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No me provoques

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asesinato
venganza
oscuro
dominante
twisted
sin pareja
pesado
renacimiento/renacer
crimen
punishment
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intro-logo
Descripción

Nadie está a salvo de pagar por sus pecados, pero estas personas en especial, son las que se someterán en un juego por culpa de lo que cometieron, hicieron cosas malas. Pero ella, Ava, será la encargada de cobrar venganza por lo que le hicieron a ella y por lo que cometieron a los demás. Y a través, de unos videos, la gente se enterará de lo que hicieron. Hay mucha historia detrás de cada persona que ingresará en este juego, que tampoco será por su propia voluntad, Ava, es la encargada de develar cada secreto junto con su equipo, todos son psicópatas, vengativos igual o peor que ella. Eso los hace especiales. A través de las palabras y por supuesto de acciones, transmitirán su odio y melancolía, porque cada historia es diferente, pero solo una persona logrará quitarlos de este mundo, Ava.

Cada persona tiene diferentes formas de afrontar la vida y lo que le pasó, pero Ava, la única manera que conoce de superar sus demonios es con la sangre derramada de aquellos que le hicieron daño.

Pero recuerden, nadie en este mundo está a salvo de pagar por sus pecados.

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Tranquila, debe ser una pesadilla
Tenía catorce años cuando oí los primeros comentarios hirientes en mi vida, al menos de los que era consiente, era muy pequeña, no tenía familia que me cuidara. No una a la que le importara específicamente. Al menos no una biológica. «Eres una niña sin familia» «No sé qué haces aquí» «Deberías estar trabajando de esclava» Pero solo yo podía elegir si esos comentarios me afectaban o no. Lastimosamente era muy pequeña para elegir que no me importaran, por lo que esa gente hizo de las suyas conmigo. Tengo la piel morena, soy delgada y una mujer exitosa, una bajo otro nombre. Ava. Siempre fui discriminada por el color de mi piel, el de mis ojos y del largo de mis pestañas. Siempre fui juzgada por lo exterior, por mi portada. Sumado a que no ayudaba mi historia familiar. Mi madre era una adicta a las drogas y al alcohol, mi padre, bueno ese se esfumó por arte de magia cuando supo que venía en camino, cuando se enteró que mi madre estaba embarazada nos dejó solas incluso antes de que yo naciera. Solo éramos mi madre y yo contra el mundo. Bueno, eso hasta que cumplí los siete años, ella empezó a trabajar de prostituta, sí, muy claro. Ella empezó a ganar dinero, pero para comprar sus drogas, cada día veía de cinco a diez hombres frecuentando mi casa, una hora por cada uno. Pero yo no veía ni un solo centavo de ese dinero. Por lo que una de esas veces, mi madre sin darse cuenta había quedado embarazada, por lo que a mis siete años tuve una hermana llamada Abril. mi casa era un simple cuartucho que odiaba con toda mi alma, mi cuarto era un sofá viejo que supuestamente era de mi padre cuando vivían juntos. Mi madre me hizo pedir comida en las calles, pedir dinero, pero yo escondía algunos centavos para comprar algunos dulces y venderlos un poco más caros. Eso me trajo algo de dinero. Un día, una niña de cabello rubio como el sol, de ojos verdes y sonrisa hermosa se acercó y me preguntó si quería jugar, yo no sabía cómo reaccionar por supuesto, pero al final accedí. A mis siete años estaba tan acostumbrada a que me rechazaran tras que me veían. Es triste pero cierto. Cada día, a las dos de la tarde iba al parque porque allí se encontraba Carmen, la niña del parque le decía yo. Me aprendí sus horarios de memoria e iba a jugar con ella. Su madre mientras tanto hablaba con otras madres durante nuestra hora de juegos. Pero cada día esperaba con ansias a las dos de la tarde para que Carmen viniera a jugar conmigo. Un día, ella no vino. Su madre llegó unos minutos después mientras yo me encontraba sentada en la arena esperando por su hija. -          Cariño, lamentablemente Carmen se enfermó, tiene gripe, me pidió que viniera a decirte que el resto de la semana no podrá venir a jugar contigo, lo siento. Aquella señora que tenía lentes de sol en su cabeza, que también servían como una diadema para sujetar su cabello, fue amable, nunca me discrimino por mi color de piel, ni mi ropa, ni que fuera evidentemente de la calle. Carmen me contó que su madre trabajaba en el mercado de las flores, tenía la tienda más grande de allí y era muy conocida. Mi salvación fue una señora de nombre llamada Luisa, mujer alta, delgada y de cabello rubio al igual que su hija, que en específico era la madre de Carmen. Era una señora de buen corazón, doña Luisa, una señora que trabajaba en el mercado de las flores empezó a ver que su hija, Carmen, jugaba conmigo en el parque, averiguó qué es lo que era de mi vida, y descubrió que no tenía padre, mi madre era una prostituta y yo no estudiaba. Ella se encargó de hablar con mi madre para que le dé permiso de meterme a la escuela, pero mi gloriosa madre estaba lo más drogada posible como para notar que yo me iba cada mañana a la escuela. El día que fue a mi casa, que era detrás de un barrio peligroso, mi madre estaba muy drogada para atenderla como se debía, ella solo asentía con todo lo que le decía la señora Luisa. Ella me metió a la misma escuela de su hija, Carmen, una escuela de ricos que estaba situada en el centro. He aquí un dato muy curioso, la señora Luisa me acogió muchas veces en su casa cuando mamá no aparecía, doña luisa era un ángel en este mundo de crueldad, aquella mujer de ojos grandes, que vestía muy bien y tenía la tienda más grande del mercado de las flores, me educó y me enseñó modales, mi madre ni cuenta se daba. Pero para la sorpresa de doña Luisa, aprendía demasiado rápido y me declararon una niña superdotada con tan solo ocho años, avancé de a dos cursos por grado hasta que alcancé a su hija, Carmen. Aquella niña fue mi única amiga por mucho tiempo. A muchos le molestaba mi color de piel en una escuela de ricos y pieles blancas, a muchos les molestaba que una niña poco agraciada, de pestañas cortas, de zapatillas baratas y con trenzas en el cabello mal arregladas, iba todos los días a la escuela y se juntaba con los niños que parecían sacados de una revista de modelos. Pero para mi fortuna era superdotada, y eso superaba cualquier tontería que los niños me dijeran. Sufrí de mucha discriminación y por mucho tiempo me callé. Cuando cumplí los quince años, mi madrina, así me pidió la señora Luisa que la llamara desde entonces, me hizo una fiesta de cumpleaños junto con su hija Carmen, ni siquiera yo sabía la fecha en la que cumplía años, solo sabía que en agosto era el mes. Carmen por supuesto, aceptó gustosa y una fiesta enorme en su casa, era a mediados de agosto, decidimos que mi cumpleaños iba a ser el mismo día que Carmen, por lo que la fiesta fue doble. Un quince de agosto. Con vestidos largos, tacones, maquillaje y regalos culminó aquella fiesta. Mi madrina solo tenía una petición conmigo, recuerdo bien las palabras que me dijo aquella vez que unos niños me molestaron por llevar zapatillas de la temporada anterior. Yo había salido llorando a la calle done mi madrina esperaba para recogernos. Nos subimos a su coche y no hablamos en todo el camino. Cuando llegamos a casa, le dijo a Carmen que fuera a su habitación un momento porque necesitaba hablar conmigo. Carmen hizo caso de inmediato. Por un momento tuve miedo, mi madrina me miraba con un semblante muy serio, pero lo relajó al instante en el que Carmen desapareció por el pasillo de camino a su habitación. -          Necesitas una frase, Maddison, para defenderte, y aunque ellos no crean de lo que era capaz lo serás para protegerte. «No me provoques, no sabes de lo que soy capaz» les dirás. -          Tengo miedo-había dicho yo, una niña de tan solo quince años. -          Mira Maddison-me indicó a que mirara todo lo que teníamos alrededor- este es el mundo, aquí o eres inteligente o eres una fracasada, si estás mal preparada para salir a ese nido de hipócritas, mentirosos y traicioneros, te comerán viva. Necesitas quitarte esa idea de tener miedo, en el mundo hay arpías y lobos, no eres ellos, eres mucho más inteligente que eso. Fueron sus palabras exactas. Con el tiempo descubrí que mi madrina era una persona adinerada porque ella invertía en varias empresas, lo que la dejaba con mucho dinero al final de cada mes, ella sabía lo que hacía y le gustaba. Ella no tenía un esposo, no le gustaba mucho sacar el tema, Carmen tampoco lo hacía sin el consentimiento de su madre, pero un día, cuando le conté a mi madrina lo que había pasado con mi padre y lo cobarde que fue cuando se enteró que mi madre estaba embarazada de mí, ella se animó a contarme la verdad sobre el padre de Carmen. -          Cuando Carmen nació, mi marido, Estefan murió, él tenía cáncer, ya no se podía hacer nada, no ayudaron las quimioterapias, ni nada de eso. Afortunadamente él tenía un dinero ahorrado, con lo que empecé a invertir en tres empresas, una era de una tienda de celulares y tecnología, otra era una librería y la última era una un restaurante de comida rápida, te sorprenderías lo mucho que vende la comida, después, con el dinero que me sobró, empecé a vender flores, amo las flores-y lo decía enserio, porque ella tenía un jardín inmenso lleno de variedades de flores en la parte trasera de su casa, y las cuidaba bastante bien- por lo que decidí dedicarme a eso. -          ¿Usted nunca estudió?  -llegué a preguntar. Ella lo tomó como algo gracioso. Todos, los profesores, los estudiantes, las personas mayores, absolutamente todas las personas que conocía me decían que debía estudiar para ser alguien en la vida, que fracasaría si en algún momento dejaba de estudiar o quería dedicarme a otra cosa. Afortunadamente me gustaba el estudio decía yo. -          Cariño, uno decide la manera en la que es inteligente, si eres inteligente estudiando está bien, pero si también eres inteligente para esta vida haciendo cualquier cosa que te guste, eso también está bien, no creas que la gente no me molesta porque no estudié una carrera en la universidad. Era muy joven cuando me embaracé de Carmen. Pero decidí no fijarme en los comentarios de la gente, eso nunca ayuda. Solo me enfoqué en crecer y ser libre. Y mírame-señaló- tengo la casa que tengo, puedo darme los lujos y gustos que yo quiero, la vida que a mí me plazca y los viajes que quiera darme, solo es necesario ser inteligente en lo que más te gusta. Ese día entendí que mi madrina era inteligente para crear dinero, aun estando sola, entendí que a ella le gustaba aquello, entendí que Luisa Vernard era fuerte y valiente por nunca derrumbarse. Definitivamente quería ser como ella algún día, pensaba muchas veces en ello, y cada vez me convencía más. Pero a mí, a mí me encantaba mantener la cabeza en los libros, investigaba y aun así no me era suficiente, me gustaba leer aun así solo tenga la luz de la luna, me gustaba invertir mi tiempo en mi futuro. Claro, hasta que me enamoré. Fue entonces cuando se jodió todo. Mi primer amor, no fue lo que esperaba, me dedicaba menos al estudio, estaba metida en una relación toxica de la que necesitaba salir, pero recién pude abrir los ojos cuando él me engañó con una de mis compañeras de clase. Claro, eso no les fue suficiente, aquella chica decidió humillarme poniendo fotos de cuando era solo una niña de la calle, no sabía cómo había conseguido esas fotos, pero las dejó a la vista en el proyector de pantalla de la escuela. En un evento. Esa mañana la esperé hasta que nadie quedaba en aquella escuela de ricos. -          No me provoques-le dije- no sabes de qué soy capaz. Ella angustiada se cambió de escuela, claro, no le hice nada, no hasta este momento. Ella definitivamente estaría en mi lista negra, también el idiota ese, pero en especial ella, porque a ella no le bastó que mi novio me engañara con ella, ella me humilló de muchas formas para destruirme. Estoy reclutando a mis víctimas, a las víctimas de aquel juego que me tardé cuatro años en realizar. Que, de esto, daré detalles un poco más adelante. En mi adolescencia me humillaron de todas las formas posibles, pero ninguna como dejarme en el altar el día de mi boda. Oh no, ahí se ganaron una enemiga potencial. Amor: no me voy a presentar. No quiero casarme contigo. Había dicho el chico del que estaba perdidamente enamorada, no me lo dijo de frente, no me lo dijo en la cara, él solo envió un mensaje de texto de su celular el día de la boda. Yo, vestida como toda una princesa ese día, con casi quinientos invitados y una recepción en uno de los hoteles más lujosos de Yerkovich, que era la cuidad en la que vivía, tuve que mantenerme de pie, pararme firmemente ante una iglesia llena de invitados con trajes y vestidos elegantes. -          No hay boda, pero si mucho alcohol en la recepción-anuncié. Vi sus caras, no lo olvidaré, eran de burla, decepción, entre murmullos se escuchaba como me juzgaban, se escuchaba la manera en la que ellos decidían qué es lo que me decían, tratando de que no escuche, pero no, en esa iglesia escuchaba todo lo que decían. «Ella es una mojigata» «Nunca lograrás nada en esta vida» «Solo es el juguete de Nicolás» «No es más que un pasatiempo» «No pertenece a este mundo» «No es más que una niña sin futuro» Y eso que solo eran poco de los comentarios que decía allí de mí. No era un secreto para nadie su ni su familia ni sus amigos me aceptaban por mi piel. Claro, los muy idiotas no veían mucho más que eso. Carmen, mi mejor amiga de toda la vida, me había aconsejado a no casarme con solo veinte años, no le hice caso, estaba enamorada. Carmen era una de esas mujeres con apariencia física muy buena, ella era adinerada, era blanca, de pestañas largas, ojos color verde y una figura esbelta. Se pusiese lo que se pusiese se veía linda. Yo en cambio, de piel morena, ojos cafés y cabello n***o, para toda esa gente yo no pertenecía a ese mundo, no encajaba, no podía seguir allí. -          No me provoquen, no saben de lo que soy capaz-grité. Perdí el control, Carmen me llevó afuera, ella se encargó de que un taxi parara y nos llevara a casa, a su casa. -          Te doy un día-me dijo. -          ¿Para qué?  -pregunté. Estábamos en su habitación. -          Te doy un día para que llores, maldigas, golpees cualquier cosa que sea necesaria, no me importa, pero tienes un día-su voz era tan fría como el hielo- mañana preparas tus maletas, te vienes a la universidad conmigo, estudias y superas esto. -          Pero… -          Pero te levantas, nunca me dejaste caer en ningún momento y ahora no te dejaré caer a ti. -          Gracias-le digo. -          Nunca digas gracias antes de que haga algo, nunca, Maddison. Ella podía ser igual de vengativa que su madre. Por lo que ese día, no me saqué el vestido de novia, lloré, me emborraché y destrocé algunos espejos de la casa. No me importaba nada, no pensaba en nada. Nada que no sea la palabra «traición» Lo que me había hecho Nicolás, mi prometido, era un golpe bajo. Uno muy bajo. Y él iba a pagar eso. Todo aquel que me hizo daño estaba por pagar. --- Empecemos por aquella chica, Amira. Aquella chica popular de la clase, literalmente podía tener a cualquier chico que quisiese, estaba buenísima. Pero no, tenía que meterse con el mío. Aquella fiesta a la que fui, no solía ir a muchas, ya que no era agradable para todo el mundo en esa escuela. Carmen me dedicó una mirada significativa cuando estábamos por entrar a la dichosa fiesta. Dieciséis años, y no salía mucho que digamos. Carmen me dio un apretón de hombros para que entráramos juntas. Ella terminó pasando su brazo por encima de mi hombro, por el hecho de que ella sabía que yo no quería ir a aquella fiesta. Era cumpleaños de Amira, y ella era amiga de Carmen. Carmen siempre fue buena haciendo amigos, pero yo no podía decir lo mismo. Cuando lo intenté una vez, los niños me discriminaban por mi color de piel, decían que yo era muy simple. Mi celular vibró, era un mensaje de mi novio, Javier. Javi: Estoy en la fiesta, ¿ya llegaste? Javier era el tipo de chico que cualquiera hubiese querido y era mi primer novio, según yo no podía haber elegido a alguien mejor para mi primera relación, menuda mentira. Sujeto mi celular en una mejor posición y le escribo. Maddi: Justo estoy por entrar: D No había nada raro hasta el momento, se los juro, nada. La gente me miraba de reojo, entonces supe que algo andaba mal, algo no cuadraba. En la pantalla improvisada que habían creado, aunque no parecía tan improvisada la verdad, era una sábana blanca con un proyector de diapositivas, sí, como las del colegio. Algo sabía mal, un sabor amargo sentí en mi garganta cuando lo encendieron, el mundo se me venía abajo. Describiré esta escena lo más simple posible. Una cama, dos chicos, habitación del chico, desnudos, follando. El chico era mi novio, la chica, Amira. Sí, muchos se quedaron con la boca abierta, yo poco podía entender lo que estaba pasando, creo que me quedé en un estado de shock, Carmen me sujetaba del brazo más fuete de lo que ella pensaba que podía. Javier salió acomodándose la camiseta. Me miró e instintivamente miró lo que se estaba proyectando. Salimos de allí lo más rápido posible. Javier no se inmutó en seguirme, no le dio la reverenda gana de intentar arreglar algo conmigo, simplemente dejó que me fuera. Claro, hubiera dejado pasar eso, era muy simple, incluso lo había hablado con Carmen. -          Ya sabes, no hables con nadie que no sea yo, no me separaré de ti ni un instante, recuerda el plan, ignóralo, pasa por su lado, que no note que te duele-había dicho ella en un tono de preocupación. Yo asentí. Estábamos entrando a la escuela cuando ella me lo dijo. Pasamos las dos primeras clases muy mal, bueno, yo lo pasaba mal, por lo general venían y me dejaban notas con frases discriminatorias, cuando me levantaba hacía una bulla o se burlaban. Fue uno de los días más humillantes de mi vida. Claro, eso pensaba hasta que llegó la hora de ir a la sala de video. En la pantalla se proyectaba fotos de una niña de la calle, llena de manchas de suciedad, otras jugando en el parque con Carmen, otras con mi madrina Luisa. Al final de todas las fotos había una foto mía comparada con una de cuando era niña, con los parecidos en el rostro se notaba que era yo. Todos se burlaron, oí las risas y chistes, también los malos comentarios que hacían allí, de mí. -          No me provoquen-les dije, tal y como me había enseñado aquella vez mi madrina- no saben de lo que soy capaz. Pero una vez más todos se rieron con más ganas. Salí de allí llorando. En la puerta de la sala de video me encontré a la chica culpable de todo esto, Amira. Quise preguntarle «¿por qué haces esto?» «¿Qué daño te hice?» pero las palabras simplemente no salieron de mi boca. En el camino me encontré con Javier, pero no dijo nada. Recordando todos esos momentos, me dispongo a entrar a la sala en la que está aquella primera víctima de este juego. Amira. -          ¿Quién eres?  -me dijo. Claro, había cambiado lo suficiente como para que ella me reconociera. Mi cuerpo, mi rostro, incluso mi voz había cambiado significativamente. Yo vestía con un vestido n***o que se pegaba a mi cuerpo como una segunda piel, un sombrero que era un poco grande y elegante, unos tacones negros y un cigarro en la mano. -          ¿No lo sabes?  -espeté. Ella simplemente lloraba. Meneó la cabeza diciendo un no como respuesta. -          Tranquila, debe ser una pesadilla-murmuré. «Sé algo de ti cariño, seguramente confiaste en las personas equivocadas para ese secreto tan grande» pensé mientras aún la miraba.

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