—Ya bájale, mamá.
—No me digas que le baje o a la que bajaré es a otra. ¿Qué es lo que te ha traído por aquí? ¿Dónde está ese marrano por el que me abandonaste? ¿Te dejó y es por eso que has venido?
—Está muerto.
—¿Te lo mataron? Nada me había dado tanto placer en la vida que enterarme de esto.
—Digamos que lo mandé con un pasaje gratis, directo al infierno y sin retorno. ¿Satisfecha?
—¿Qué te hizo?
—No quiero hablar de eso. Puedes decir el famoso “yo te dije que ese cabrón no te convenía”, si tanta satisfacción sientes.
—¿Ese tipo te engordó, o es que tienes parásitos? —bajó el rifle y lo puso sobre la mesa.
—Estos son puros parásitos. ¿No le piensas dar un abrazo a tu hija?
—Eres tú quién llegó, se supone que hayas sido la primera en dar ese paso.
A pesar de su orgullo, se le nota a leguas que muere por un abrazo, de la misma manera que yo. Rodeo su cuerpo en un abrazo y recuesto mi cabeza en su hombro, cuando siento su mano peinar mi cabello hacia atrás.
—Has crecido tanto y cada día estás más hermosa.
—Gracias, mamá. Te extrañé mucho. Perdón por no haberte escuchado y haber sido tan ingrata. Me dejé cegar por las promesas de ese infeliz, pensando que realmente era diferente a todos, pero me equivoqué. Te prometo que de hoy en adelante, cumpliré con la voluntad de papá.
—¿Y cómo piensas hacerlo? — retrocede para mirarme—. Esos malditos se robaron el dinero que tu padre nos dejó.
—Lo sé, pero voy a recuperarlo todo. Como también pienso vengarme de quien se quebró a mi papá, así sea lo último que haga.
—¿De dónde sacarás dinero, hija? ¿Todavía sigues trabajando para Manuel?
—No, ese es otro que me la debe. Ahora mismo me está buscando para deshacerse de mí. Estuve en la cárcel y ese infeliz le pagó a un grupo de confinadas para silenciarme. No confió en mi lealtad y silencio.
—¿En la cárcel? ¿Por qué demonios no me dijiste nada?
—Te llamé, pero no me respondiste. Asumí que era porque no querías saber más de mí.
—En esta maldita hacienda no hay buena señal. ¿Cómo pudiste salir?
—¿Recuerdas el abogado que te sacó de la cárcel hace años atrás?
—¿Malik Price?
—Él mismo. Actualmente le debo dinero, pero pienso pagarle muy bien por lo que hizo. Es un buen hombre. Nos ayudó cuando más jodida estuvimos.
—¿Hay alguna otra razón? Veo en tus ojos algo que no me gusta para nada.
—No veas cosas donde no las hay. Ahora mismo tengo mis prioridades claras y enamorarme o irme detrás de un hombre no está entre ellas. A ese abogado lo que le tengo es aprecio y me siento en deuda por lo que hizo, no existe nada más.
—Eso espero. Enamorarte solo te vuelve pendeja y te convierte en presa fácil.
—¿Recuerdas a Pibe y a Polaco?
—¿No son esos los chamacos revoltosos que ayudaban a tu papá y con los que jugabas cuando niña?
—Sí. Resulta que me reencontré con Pibe. Ese condenado ha cambiado. Ahora está irreconocible. Convertido en todo un buen macho. Por su boca me enteré que Polaco murió el mismo día que mi papá.
—¿Estás en contacto con él?
—¿Has escuchado hablar sobre Leonel Quitana?
—¿Quién no ha oído hablar sobre ese hombre?
—Es el nuevo nombre de Pibe. ¿Quién diría que escogería el mismo camino que papá? Se ha vuelto muy poderoso y hablador.
Por mi mente se cruza esa actitud tan melosa que ha tenido conmigo desde que nos reencontramos y niego con la cabeza. Debo estar loca para estar pensando en ese idiota.
—¿Qué piensas hacer con él? Por lo visto estás muy interesada en su poder. ¿Es a él a quien vas a utilizar?
—En efecto. Me conoces muy bien, mamá. Digamos que será temporal, mientras logro establecer contactos mucho más poderosos que él y entonces no lo necesitaré más.
Sería una lástima deshacerme de él sin darle una probadita primero, pero es ley de vida. Todo tiene fecha de expiración y la suya está muy cerca.
—Me alegra mucho escucharte hablar así. Saber que aún queda algo de mi hermosa niña ahí dentro, hace que piense mucho en tu papá. Él estaría orgulloso de verte tomar las riendas del negocio, más verte convertida en toda una mujer. Espero nada te haga cambiar esta vez.
—Nada en esta vida me hará fallarle de nuevo a ustedes. Absolutamente nada.