Uno solo

1085 Palabras
Se la llevaron arrastrada, pero no los seguí, ya que aún necesito conocer los motivos para que este hombre sea tan complaciente y amable conmigo.  —¿Puedo saber por qué se refiere a mí como jefa? — pregunto directamente.  —Vayan con Keyla y preparen bien el corral, tengo asuntos que atender ahora.  —Sí, señor. Vamos, muchachos — todo el grupo se fue detrás de ella, dejándonos por completo solos.  —Sígueme al estudio, así podemos hablar mejor.  Nos dirigimos al estudio y todo se veía bastante bien organizado. Tomé asiento a petición de él, luego sirvió dos tragos y me ofreció uno.  —No quiero sonar grosera, pero no somos amigos ni conocidos, como para confiar el uno del otro. Necesito por lo menos escuchar sus motivos para traerme aquí, antes de sentarnos a tomar como compadres y toda la cosa — digo, con evidente sarcasmo. —Me gustan las mujeres desconfiadas. En efecto le he añadido una pequeña gota de una pócima mágica, pero te prometo que es inofensiva, solo hará que te enamores de mí, nada peligroso o mortal.  —Me temo que necesitará mucho más que una pequeña gota.  —Me divierte que pongas en duda mis habilidades. No es difícil darse cuenta de su interés, si es como todo hombre, no disimula la forma en que me desnuda con la mirada. Creo entender por dónde viene este hombre, pero que no piense que por verse tan bien o por ayudarme con esa mujer me tendrá a sus pies.  —¿Por qué no hablamos de lo más importante que, en este caso, es sobre sus motivos ocultos para traerme aquí?  —Tendrás una respuesta a cada pregunta que hagas — puso el trago en el escritorio, antes de sentarse en su silla—. Es muy sencillo, tengo algo que ofrecerte; algo de lo que estoy seguro que va a interesarte.  —Ah, ¿sí?  —Un pajarito me comentó que estuviste trabajando para Manuel, pero ese idiota no te supo dar el lugar que mereces. Un bizcochito tan inteligente como tú, merece algo más que ser una simple mula. Tus ideas e inteligencia te pueden llevar lejos. Le has estado facilitando el trabajo a ese pendejo. Mientras él se llena los bolsillos de billetes a costa tuya, a ti te da una simple miseria por arriesgar tu buen trasero.  —¿Qué me asegura que esto no sea una trampa para ver si me sacan información? —¿Te parece que alguien como yo sé prestaría para un tipejo tan inservible y poca cosa cómo lo es Manuel Ferrer? Al lado mío, él es solo un miserable insecto que, eventualmente voy a aplastar.  —Digamos que le creo, ¿entonces por qué a alguien como usted le interesaría alguien como yo? Somos de dos bandos distintos. Sin contar que estuve recientemente en la cárcel.  —Esa boquita chula dice muchas pendejadas. Actualmente no estás trabajando para él, puesto a que, Manuel Ferrer te quiere muerta. En cualquier momento puede dar contigo y las consecuencias podrían ser desastrosas. Si te unes a mí, puedo brindarte la protección que necesitas.  —¿En pocas palabras quiere decir que me vaya detrás de su falda, porque tarde o temprano Manuel y su gente me van a encontrar y no seré capaz de defenderme si no es con su ayuda? — reí, ladeando la cabeza—. Siento mucho acabar con sus planes y toda la cosa, Sr. Quitana, pero debo aclararle una cosita. Si algún día decido unirme a usted, no será porque necesite protección alguna, porque fíjese que Dios me dio dos buenas manos para defenderme y si debo meter las piernas también con tal de huirle a la calaca, estoy dispuesta. No necesito de ningún varón para que me defienda, puedo hacerlo solita, como hasta ahora lo he hecho. Ahora bien, si eso es todo lo que va a ofrecerme, desde ya le digo que está perdiendo su tiempo.  —Esos si son ovarios y no pendejadas. Eres la primera y la única mujer que se atreve a hablarme así — sonrió ladeado, abriendo la gaveta de su escritorio, pero solo lo miré.  Este pendejo se cree que me va a intimidar, pero lamentablemente se ha equivocado de persona.  —¿Te gusta esta foto? — tiró una foto sobre el escritorio —. Fue tomada hace muchos años, cuando aún eras una chiquilla. ¿Me dirás qué no salimos bien guapos en esa foto, bizcocho? Cogí la foto al escuchar su comentario y ahí me vi, justo al lado de mi padre y otros dos chicos, incluyendo al mismo idiota que tengo de frente. Recordé las travesuras que hacíamos cuando pequeños los tres y no puedo negarlo, me sacó una risita burlona.  —Has cambiado demasiado, cabrón. Jamás hubiera podido reconocerte si no fuera por ese lunar que tienes en la mejilla. ¿Te operaste o qué? Debo admitirlo. Antes tenías tremenda cara de culo, pero ahora te ves mucho mejor. También te cambiaste el nombre, ¿cómo demonios iba a reconocerte? —¿No te gusta este nuevo hombre que tienes de frente o qué, mamacita?  —Jamás hubiera imaginado que iba a volver a verte. Han pasado muchos años. ¿Has sabido algo de Polaco? Este pendejo debe seguir igual de feo y cobarde.  —Está muerto.  —¿Qué? —¿No lo recuerdas? Fue guardaespalda de tu papá hasta el final, pues murió con él.  —¿Qué? No puede ser. Yo no sabía nada de eso.  —Ahora lo sabes. Polaco trabajaba para tu papá.  —Veo que estás enterado de todo.  —Siento mucho lo de tu papá.  —No hablemos de eso.  —Tienes razón. Mejor hablemos de nosotros.  —¿Nosotros? No hay un nosotros.  —Me parece que antes sí lo había.  —Si lo dices por ese beso que nos dimos cuando éramos unos renacuajos, eso no significó nada y lo sabes. Solo éramos dos mocosos que se dejaron llevar por la curiosidad. —Sigues siendo la misma traviesa de siempre, bizcochito — se levantó de la silla e hice lo mismo.  —Lo llevo en la sangre.  —De eso no cabe duda — se acercó y no es difícil darse cuenta de sus intenciones—. Ahora no somos esos renacuajos, ahora somos más que eso. Seríamos mucho más poderosos si nos convertimos en uno solo — una maliciosa sonrisa se dibujó en sus labios. 
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR