21 de Noviembre de 2015 El sol comenzaba su baile lento hasta el ocaso, donde descansaría de su arduo y caluroso trabajo. El cielo azul estaba surcado de nubes naranjas y rosadas, dulces como algodones de azúcar. La brisa cálida mecía mi cabello. Mientras el astro rey continuaba sumergiéndose en el horizonte marino, me permití el momento de tranquilidad que necesitaba desde la noche anterior. No quería seguir pensando en Dominic, amantes escondidas, embarazos sorpresivos y sobre todo, no quería seguir pensando en paranoias de mi inminente captura. Solo quería concentrarme en la única de mis metas que cumpliría. Con mis recuerdos intactos, mis memorias aclaradas y con serenidad espiritual, me permití reconciliarme con Dios. Porque las últimas palabras de Idania me hicieron darme cuenta que

