CANTO XXIV

966 Palabras

CANTO XXIV No el decir el andar hace más lento, y razonando, van rápidamente, como nave impelida por buen viento. Y las sombras, remuertos símilmente, al ver a un vivo, admiración mostrando, me miran por sus hoyos hondamente. Yo en tanto, mi discurso continuando, dije a Foresio: «Esta alma que se atarda, tal vez por otra causa va quedando. »Mas di si sabes dónde está Piccarda; dime si ves de nota una persona entre esa gente que al mirarme, aguarda.» «Mi hermana, que virtud y gracia abona, cual la que más», me dijo, «ha conquistado en el Olimpo, leda, su corona.» Dijo, y siguió: «Nombrarnos no es vedado, pues el hambre que a todos nos ayunta, la semblanza de todos ha mudado. »Este», apuntando el dedo, «es Bonayunta de Luca; y esa sombra demacrada, que de sus huesos mues

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