Nada más entrar por la puerta de casa, una mano me agarró de la muñeca tirando de mí hacia el salón donde me hicieron sentar en un sillón individual, nada más hacerlo, mis hermanos comenzaron a bombardearme a preguntas
— ¡¿Cómo que prometido?!, ¡¿Desde cuándo estás comprometida?!—exclamó Gianni
— ¡¿Más bien desde cuando tienes novio?!—fue el turno de Lorenzo
— ¡Basta!—gritó mi madre haciendo que esos dos se quedaran callados, respiró hondo mirándome fijamente, estaba completamente seria— Comienza a hablar jovencita—suspiré asintiendo, apreté mis manos nerviosa
— Estoy saliendo con… Fabrizio Benedetti, mi jefe—
— ¿Tu jefe?, ¿Ese hombre del que llegabas despotricando a diario?—cuestionó Lorenzo mirándome con suspicacia, respiré hondo asintiendo— No tiene lógica Daniela—
— Si no la dejas hablar, como va a tener lógica, cállate de una vez—intervino Gianni mirándolo con el ceño fruncido, Lorenzo lo miró con molestia, pero no dijo nada más
— Todo comenzó hace un año… Él, me confesó sus sentimientos, yo lo rechacé no me gustaba su actitud, pero poco a poco me fue conquistando, mostrándome otra faceta de él que no conocía…—dije mirándolos nerviosa, todos parecían pensar en mis palabras
— ¿Por qué nos lo ocultaste?—preguntó mi madre mirándome fijamente, trague saliva sosteniéndole como podía la mirada
— Porque queríamos mantenerlo en secreto, por eso, yo seguía actuando como que no lo soportaba, pero las cosas no pueden seguir en secreto, no, cuando hemos decidido casarnos—me sentía un tanto aterrada conmigo misma ante tanta mentira que salía de mi boca
— ¿Y cuándo nos dirías que te ibas a casar?, ¿el día de la boda?—cuestionó Gianni cruzándose de brazos
— No, claro que no, iba a hacerlo en estos días, no quería seguir alargándolo—él solo asintió suspirando
— Si os queréis, yo no me opongo, pero quiero conocerlo—sonreí contenta ante su respuesta
— Yo si me opongo, no le daré el visto bueno a ningún idiota que no conozca—suspiré ante las palabras de Lorenzo, odiaba cuando se ponía en plan hermano mayor protector
— ¿Él va a pagar la deuda?—cuestionó mi padre por primera vez, asentí haciendo que suspirase— Dile que lo cancele ahora mismo—
— Papá…—
— ¡No voy a consentir que me dé limosnas!—rugió mirándome con enfado, sentí un escalofrío recorrerme la espalda
— No son limosnas, nos está ayudando a salir de este enorme agujero que tenemos—
— Para mí lo son, no acepto su ayuda, acepto tu relación con ese hombre, pero ya está—dijo de forma tajante saliendo del salón, miré a mi madre que solo suspiro
— ¿Qué hice mal?, yo solo quería ayudar—comenté sintiendo un nudo en mi garganta, ella se acercó abrazándome
— No hiciste nada mal, tu padre solo está decepcionado consigo mismo por no poder poner remedio a las deudas, no le tomes nada en cuenta ahora mismo—aclaró acariciándome la espalda— Invítalo mañana a comer, quiero conocerlo—me tense ante esas palabras, la miré sorprendida tenía una sonrisa
— ¿Mañana?—cuestioné a lo que ella asintió— ¿Es conveniente?, digo, papá está enfadado, y es algo precipitado—dije intentando persuadirla, pero negó separándose de mí
— No te preocupes por tu padre, se le pasara, cierto es un poco precipitado, pero no creo que le moleste si es para conocernos, ¿no crees?—señaló a lo que asentí levemente forzando una sonrisa, ella se dio la vuelta saliendo del salón seguida de mis hermanos
Me recosté en el sillón solando un suspiro, la primera parte había ido bien, era la de contarles acerca del matrimonio, pero quedaba lo más complicado, y era actuar como enamorados, volví a suspirar sacando mi móvil, busqué entre mis contactos hasta que encontré el suyo.
Contemplaba su número debatiéndome en que hacer, solté un gruñido de desesperación mientras revolvía mi cabello, el sonido de mi teléfono dando tono me hizo mirarlo, mis ojos se agrandaron, sin quererlo, había pulsado a llamar.
— ¿Tanto me extrañas?—cuestionó en tono burlón, miré uno instante el móvil con ganas de entrar en él y estrangularlo
— Tenemos que hablar—dije ignorando su pregunta
— ¿Otra vez?—respiré hondo para no mandarlo a volar
— Si, otra vez, es algo urgente, ¿podemos vernos?—
— De acuerdo, yo estoy de camino a mi casa, te espero—ambos colgamos la llamada, me levanté agarrando mis cosas.
Caminaba de un lado a otro bajo su atenta mirada, desde que llegue no había pronunciado palabra alguna, pues no sabía cómo decirle que mañana tenía que conocer a mi familia, suspiré deteniendo mi andar, me senté en el sofá retorciéndome los dedos
— ¿Vas a decirme que pasa?—cuestionó con exasperación, apreté los labios mirándolo
— Mañana tiene que venir a comer a mi casa—dije rápidamente con los ojos cerrados
— Así que al fin les has dicho—comentó haciendo que lo mirase, no parecía enfadado
— Si, así como también saben que usted saldó la deuda que teníamos—
— ¿Cómo se lo tomaron?—
— Mi padre no muy bien la verdad... —murmuré soltando un suspiro al recordar cómo se había enfadado, eran pocas las veces que lo había visto así
— Ya veo, ¿y el resto?—
— Estaban más interesados en saber por qué me iba a casar con el hombre que juraba detestar—me miró sorprendido, sonreí encogiéndome de hombros, se levantó acercándose a mí, colocó sus dedos en mi mentón haciendo que lo mirase a los ojos
— ¿Me detestas?—cuestionó con seriedad
— Como jefe sí, es un ser tiránico…—dije apartando su mano, me puse de pie sin dejar de mirarlo
— ¿Y cómo prometido?—preguntó contra mis labios haciendo que me estremeciera
— No llevamos mucho como prometidos como para poder decidir si detestarlo o no—musité sintiéndome atrapada en su mirada, sentí sus manos deslizarse por mi cintura pegando más nuestros cuerpos, pase mis brazos por su cuello rodeándolo
Nos quedamos quietos mirándonos, como si esperásemos que el otro tomara la iniciativa de iniciar el beso, sus labios rozaron los míos de nuevo, cerré los ojos esperando el beso, pero no llego, abrí los ojos al sentir como su agarre en mi cintura iba perdiendo fuera, y su aliento no chocaba contra el mío, se alejó dándome la espalda.
— ¿A qué hora debo estar allí?—preguntó con la voz ligeramente ronca
— A las dos—dije a lo que asintió dándose la vuelta
— Allí estaré—fue lo único que dijo, nos quedamos en silencio mirándonos, sentía en mí una fuerte necesidad de acercarme para darle ese beso que no sucedió, respiré hondo desviando la mirada
— Tenemos que hablar un poco acerca de nosotros—comenté haciendo que me mirase sin entender— Saber un poco del otro, más bien usted debe saber cosas de mí, cosas que mi familia pueda preguntarle—
— ¿Qué cosas van a preguntarme? —cuestionó alzando una ceja, me encogí de hombros sin saber que decirle exactamente
— No lo sé, quizás, si sabe de mis gustos musicales, algún deseo que tenga, el nombre de los integrantes de mi familia… Ese tipo de cosas—dije a lo que asintió sentándose
— Un momento, ¿Por qué solo yo debo saber sobre ti?, ¿Qué hay de ti? —preguntó frunciendo levemente el ceño, sonreí sentándome también
— Llevo tres años trabajando para usted, sé muchas cosas—
— ¿Así?, ¿Cómo se llama mi hermana?—
— Isabella, ella es menor que usted por dos años, ya está casada y tiene dos hijas que son mellizas, su marido es quien suele gestionar el negocio de los hoteles—me miró ligeramente impresionado
— Bien, ¿mis padres?—me quedé muda ante esas palabras, el tema de sus padres era algo delicado
— Su madre… Falleció cuando usted era un niño, y su padre…—volví a callar mordiéndome el labio inferior
— Puedes decirlo, se suicidó cuando tenía diecisiete años, no es ningún secreto—
— Lo sé, pero es algo que… Quizás a usted le duela oír—
— Aprendí a vivir con ello—dijo mirando hacia la nada, su semblante había cambiado a uno triste, con cierta duda, agarré su mano acariciándola suavemente
— Aunque se aprenda a vivir con ello, no creo que deje de dolor con la misma intensidad que el primer día—
— No, no deja de doler—murmuró sin mirarme, sentí un nudo en mi garganta al verlo así— Pero el mundo no se detiene por el sufrimiento de uno, así que, sigamos—comentó volviendo a su típica inexpresividad, suspiré asintiendo.
Estuvimos gran parte de la tarde contándonos cosas, las más superficiales que podíamos, ninguno quería que el otro supiera las cosas más íntimas.
— Pienso que con esto será suficiente—comenté a lo que él asintió, no parecía estar de ánimo, estaba decaído desde que tocamos el tema de sus padres— Será mejor que me vaya, si no perderé el autobús y me tocara esperar una hora—dije poniéndome de pie
— ¿Y tu coche?—cuestionó mirándome
— Bueno, el mecánico me llamó, me costará muy caro, así que no lo arreglaré—
— Entiendo, entonces te llevaré a casa—dijo levantándose
— No, no se moleste, en unos diez minutos pasar a un autobús—objeté con una pequeña sonrisa, me miró por unos segundo, para después suspirar con fuerza
— Daniela, si quieres que las cosas salgan bien mañana, deja de hablarme de usted—
— Lo siento, no puedo evitarlo—
— A veces te sale, solo es cuestión de que no me veas como tu jefe, sino como tu futuro marido—
— Es complicado, son tres años hablando de usted, ¿dejar de verlo como mi jefe?, ¿Cómo hago eso si sigues siéndolo?—cuestioné encogiéndome de hombros
— Si quieres te despido, así ya no sería más tu jefe—
— Eso no tiene gracia—fruncí el ceño ante sus palabras
— Yo no bromeo—dijo serio, suspiré asintiendo
— Está bien, a partir de ahora no te hablaré más de usted—
— Volverás a hacerlo en la siguiente frase que digas—se burló cruzándose de brazos
— Claro que no, me voy, nos vemos mañana—me acerqué dándole un beso en la mejilla, me quedé estática ante mi acción
— La próxima vez en los labios, así es más creíble que te despides de tu prometido—volvió a burlarse, respiré hondo aguantándome las ganas de darle con mi bolso— Hasta maña, cariño—sentí un cosquilleo en mi estómago, a pesar de tener esa sonrisa que me daban ganas de caerle a golpes, se me hacía menos estúpida que de costumbre, giré sobre mis talones caminando hacia la salida sin contestarle nada.
Al llegar a casa me puse a ayudar a mi madre con la cena al igual que Gianni, mientras cocinábamos, ellos me hacían preguntas sobre Fabrizio, como sus gustos con la comida
— ¿Tiene alguna alergia? —preguntó mi madre a lo que asentí
— Sí, es alérgico al melocotón, así que no puede haber nada con eso—dije sintiéndome aliviada de saber ese tipo de cosas de él gracias al trabajo
— Menos mal que pregunté, tenía pensado hacer un postre con ellos—comentó con cierto alivio, reí levemente mientras seguía pelando patatas
— ¿Papá sigue enfadado?—cuestioné a lo que ella suspiró
— Un poco, pero se le pasará, no te preocupes—
— Mamá, quizás debamos cancelar la comida, no quiero que papá se vaya a sentir incómodo, o que haga sentir incómodo a Fabrizio—dije con preocupación, ella sonrió negando
— No pasará, no te preocupes, aunque… Quizás a quien haya que advertir que se comporte, sea a tu hermano, sabes cómo es—comentó a lo que suspiré acordándome de Lorenzo y sus neuras de hermano
— ¿Puedes hablar con él?, a ti es a la única que hará caso—pedí mirándola con súplica
— No te preocupes, hablaré con él—sonreí acercándome dándole un beso en la mejilla
— Eres la mejor—ella solo reía por lo bajo, seguimos preparando la cena mientras hablábamos de otros temas.
La cena fue algo tensa, mi padre no se sentó con nosotros, ni siquiera quiso entrar a casa, eso me hizo sentir mal, apenas había probado bocado, una vez que acabé salí al patio, viéndolo sentado en un banco, mirando al cielo, suspiré acercándome despacio hasta sentarme a su lado.
— Papá…—
— Desde joven, estudie mucho para poder tener un buen trabajo con el que sostener a mi familia, lo hice bien un tiempo… Pero después fracasé estrepitosamente—comentó mirándome con una amarga sonrisa
— No has fracasado, han sido las circunstancias de la vida que nos han empujado a esta situación—
— Fracasé en el momento que volví a hipotecar la casa, en el momento que tenía tantos préstamos que apenas podía devolver, pero sobre todo, fracasé cuando tuve que pedirle dinero a mi madre, para poder darle comida a mis hijos—sus ojos estaban llorosos, un nudo se instaló en mi garganta
— Papá—murmuré impactada ante sus palabras, nunca había sabido acerca de eso
— No estoy enfadado contigo, ni siquiera con tu prometido que lo habrá hecho por ti, lo estoy conmigo, por ser un fracaso como marido, por serlo como padre—me abracé con fuerza a él
— No eres un fracaso, eres un gran padre, el mejor que he podido tener, tanto tú como mamá sois los mejores, nunca dejasteis ver lo mal que estábamos, siempre manteníais una sonrisa—
— Vosotros no teníais que preocuparos por esos temas, era cosa nuestra, y aún sigue siéndolo—comentó acariciando mi cabeza, nos quedamos un largo rato abrazados sin decir nada.
Me sentía mal por él, si solo así se sentía ante el hecho de que Fabrizio hubiera pagado las deudas, ¿Cómo se sentiría al enterarse de que lo hizo porque firmamos un contrato?, y no porque me amara, no quería ni imaginarlo, si antes estaba segura de que ellos no debían enterarse, ahora estaba decidida a que no lo supieran jamás, pues eso solo traería dolor.