Eliot subió al ascensor para llegar a la oficina como cada mañana, era un hombre de hábitos, alguien predecible y le molestaba que le interrumpieran sus horarios como en se momento cuando vio la cabellera rubia caminar en su dirección, pensó no moverse y que el ascensor hiciera su trabajo, sin embargo sus modales no se lo permitían; con desdén detuvo las puertas, Alizeé entró sumergida en la pantalla de su celular apenas despegó los ojos para presionar el último piso. –Supongo que vienes a ver a Robert. Hasta ese momento notó la presencia de Eliot. –Buenos días señor Brander –saludó –. Supone bien, lo quiera o no sigo siendo la representante de la petrolera de mi padre. –Esas son buenas noticias para el bufete, significa que serán nuestros clientes. –Mi padre es un hombre difícil

