CANTO XXIII

807 Palabras

CANTO XXIII Mientras mi vista por la fronda verde vagaba, como suele quien espía, y en pos de un pajarillo el tiempo pierde, el que era más que padre me decía: «Hijo querido, el tiempo señalado conviene aprovechar durante el día.» Volvíme a él, y paso apresurado, a los sabios seguí, y cuanto oía hacía que el andar fuese aliviado. Sonó un canto quejoso en lejanía: ¡Domine labia mea!, modulado, que dolor y delicia producía. «¡Oh, padre mío! ¿Qué es lo que he escuchado?», pregunto, y él: «Tal vez sombras errantes que desatan el nudo del pecado.» Tal como pensativos caminantes, que hallan en su camino gente ignota, lo prosiguen mirando unos instantes, de tal modo siguiendo su derrota, al dejarnos de lado nos miraba en silencio al pasar, turba devota. Eran sus ojos como os

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