encontrará la combinación perfecta. — ¿Qué haces? —miro toda la ropa que pone en mi cama. —Te dije que te iba a ayudar —deja la gabardina con tonos grises en la cama y se acerca—. A veces debes saber cuál es la ropa para el trabajo y cuál no, Adler —hace seña a mí y luego a la ropa—. No te vistes mal, pero para una cita, se vale ir cómodo, tú sabrás si te cambias de ropa —me da una palmada en el hombro y sale de mi habitación. Me miro de nuevo en el espejo, no tiene nada de malo la camisa gris claro con líneas blancas, el pantalón n***o y... Mierda, mejor me cambio. Desabrocho la camisa que tengo y tomo la camiseta negra con cuello alto, me quito los pantalones para ponerme unos pantalones jeans, me fajo la camiseta, lo bueno es que es ajustada, me pongo el cinturón n***o y al final me pongo la gabardina. Miro por última vez al espejo revisando si todo está en orden, tomo mis cosas y salgo de la habitación. — ¡Wow! Qué gran cambio —mira mi muñeca y frunce el ceño—. Creo que te falta el reloj —miro mi muñeca y es cierto. —Gracias por recordarme —vuelvo a la habitación y tomo el reloj que me dio Vanessa. —Para eso me tienes —guiña el ojo y me siento a un lado de él—. Controla tus nervios, galán. —Nervios los que tuve cuando mi suegra me regañó —murmuro haciendo que se ría. —Necesito escuchar esa historia. VANESSA ¿Han visto los nervios? Pues yo soy los nervios en persona, nunca pensé que estaría así de nerviosa. —Deja de moverte, joder —bufa y me rio. — ¡Vane! —grita Gala y dejo de moverme. —Nunca vi a una persona tan nerviosa para una cita. —No es una cita cualquiera —se detiene en el maquillaje para tomar un estuche de sombras—. Es la primera cita, pobre de ti si te mueves, cabrona —dice y cierro los ojos. —Ah, la primera cita, ¿te acuerdas de nuestra primera cita, Gala? —pregunta y siento que sigue pintando mis uñas. Me siento en un salón de belleza, Ebba me está peinando, Gala maquillando y Aura está poniendo esmalte en mis uñas de mis pies y manos. —Claro, fue la primera vez que... ¡Ah! ¿Por qué me golpeaste con tu zapato, loca? —pregunta y me controlo para no reírme. —Porque todavía te vemos como una niña —dice Ebba. —Ebba, la primera cita montamos caballos por primera vez —se ríe y todas nos reímos—. Al menos que tú haces otras cosas en la primera cita —dice con voz coqueta y estoy segura de que Ebba está roja como un tomate. —Para tu información, no hago nada de esas cosas, además, tenemos que apurarnos —dice y las otras continúan con su trabajo. —Espero que Adler se dé cuenta del color de uñas que tienes en tus pies, porque tardé demasiado en pintarlas —se queja, pero noto su sonrisa. —Claro que lo hará —digo segura y Aura se ríe. —Déjate desear, cariño —escucho que se pone de pie. — ¿Creen que irá muy formal? Porque siempre lo miro con ropa formal. —Deberías preguntarle a Samuel —sugiere Aura. —Que no te muevas joder —se vuelve a quejar—. Pero sería buena idea. Siento que Ebba deja mi cabello, escuchamos el sonido de su celular y a los minutos la notificación de mensaje. — ¡Mierda! —grita sorprendida—. Mandó foto de Adler —dice y estoy a punto de moverme. —Tú no la verás, solo nosotras —me regaña—. A ver. No me muevo porque no quiero estropear el avance del maquillaje, pero mis nervios están al cien. — ¡Joder! —todas gritan y yo estoy llena de curiosidad—. Definitivamente no verás la foto, Vane —sentencia Aura. —No sabía que tienes gustos así, pero pa' tu información, se pintó el cabello de color verde, así que deja de estar tan nerviosa. Sé que lo dice para tranquilizarme, pero me pone más nerviosa, porque sé que se arregló muy bien. —Aura, vuelve a ver la ropa de Vane y tú decide si está bien o no —ordena Ebba y al parecer la chica le hace caso porque la escucho caminar. —Listo, al final te pondré el labial, ya puedes abrir los ojos —dice burlona y lo hago, el maquillaje es muy sutil, resalta mis ojos con los lentes—. Solo esperemos que combine con el nuevo conjunto. También miro mi cabello, está completamente lacio, si antes era lacio, pero no era tan perfecto. —Se lucieron, chicas —digo y ellas me sonríen. —Listo, yo digo que así está bien —miramos a Aura y sonríe por el nuevo conjunto, al parecer estuvo en el lugar oscuro de mi armario porque hay prendas que no me acordaba que las tenía. —Solo te recuerdo que queda una hora, así que tienes que pisarle a la chancla —las tres me llevan al baño y cierran la puerta—. ¡Cuidado con el maquillaje! —grita y me rio. Me pongo la ropa con mucho cuidado y salgo del baño poniéndome el cinturón ancho. —Madre mía, estás que arde —dice Ebba y me rio. —Ven, tienes que escoger el abrigo. Me paro enfrente del espejo, tengo una blusa negra de manga larga, pero está descubierta del lado izquierdo, unos pantalones jeans claros, el cinturón ancho. —Si me pongo abrigo, ¿la blusa no perderá su toque? —pregunto cuando las miro. —No te preocupes por eso, lo notará —me guiña el ojo y miro las dos opciones de abrigos. Uno es un saco muy formal, es de color blanco y el otro es un saco tejido color crema. —Yo digo que el saco tejido —digo pensativa y ellas me hacen señas para darme la vuelta, me ponen el saco. Lo acomodo de un modo que la abertura del saco quede a un lado de mis pechos, dejándolos a la vista junto con el lado coqueto de la blusa. —Admiro tus pechos —dice Gala y me rio. —Gracias —le guiño el ojo—. ¿Qué hora es? Ebba saca su celular y nos muestra la hora, pero un mensaje de Samuel se hace presente en la pantalla. —Bebé, te quiero dedicar la canción de Ariana Grande 34+35 —leo el mensaje inventado y Ebba hace cara sorprendida. —Lo más sorprendente es que él te dedica esa canción —dice coqueta y nos reímos. Ebba mira el mensaje y me rio porque me fulmina con la mirada. —Te voy a matar, Vanessa Leyva —dice muy seria y dejo de reírme. Estoy a punto de correr, pero alguien toca el timbre de la casa. —Te salvaste, Vane —se burla Gala. —Ya me voy —tomo mi bolso con mi celular, llaves y cartera, me miro al espejo y salgo de la habitación con calma, controlando los nervios. NOTA: Si quieren ver la ropa que usaron estos chicos, pueden verla en mi ig: sadmoonread_
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