VANESSA
Bajo las escaleras y camino hacia la cocina, mi mamá se encuentra metiendo la comida en el horno, me detengo en el marco de la puerta.
Ha pasado unos días desde la llegada de Gala y no nos hemos visto demasiado por el trabajo de cada una, pero nos mandamos mensajes, he estado evitando a mi madre porque no sé cómo contarle lo de Adler y que voy a vivir con Ebba.
— ¿Piensas ayudar? —me mira y me acerco a ella donde está la tabla de picar con manzanas—. ¿Qué tal el chico? —pregunta directa y me rio—. Queda una plática pendiente.
—Yo digo que dos —me concentro en picar las manzanas.
—Entonces ya estuvieras.
—El chico es Adler, mamá —retengo la respiración esperando su regaño, pero se ríe.
—Algo me decía que era ese chico, ¿era el del internado? —escucho que lava los trastes.
—Sí.
—Qué bueno que me lo dices, lo voy a tratar con mucho cariño —entiendo su sarcasmo y me rio.
—Pobre chico —niego con la cabeza, pongo las frutas picadas en un traste y llevo los trates sucios al fregadero.
—Debió pensar en las consecuencias —me guiña el ojo y nos reímos.
—Y la otra cosa —hago una pausa—. Ebba me invitó a mudarme a su casa, obviamente dividirnos los gastos.
—Me parece perfecto, pero con una condición —me mira seria—. Nada de invitar chicos —levanta una ceja y me rio.
—Claro que no, mamá —voy por el traste de frutas y lo dejo en el comedor.
Después de comer en familia y contarles sobre Adler, mis hermanos me ayudan a empacar mis cosas y me voy a la casa de Ebba.
—Bueno, limpié la habitación —abre la puerta—. Por ahora te presto algunas sábanas que tenía limpias, pero tendrás que comprar unas —me mira con una sonrisa traviesa.
—Eres una sucia —le jalo un mechón y ella se queja.
—Estaba sola, solo te diré que cuando cierro la puerta de mi habitación es porque estoy ocupada —me guiña el ojo y me rio.
—Maldita —digo divertida, dejo mi maleta en el suelo—. Mi mamá dijo que nada de chicos.
—Que bien te conoce —se burla—. Dejaré que te instales, tengo que continuar hacer las clases de la semana —sale de la habitación, miro mis cajas y las maletas.
—Manos a la obra —tomo el celular y pongo música, suena U2 a un volumen moderado y acomodo todo.
ADLER
Vamos en el auto, Amsterdam de Nothing But Thieves suena a todo volumen, pero Samuel baja un poco el volumen.
—Ahí queda la casa de Ebba —señala.
La casa es blanca y gris, muy moderna, miro de reojo que el auto de Vanessa se estaciona y baja como una diva con unas bolsas.
—Ojos en el camino, Adler —me molesta divertido y continuo manejando—. ¿Te imaginas si Vanessa vive con Ebba? Sería bueno visitarlas —siento su sonrisa en esas palabras.
—Sería muy bueno visitarlas —me rio ante la idea.
—Espera —escucho que marca un número de teléfono y lo pone en altavoz.
— ¿Bueno? —contesta Ebba.
—Adler pregunta si Vanessa vive en tu casa —dice como si nada.
—No cierto —me rio—. Pasábamos por ahí.
—No sabía que los dos eran acosadores —se escucha las risas de las chicas.
—La respuesta —escucho su voz y siento como un escalofrío recorre mi cuerpo—. Sí, somos compañeras.
— ¿Quieren hacer un...
—No termines la pregunta —bufa Ebba y nos reímos.
—Decía que si querían hacer un tour por nuestras casas —dice riéndose—. Eres una malpensada, aunque la idea me gusta, pero solo contigo.
—Deberías quitar el altavoz —se burla Vanessa y me rio.
—Todo lo que causas, Sam —se queja.
—Sam —imita Vanessa a Ebba—. Wey, no mames, ¿en cuál momento pasaron de Samuel a Sam? —molesta divertida.
—Es normal —dice sin más—. Ustedes digan cuando, nos vemos —cuelga sin esperar respuesta.
—Todo lo que causas, Sam —imito a Ebba y me rio.
—Basta, wey —bufa molesto.
—Puedo asegurar que te sonrojaste —lo sigo molestando.
—Eres igual que Vanessa —dice y me rio.
—Por algo estamos.
— ¿Dónde la llevarás? —pregunta interesado.
—Ni creas que te diré mis secretos —me rio y estaciono enfrente de la casa de mis padres y bajamos.
***
Yo: ¿Lista para la cita?
Le mando el mensaje y termino de guardar la ropa limpia en mi armario.
Mami: ¿Debería preocuparme?
Yo: ¿Tan poca fe me tienes?
Mami: No jajajajaja bueno, sí, ¿me tengo que vestir muy formal?
Pienso en el lugar y me rio, debería jugarle una broma con la vestimenta.
Yo: No, vete casual, tampoco en pijamas.
Mami: Ya iba a ver mis baby doll ;)
Una imagen de Vanessa en baby doll me salta la mente y me concentro en no pensar más.
Yo: ¿No te gustaría ir a un hotel?
Mami: Virgen hasta el matrimonio ;)
Yo: Lo respeto.
Mami: Solo te digo que mis padres saben de ti ;) Nos vemos en el trabajo.
Yo: Nos vemos.
Dejo el celular y me pongo nervioso, no me gusta la idea de tener a mi suegra con mi jefa, pero todo sea por Vanessa.
VANESSA
Me acomodo la bata blanca y me pongo los lentes de seguridad, cierro la taquilla, camino hacia mi puesto de trabajo.
—Buenos días, nena —me sonríe.
—Buenos días, Dirk —le regreso la sonrisa.
—Adivina quién tiene una cita —mueve sus cejas.
— ¿Con quién?
—Con el chico del antro —me guiña el ojo coqueto y me rio en voz baja.
—El amor se encuentra en un antro —me burlo y sonríe.
Iba a hablar, pero me hace una seña hacia la entrada y miro a Adler, con su bata blanca y los lentes de seguridad sigue igual de guapo, nuestras miradas se encuentran y siento que mi respiración se acelera, maldito efecto Adler, él me sonríe de lado, camina hacia mi puesto y me lanza un beso cuando pasa a mi lado y se detiene.
— ¡Haucke! ¡Llegas tarde! —el grito de mi mamá es fuerte y seguro, pero siento el toque de humor.
Me rio por la mueca del chico, se acerca a mí, siento su calor y su aroma.
—Nos vemos en la hora del almuerzo —susurra y se aleja.
—Me encanta ver que sigues en el encanto de Adler —suspira y lo miro burlona.
—Lo iba a negar, pero tienes razón —le guiño el ojo y nos ponemos a trabajar.
El día se pasa rápido y me siento cansada cuando camino hacia la puerta de la casa.
— ¡Ebba! —grito, pero no obtengo respuesta, frunzo el ceño y camino hacia la cocina después de quitarme los zapatos.
Camino hacia mi habitación y noto que su puerta está cerrada, ignoro ese detalle y me adentro al pequeño baño que está en mi habitación.
Después de darme un baño relajante y de ponerme ropa limpia, salgo de mi habitación, huelo a comida y hace que mi estómago gruñe, pero deja de hacerlo cuando el olor ya no es agradable.
—Nunca pensé que cerrabas la puerta para hacer eso —me burlo cuando entro a la cocina.
—Si te digo las cosas es por algo —se ríe.
— ¿Qué haces? —me acerco y miro que ha estado usando todos los sartenes y demasiada comida.
—No lo sé —confiesa y me rio.
—Deja que salve lo que estás haciendo.
Me lavo las manos y empiezo a cocinar, el intento de Ebba tiene remedio, pero tardo en arreglarlo, aunque ya huele un poco bueno.
—Me alegro de que sabes cocinar —corta las verduras como le dije.
—Alimenté a dos animales cuando ellos me tenían que alimentar —me encojo de hombros.
—Tus hermanos son tan responsables —se burla y la entiendo.
—Prepárate porque son capaces de llegar en cualquier momento.
— ¿Vladimir sigue igual de guapo? —hace voz de soñadora y estoy a punto de vomitar.
Ebba tenía un crush con mi hermano, un crush que solo duró dos minutos porque se dio cuenta de que era muy infantil.
—No hables de cochinadas.
—Debería aprovechar que anda soltero —dice con voz pensativa.
—Ni se te ocurra —apago la estufa y camino hacia ella, para ver cómo va con la ensalada y es un desastre—. Me pregunto cómo sobreviviste.
—Cállate, la comida rápida es muy buena —se justifica y me rio.
—Por eso Samuel no se esmera en los lugares para llevarte —me burlo y me apunta con el cuchillo.
—Y al parecer nunca tendrás una cita con Adler —ataca, pero me rio.
—Esta belleza que miras —señalo mi cuerpazo y ella se ríe—, tiene una cita con ese tal Adler.
—Espero que te lleve a comer debajo de un puente —vuelve a atacar las verduras.
—Wey, es una simple ensalada, estás mutilando a la lechuga.
—Me rindo, no sirvo para esto —me entrega el cuchillo y se pone a alistar la mesa.
—Eres todo un caso Ebba.
—Y no lo niego, Vanessa Leyva.
—Te enseñaré a cocinar, antes de que te cases —digo como una promesa.
—Eso espero —bufa divertida.