Capítulo 10

1438 Palabras
VANESSA —No me hables, sigo ofendido porque no me invitaste —dice Dirk y me rio. —Pero fue algo improvisado —hago pucheros para que me crea y él rueda los ojos. —Nena, no costaba nada mandar mensaje —hace un suspiro dramático—. Me quitaste la oportunidad de conocer a mi amor de mi vida —dramatiza y me rio. —Dirk, el amor de tu vida no lo vas a encontrar en un antro —digo segura y le doy un mordisco a mi sandwich. —No lo sé porque no fui —sigue en su plan de drama y le da un trago a su licuado rojo, la verdad no sé de qué es, pero no se me antoja—. Pero cuenta, ¿cómo te fue con ese chico que te vuelve loca? —Me volvía loca —vuelvo a comer, porque si solo hablamos, se nos termina la hora de comer sin comer. —Yo estoy seguro de lo que digo, amor —me regaña y picotea su ensalada. —Te voy a contar —le cuento todo lo que pasó en su habitación, omito los detalles, en el antro, bueno, no es que pasó algo ahí, solo bailamos como los viejos tiempos—. Y ya, fue todo. —Fue todo —dice imitando mi voz y le lanzo un trozo de lechuga y él la esquiva—. Algún té darás cuenta, beibi —dice y termina de comer. Bueno, todavía no conozco al nuevo integrante del equipo de mi mamá, lo tiene bien escondido, pero me dice que es muy bueno y tampoco nos hemos cruzado, tal vez sí pero no lo conozco. —Pero qué chico tan guapo —susurra mi compañero y hace una seña hacia el chico que está en una mesa—. Espero que sea el amor de mi vida —suspira sin dejar de mirar el chico. El chico mira su celular, su cabello n***o está desordenado, pero no le quita el toque sexy que le da, tiene una gabardina gris con puntitos negros, parece modelo de revista, de seguro es todo un don juan. La camarera le deja su café y él levante la cabeza para sonreír, ahí es donde casi me da un infarto. —Pero qué caras —dice mi compañero. —Es Adler —le digo y él se emociona. — ¡¿Qué?! —se emociona de más y hace que todo el mundo nos mire, incluyendo el chico sonriente. —Cállate —susurro, pero es demasiado tarde porque el chico llega a nuestra mesa. —No sabía que te iba a encontrar por aquí, mami —me saluda con su típica sonrisa y yo se la regreso. —Me va a dar algo —dice Dirk—. Qué sexy —susurra y rio. —Dirk, él es Adler, un amigo —los presento y estoy segura de que Dirk le da un infarto. —Puedes sentarte, Adler —le dice y el chico toma asiento con demasiada confianza—. ¿Trabajas cerca de aquí? —pregunta con curiosidad. —Sí, en el laboratorio Bayer —dice, los dos nos sorprendemos. —Qué casualidad, nosotros también trabajamos ahí —dice mi compañero y yo solo asiento. —Pensé que solo tu familia trabaja ahí —sé que está con esa sonrisa burlona. — ¡Wow! —se asombra mi compañero y me mira con una mirada picarona—. Al fin conozco al chico misterioso, ¿sabías que hay muchos rumores sobre ti? Él y Adler platican abiertamente, como si se conocieran de toda la vida. ADLER Dirk me sigue contando todos los rumores sobre mí y me rio en algunos, otros eran muy fantasiosos. Vanessa no ha dicho nada y se limita a comer su sandwich que por cierto, se mira muy bueno, aprovecho que lo deja en el plato y lo tomo para darle un mordisco. —Oye —protesta, me lanza una mirada molesta cuando dejo el sandwich en el plato. —A Vanessa no le gusta que toquen su comida —comenta Dirk y me rio. —Claro que lo sé —guiño un ojo hacia Vanessa y ella rueda los ojos—. ¿Cómo es que se conocieron? —Pues mira es una historia muy larga —cuenta Dirk y yo lo escucho con mucha atención. Saco un paquete de chocolate de la bolsa de mi gabardina y se lo dejo con cuidado a Vanessa, la miro de reojo y tiene una gran sonrisa, le doy un sorbo a mi café y me lo termino. —Y desde ahí somos inseparables, pero todo cambió porque la señorita no me invitó a la fiesta —bufa dramático y miro a la señorita. No se da cuenta de que la vemos porque al momento que se mete un pedazo de chocolate, cierra los ojos y se le sale un gemido. — ¿Ese fue un gemido, Vane? —pregunta Dirk confundido, ella abre los ojos y asiente con la cabeza, sin poder hablar por el chocolate en su boca. —Lo mismo me pasó. —Eres todo un caso, Leyva —mira el reloj—. Es hora, nenes —nos levantamos de nuestros lugares y salimos de la cafetería. —Dirk, eres bienvenido a las fiestas —le guiño el ojo y me alejo de ellos. VANESSA —Ese chico ya tiene mi corazón —suspira y yo ruedo los ojos. —No te hagas ilusiones —le digo abriendo la puerta del gran laboratorio. —No como tú —me guiña el ojo y nos ponemos a trabajar. El día se pasa volando, Dirk y yo nos despedimos y cada quien a su casa, llego a la casa cansada y con demasiado sueño, últimamente me he sentido muy cansada, como si ando en esos momentos de bajada. — ¡Hermanita! —grita Vladimir cuando me mira y me carga—. Deja que te lleve a tu habitación, porque te miras muy cansada —dice subiendo las escaleras y no me quejo. —Algo me dice que quieres algo —me deja sobre la cama y él se acuesta a mi lado. —Nada —deja pasar unos minutos, los dos vemos el techo, parece el techo del dormitorio del internado, tiene un montón de estrellas que brillan en la oscuridad—. Terminé con Greta —al fin dice y yo solo limito a escucharlo—. La relación iba peor, no era como antes, simplemente decidimos terminar antes de que todo fuera peor. — ¿Y cómo te sientes? —pregunto cuidadosa. —Bien, pensé que iba a ser peor, pero estoy bien, siento como si me quitara un peso de encima, suena feo, pero lo es, nunca imaginé que la relación fuera así —toma mi mano para acercarme, acomodo mi cabeza en su pecho y él acaricia mi cabeza—. Solo le deseo lo mejor, que encuentre un chico o chica que la haga muy feliz, es todo lo que se merece, claro, yo la hice feliz por un momento, pero entiendo que no soy el indicado —suspira. —Todo pasa por algo, Vlad —hablo despacio—. El destino a veces juega limpio o sucio —sentencio y él se ríe. —Me encanta que metas el destino en todo, hermanita. —Es lo cierto, el destino es todo, Vlad, tienes que recordarlo —digo divertida, pero seria. Escucho que la puerta se abre y se cierra, la cama se hunde por el nuevo peso. —Odio la vida —suelta Valeria—. Bueno, la vida no, pero los hombres sí, solo algunos, no puedes tener una comida agradable con un chico y piensa que ya eres de su propiedad —bufa. —Es que contigo no se sabe, Val —se burla Vlad. —Cállate, no todo es sexo en esta vida, pero al parecer hay algunos que solo piensan en la cabeza y no hablo de la visible —gruñe y yo me río. —Lo mismo digo —suelto y los dos guardan silencio, esperando que hable—. Vale, vi a Adler. — ¡¿Qué?! —los dos gritan y yo me alejo de Vlad y me quedo en medio de mis hermanos viendo el techo. —Solo sabrán eso —me guardo todo, no quiero que se enteren lo que pasó. —Eres mala, Vane —se queja Vlad y me rio. —Por algo no nos quiere contar —insinúa mi hermana. —Les diré que es el nuevo del equipo de nuestra mamá —digo segura y ellos ahogan un suspiro. — ¡Dinos, Vane! —antes de que se vuelvan más pesados, salgo de la cama y de mi habitación corriendo, bajo las escaleras y miro que mi mamá entra a la casa con una sonrisa. — ¡Maldita sea, Vane! —grita Vlad y mi mamá frunce el ceño, escucho sus pasos y corro con mi mamá hasta esconderme detrás de ella. — ¡Hija de...! —Hija de ¿qué, Valeria? —pregunta mi mamá con su voz de regaño y mi hermana se queda petrificada en el último escalón de las escaleras, mi hermano se queda quieto. —Nada, mamá —dice con voz inocente. —Cómo castigo, ustedes dos van a cocinar, mientras Vanessa descansa en el sofá —sentencia mi madre y pongo todas mis fuerzas para no burlarme.
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