Sara A la mañana siguiente desayunamos juntos. No he podido sacar de mi cabeza lo que vi anoche. Solo de pensar que tiene el cadáver momificado de su madre en una habitación, me pone los pelos de punta. He visto muchas cosas macabras, de hecho, creí haberlo visto todo, pero por lo visto, me equivoqué. Él se ve muy tranquilo, como si no hubiera sucedido nada anoche. Me temo que el polvo mágico le ha desajustado las tuercas. —¿Tienes algo que decir, mamacita? —Quiero que me lleves con esa mujer. —Te llevaré, pero primero que nada tenemos algo de qué hablar. —¿Sobre qué? —Están reconstruyendo lo que jodiste ahí fuera. Espero no se te ocurra hacerle un daño mayor a nuestro hogar. —Debiste pensarlo antes. Mi objetivo era que volaras en pedacitos. Es una lástima que no estabas ahí f

