Reencuentro

2047 Palabras
Regresé al taller a recoger todas mis cosas. No puedo quedarme aquí más tiempo. Busqué las llaves de un Datsun, pues era el menos llamativo por la falta de pintura, sin contar que su único problema según los papeles era el aire, nada que pueda afectarme durante el viaje. Guardé los documentos dentro del auto, porque si viene la policía a investigar pueden darse cuenta de que se lo han llevado. Jacob tenía solo mil dólares en efectivo. Le debo mucho dinero al abogado y actualmente no tengo suficiente ni para sobrevivir. No puedo ir a donde mi mamá, sería ponerla en riesgo de nuevo y no quiero. Creo que me tocará volver con Marcela. Mi única solución de multiplicar el dinero es trabajando. Allá tendré donde dormir, comida y todo a cambio de trabajar para ella. Si ese maldito no me hubiera robado, nada de esto estuviera pasando. Dejaré que pasen unas semanas para ir a la casa de mi exsuegra, es el único lugar que se me ocurre para buscar el dinero que me robó, si es que queda algo. No puedo pasar por allá ahora, ya que la policía va a investigar y no puedo arriesgarme. Por el camino le marqué al abogado para pedirle que me dé más tiempo.  —¿Puedo saber qué te sucede? Te escuchas alterada.  —No es nada, no te preocupes.  —¿Tuviste algo que ver con lo que sucedió con tu exnovio? — su pregunta fue como un balde de agua fría por encima.  —¿De qué estás hablando, Malik?  —No quieras fingir conmigo, Sara. Sé bien de lo que eres capaz. Ahora bien, me encantaría saber el porqué lo hiciste.  —¿No me estás grabando? Me resulta extraño que quieras saber sobre las cosas que hago o no hago.  —Digamos que es por un propósito profesional. Acabas de salir de la cárcel y, aunque ya estás en la calle, debes cuidarte bien. Debes saber que no fue tan fácil sacarte de allí. Además, no creo que quieras volver a tragarte el mal olor de las heces de otra, ¿o sí?  —Pues no.  —Bueno, entonces dime. ¿Qué fue lo que pasó? Me enteré por las noticias que se casó con otra mujer, ¿fue esa la razón por la que encendiste la llama de la pasion? —No, esa no fue la única razón. Si estoy en la calle ahora y sin nada de dinero es gracias a esos dos infelices. Me delató con la DEA, volviéndome también un objetivo de Manuel y luego se robó todo mi dinero para irse con esa otra perra. Tenía suficientes razones para matarlos, ¿o no?  —Y si te digo que fallaste, ¿qué harás?  —¿De qué estás hablando? — estacioné el auto en la acera para escuchar lo que tenía que decir.  —El cuerpo de Arturo fue encontrado entre esas lamentables víctimas, pero el de ella no.  —Eso no puede ser, yo misma los vi. Ella estaba intoxicada también.  —Me parece que no lo suficiente, ya que no encontraron rastros de ella. ¿No has visto las noticias o qué? Están en busca de esa mujer por ser una posible sospechosa de lo ocurrido.  —¡Maldita sea! ¿Cuántas vidas puede tener esa perra? Gracias por el dato, Malik. Yo misma voy a averiguar dónde está esa mujer y que ruegue a que no la encuentre, porque si lo hago, le haré derramar lágrimas de sangre por cada centavo que me quitaron.  —¿Y qué tienes pensado hacer ahora? ¿A dónde irás?  —No te preocupes, ya tengo una forma de conseguir el dinero, aunque me llevará unos meses. Solo te pido que me des tiempo, por favor.  —Toma el tiempo que necesites, no es como que de ese dinero dependa. Ten mucho cuidado con cada paso que das, Sara. No dudes en llamarme si necesitas algo más — colgó la llamada. Le doy un golpe al volante tras sentirme tan furiosa. A esa mujerzuela voy a encontrarla, cueste lo cueste.  Manejé hacia el bar de Marcela y me reencontré con mis antiguas compañeras. Recuerdo que la última vez que estuve aquí fue cuando decidí renunciar para unirme con Manuel y su gente. No es como que me guste este trabajo, pero cuando necesitas el dinero, debes estar dispuesta a conseguirlo como sea. Pasé al despacho de Marcela y tomé asiento.  —¿Cómo estás, Sara? Te ves diferente.  —¿Más gorda?  —No, más madura.  —Gracias por lo que me toca.  —Sabía que tarde o temprano vendrías.  —¿Por qué lo dices?  —Intuición, supongo.  —¿Por qué luces tan extraña? —Las cosas por aquí no han estado muy buenas que digamos.  —¿Por qué lo dices?  —La clientela ya no viene tan frecuentemente como antes. Desde que te fuiste, este lugar ha estado muerto.  —¿Estás diciendo que es mi culpa? —Sabes que te guardo mucho cariño y aprecio, pero hay cosas que debo decirte. Entiendo que necesitas ayuda, me lo dijiste tan pronto llegaste, pero lamento tener que decirte que no.  —¿Por qué? Dame al menos una razón.  —Pienso cerrar el negocio.  —Pero hay formas de sacarlo adelante, yo puedo ayudarte.  —No es solo eso. Este no es lugar para ti. Mereces algo mejor.  —¿Y crees que podría conseguir algo mejor ahí fuera? Ahora mismo debo mantenerme oculta por un tiempo. Jamás me habías dado una excusa como esa, porque déjame decirte que me suena más a una excusa que a cualquier otra cosa. Dime algo, Marcela. ¿Está pasando algo más? ¿Estás molesta conmigo o algo?  —No, claro que no. Es solo que... — tocaron la puerta, interrumpiendo nuestra conversación—. Adelante.  —Hay una mujer ahí fuera con varios hombres, dicen que quieren hablar contigo, Sara.  —¿De qué personas hablas? ¿Cómo podría alguien estar buscándome aquí, si no le dije a nadie que vendría para acá, además de que estuve pendiente y nadie me siguió? —Nos volvemos a encontrar, Sara — la mujer que entró al despacho la reconocí de inmediato, era la misma; la misma mujer que me defendió en la cárcel.  Jamás le dije mi nombre y fueron muy pocas las palabras que crucé con ella. ¿Qué hace aquí y cómo dio conmigo? —¿Qué haces tú aquí? ¿Por qué estás buscándome? ¿Quién te envió? — llevé mi mano al arma, pero ella rompió el silencio.  —Tranquila. No he venido a hacerte daño. Sé que tienes muchas preguntas que hacer, pero no soy yo quien te las va a responder. Solo he venido a buscarte. Hay alguien que quiere verte y hacerte una propuesta.  —¿Quién es la persona? — no creo que sea Manuel, puesto a que él no estaría enviando a alguien a buscarme, ya que me quiere muerta.  —Paciencia. Lo sabrás cuando lo veas. Puedes traer el arma, supongo que eso te dará más tranquilidad y entenderás de que vengo con buenas intenciones.  —Si es así, entonces iré. Muero de curiosidad.  —Créeme que no te vas a arrepentir.  —Luego regreso para que hablemos mejor, Marcela. Cuídate — me despido.  Sigo a la mujer, pendiente a todos sus movimientos solo por si acaso. Si algo heredé de mi padre fue el ser precavida y tener malicia. Aunque me cegué con el maldito de Arturo. Subí en la camioneta con ella y sus hombres. Pensé que tratarían de encapucharme, pero no lo hicieron. Estuve vigilándolos en todo momento y con la mano cerca del arma. El camino fue bastante largo y en silencio. No quise preguntar más, porque sabía que ella no iba a responderme. Para alguien tener una villa como esta, que incluso se ve mucho más grande que la de Manuel, debe ser porque se trata de alguien importante. ¿Quién puede ser? Entramos a la villa junto a esos hombres y me llevaron a lo que parecía ser la sala. No hay retratos, nada que pueda darme una pista de dónde estoy o a quién vengo a ver. Si acepté a la ligera fue porque la curiosidad me ganó y porque estaba consciente de que no puede tratarse de Manuel. La voz de un hombre me atrajo, tal vez porque me resultó familiar o por el simple hecho de lo varonil que se escuchó. Qué hombre tan imponente, es como si con solo su presencia estuviera acostumbrado a implantar el terror en todos. Esa mirada profunda, cargada de sensualidad y una sonrisa retorcida, son dos de las tantas cosas que llama mucho la atención de su persona. Cabello n***o, recogido y peinado hacia atrás, con unos aretes circulares de color n***o en ambas orejas. Esa barba tan bien cuidada, pero que lo hace lucir como todo un hombre. El gabán abierto, igual a los botones de su camisa, mostrando parte de su pecho y dejando visible una cadena de oro, donde de ella colgaba un león. No era un hombre delgado, pero si tiene lo suyo bien guardado. Su rostro me parece haberlo visto en alguna parte, aunque no recuerdo en dónde. No creo que lo haya visto antes, sería imposible olvidar semejante hombre. Viéndolo tan de cerca, me produce de todo, menos miedo.  —Pero miren nada más a esta hermosa joya que están contemplando mis ojos. Bendito sea el suelo que tiene el privilegio de ser pisado por ti — su mano se entrelazó a la mía y le dio un sutil beso, por lo que automáticamente me solté. ¿Y este tipo qué se ha creído? —. ¡Qué ojazos más hermosos, mamacita! ¿Qué sucede? ¿Has visto un fantasma? Como que se te ha reseteado el cerebrito, bizcochito — a leguas se nota su buen sentido del humor.  —¿Nos conocemos?  —¿A qué se debe ese balazo tan cabrón en el centro del pecho? Hasta me ofende la pregunta, mamacita.  —Me parece haber oído su voz antes, pero no haberlo visto.  —Mi nombre es Leonel Quitana, para mí es un honor recibirte en mi humilde hogar — tal parece que se disgustó con mi honestidad o al menos eso fue lo que percibí en su tono.  Con su presentación confirmé al instante que mis oídos no me fallaron. Encontrarme cara a cara y en el territorio de Leonel Quintana, narco capo más buscado y que ha dejado mucho de qué hablar por los escándalos y muertes recientemente no es muy alentador que digamos. Nunca he tenido asuntos con este hombre, ¿por qué me ha hecho venir aquí?  —Es un honor conocerle en persona, Sr. Quitana.  —¿Sr. Quitana? — rio escandalosamente y en una fracción de segundo retomó su seriedad—. Siempre hay una primera vez para todo, ¿cierto, muchachos?  Todos asintieron y ella se me quedó viendo. Tal parece que he metido la pata hasta el fondo, pero no pienso disculparme.  —Me encantaría saber el porqué me mandó a buscar.  —Tráela — le dijo a uno de sus hombres.  El hombre regresó instantes después arrastrando a una mujer amarrada, con una capucha negra en la cabeza, la cual estaba malherida, pero pude reconocerla con solo ver el traje de novia que estaba supuesto a ser blanco, pero se encontraba lleno de sangre y suciedad.  —¿Y esto?  —Es un regalo de mi parte, para que veas cuán serio voy con este asunto.  —Alguien como usted, jamás haría algo como esto de gratis. Dígame, ¿qué exactamente es lo que quiere? —¡Así me gustan, carajo! Directas y sin rodeos. Por supuesto que quiero algo a cambio. Favor con favor se paga, ¿no? — sonrió y no pude evitar hacerlo.  —Viendo este gesto tan honesto y sincero de su parte, con mucho gusto le ayudo en lo que necesite. Eso sí, siempre y cuando me permita desollar a esa patética cabra. ¿Puedo?  —Hasta la pregunta ofende, chula. Ya escucharon a la jefa, lleven a esa cabrita a su corral. 
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