TRAMPA

1259 Palabras
La posibilidad de que se negara era imposible, razón por la cual aproveché la oportunidad. Eso sí, aceptó con una condición ajena a que no tocara a su mujer, y es que quiere proteger a sus empleados, por lo que quedó en él mismo llevar los dos camiones a una ubicación en específico, donde me tocara encontrarme directamente con él. Conozco lo cobarde que es, más lo mucho que ama a su mujer y estoy casi segura de que hará todo sin involucrar a terceros. Más que nadie sabe que no suelo trabajar sola, así que dudo mucho que se arriesgue a jugar sucio. ¿Quién diría que alguien como él, que ha tenido una vida tan fácil y ha sido tan traicionero, le importaría unos simples empleados? Me reuní con Marcela y las muchachas, pues son las únicas con las que podría contar. No me hubiera gustado involucrar a ninguna de ellas, pero en este momento no tengo a nadie más en quién confiar. —Necesitaré la ayuda de una de ustedes. El trabajo es sencillo. ¿Alguna de ustedes ha manejado un camión de carga? —Estas niñas no saben nada, solo mover el trasero y ya ves que no todas lo hacen bien. En mis tiempos manejaba una grúa. Un camión de carga no creo que sea diferente. Ahora bien, ¿para qué me necesitas? —preguntó Marcela. A ella era a la menos que hubiera querido involucrar, pero las demás no saben nada y no puedo arriesgarme a que este encargo falle. —Creo que está demás preguntar, Marcela. Negó con la cabeza en repetidas ocasiones. —Es arriesgado, ¿verdad? —Sí. Mi vida está en riesgo si fallo. Si no confiara en ustedes, jamás les hubiera pedido ayuda en esto, pero realmente la necesito. Me miró por unos segundos y suspiró. —Cuenta conmigo entonces. No te dejaré sola. Esperé junto a Marcela en la ubicación acordada con Ewan. Ella se veía nerviosa, no dejaba de mirar a todos lados. Ambas nos cambiamos de ropa y nos pusimos unos disfraces de color gris, que parecíamos mas conserjes que camioneras, mientras que ella se puso una peluca, yo preferí recoger mi cabello, todo sea por cambiar un poco la apariencia. Entre mas miro el reloj y veo el tiempo pasar, la inquietud me quiere comer viva. No sé por qué, pero nada de esto me agrada. No confío en ese sujeto. Lo que tiene de atractivo, lo tiene de cabrón. Tengo la mente saturada en esta vuelta, y es que es la primera vez que tengo tan poco tiempo de organizarme. —Es bueno saber que aún hay amigos dispuestos a ayudar — le digo a Ewan con evidente sarcasmo. —Espero sea la última vez que me pidas algo así, Sara. Has caído muy bajo en eso de amenazarme con mi esposa. —Si fueras más obediente, tal vez no debía recurrir a eso. —Ya te he traído lo que querías. Espero que no me arrastres contigo por si algo sale mal. —Despreocúpate. Ya cumpliste con tu parte. Puedes regresar a tu casa. Tu mujer debe estar esperándote. Negó con la cabeza, visiblemente molesto y se dio la espalda. —¿Nos vamos, Sara? La traje a la bóveda conmigo, los hombres de Leonel nos ayudaron a acomodar y ocultar los paquetes. Algunos dentro de los sacos con el pollo, mientras que otros en las canastas y uno que otro debajo de los plafones. Ese olor es tan desagradable y repugnante. Por último, colocamos tres líneas de sacos con pollo sin ningún contenido que fuera a causarnos problemas si la detienen.   —Para ser pequeños, estos paquetes son muy pesados— dijo Marcela—. ¿Estará todo bien así? —Sí. Todo se ve en orden. No se logra ver nada. Incluso si suben a registrar, deberán ensuciarse mucho las manos antes de encontrar alguna sorpresa. Recuerda bien lo que hablamos. Tienes que dirigirte sin parada al destino. Si la policía te detiene, entregarás estos documentos que Ewan nos facilitó. Si deciden registrar la carga, no pondrás resistencia, tampoco puedes demostrarle los nervios o sabrán que algo está sucediendo. Haré lo que esté en mis manos para llamar la atención por sí noto mucho movimiento. Créeme, no dejaré que nada te pase. Como no sé lo que ese tipo está tramando, no dudo que esto sea una trampa, por lo que decidí tomar precauciones. Si me detienen a mí, no tendrán cómo joderme, pues no encontrarán nada y perderán el tiempo conmigo, mientras que tú seguirás el camino sin problema hacia el destino. Luego te alcanzaré, pero necesito que por nada del mundo te desvíes. Estaremos en comunicación a través de nuestros teléfonos. —Estoy muy nerviosa, Sara. —Te prometo que todo estará bien. Gracias por haber aceptado ayudarme. No sabes lo mucho que significa esto para mí. —Lo sé, créeme que sé lo importante que es esto para ti— acarició mi mejilla —. Somos unas guerreras. Aun no me has cumplido el sueño de una nueva casa y la remodelación del antro, así que ninguna de las dos podemos terminar en la cárcel— rio nerviosa. —Yo a ese infierno no regreso. Vámonos. Sin perder el tiempo, ambas nos pusimos en marcha a nuestro destino. Sí había mucho tránsito y movimiento, pero íbamos pendiente a todo. Por todo el camino, miraba el reloj de la radio en repetidas ocasiones, no sé por que cada minuto que pasaba, los pensamientos se volvían recurrentes. «Espero no me decepciones o las consecuencias podrían ser fatales». Sus palabras se repetían una y otra vez en mi cabeza. Ese comentario no creo que sea tan simple. Más que una amenaza, me parece un aviso. «Para ser pequeños, estos paquetes son muy pesados». El comentario de Marcela fue lo que me despertó y me llevó a atar los cabos, pero tal vez muy tarde. Debí haber revisado el contenido de lo que estábamos a punto de cargar. Me concentré tanto en los métodos que utilizaría para transportarla, que no verifiqué lo que había en ellas. Es muy probable que haya caído en la trampa de ese cabrón. —¡Maldito, cabrón! Leonel —Siéntate. Acompáñame a una copa. Hoy estamos de fiesta, mi Keylita. —¿No dijiste que querías protegerla? Verdaderamente no te entiendo. —Podrá gustarme mucho esa condenada, pero los negocios son negocios. Hay que rodearse de personas competentes. Si no da la talla para esta simple prueba, con eso demuestra que no está cualificada para ser mi mujer. —¿Estás consciente de que esa prueba está fabricada con toda la intención de hacerla volar por los aires? —No entiendo tu preocupación. ¿No eras tú la misma mujer que deseaba borrarla del mapa? ¿Por qué te preocupa lo que le pase? —No me preocupo por ella, sino por ti. Pudiste haberla puesto a prueba de otra manera, pero cualquiera diría que la quieres muerta. ¡Qué probabilidades podría tener de salvarse, si ese camión donde se encuentra está lleno de explosivos! —Mientras tu ibas y venías, ya mi Sarita había dado setenta vueltas. Confío plenamente en su inteligencia. —¿No tienes temor de que si sale con vida de ahí tome represalias contra ti? ¿No estarías echando a perder todo lo que has hecho para encontrarla? —Me encantaría que ese fuera el caso. El sexo con odio es como esta copa de vino; fuerte y exquisito — rio.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR