Después de lo sucedido, todos se marcharon, menos Isabella y sus hijas que dormían en la habitación de invitados, nos encontrábamos sentados en los sofás en silencio, ambos contemplábamos a Isabella que tenía la mirada perdida en un punto fijo con una copa de vino vacía en sus manos. — Isa… Deberías— — Siento mucho haber estropeado la cena—interrumpió a Fabrizio— Pero ya no podía más— — No te preocupes por eso—respondí ofreciéndole una sonrisa, ella me la devolvió, pero en la suya había tristeza Nos mantuvimos de nuevo en un silencio en el que nadie sabía qué decir, de repente ella suspiró volviendo a llenarse la copa. — Tenías razón, no debí casarme tan joven... y menos con alguien que seguía pegado a las faldas de su mamá—dijo lo último con burla, se quedó contemplando su copa llena

