— No te creo—le advertí. — ¿Estás insinuando que miento? ¡¿Qué carajos Ava?! — No tienes ni el derecho ni la posibilidad de decirme eso, no te lo has ganado verdaderamente y no te lo permito. ¿Cuál es tu nombre real? — Carmen. — ¡¿Cuál es el puto nombre con el que te criaste?! ¡Tu nombre no es «Carmen»! ¿Cuál es el que te pusieron tus supuestos padres adoptivos? — Hellen, Hellen Parker. — Muy bien Hellen Parker. No te irás hasta averiguar lo que en realidad pasó y está pasando. — Pero tengo cosas importantes que ha… — ¡Me vale un carajo lo que tengas que hacer! —dije, dando un golpe en el escritorio. El golpe hizo que todo el lugar se quedara en silencio. — Te aseguro, Hellen Parker, que, si te vas, te iré a encontrar hasta el puto fin del

